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Opinión

Jornada Mundial de las Migraciones: Reflexiones del delegado en Osma-Soria

Jornada Mundial de las Migraciones: Reflexiones del delegado en Osma-Soria

El domingo 19 de Enero celebramos la Jornada mundial del Emigrante, una jornada que nos llama a hacer una especie de examen de conciencia para ver la idea que tenemos del mismo y la acogida que les hacemos como creyentes. Con el emigrante y refugiado se nos pide como Iglesia que ejerzamos con ellos nuestro apostolado, es decir, que les anunciemos a Jesús y apoyemos sus creencias y  principales convicciones más profundas.

Para conocer un inmigrante debemos comenzar por conocer su personalidad y sentimientos. Todos los hombres somos peregrinos en la tierra. La Conciencia de peregrinar por el hombre está profundamente escrita en la naturaleza humana desde el principio. En las religiones como por ejemplo Judaica (Hbr 11, 13) o Cristiana (Hbr 13, 14). Los cristianos se sienten “el pueblo de Dios” peregrinando por el desierto de la historia. Cada uno de nosotros tiene derecho llamarse a si mismo “Homo Viator” – el hombre en camino.

La emigración a otro país produce en el emigrante todo un conjunto de choques, que resumiríamos en los dos más importantes: Por una parte el abandono  de sus raíces: del ambiente familiar, social bien conocidos y muy queridos; por otro, la colisión con otra sociedad, realidad, cultura, lengua etc. Ambas situaciones son importantes  y son fuente de todo tipo de crisis.

Pero fijémonos no tanto en los aspectos negativos con los que se encuentra el emigrante cuanto en aquellos otros positivos que el emigrante aporta: El inmigrante/emigrante es un “hombre de esperanza”. Es la esperanza de un futuro mejor. Lleno de esta esperanza, con la maleta cargada de sueños, va directamente al futuro. Este camino le transforma, y le identifica con tantos personajes bíblicos, como a través de la historia han experimentado esta misma realidad- Abraham, la Sagrada Familia de Nazaret etc., y a la vez le hace ser testigo de ella en medio de ese mundo al que ha emigrado, que tantas veces está falto de esta esperanza

Otro de los aspectos positivos que tiene el emigrante es que al tener como equipaje solo su maleta es una persona que aun desde la pobreza es capaz de experimentar la libertad personal, porque es alguien que no tiene nada que perder, al menos materialmente. Es signo de tolerancia, de dialogo, de aceptación de los demás y de  solidaridad;  capaz de ponerse del lado del que sufre y necesita de la ayuda de los demás.

Para poder vivir plenamente esta dimensión es necesario cultivar por parte del emigrante algo tan importante como es su fe, la fe en Jesucristo, que le iluminará para acoger la nueva cultura a la que se enfrenta, pero sin olvidar la presencia de dios y la acción de dios en su vida. Si es verdad que la nueva situación de la persona que emigra a otro país es una situación nueva,, el emigrante debe vigilar para no olvidar sus raíces, sus convicciones humanas y religiosas más importantes, que han sido lo que han dirigido siempre toda su vida, confundidos por la nueva cultura que infravalora todo aquello que para la persona emigrante ha sido fundamental y ha dado sentido a toda su vida.

En esta Jornada mundial de los   inmigrantes y refugiados os deseo hermanos que mantengamos viva  la esperanza e ilusión con cual hemos venido a España y que nuestras esperanzas se vean cumplidas plenamente.

 

Artur Roczniak

Delegado Episcopal de Migraciones



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