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Jornada de la Infancia Misionera: «Los niños son los grandes aliados de la misión»

«Los niños ayudan a los niños». Con Esta premisa se celebra este año para la Jornada de la Infancia Misionera, este domingo 17 de enero, fecha en la que se recuerda cómo los niños y jóvenes de todo el mundo se sienten parte de una sola familia, el pueblo de Dios, «que camina junto con el compromiso de su misión junto con el compromiso de proclamar a Cristo y darlo a conocer a los que no lo han visto». Los misioneros están con ellos siempre, pase lo que pase. «Y tienen unos grandes aliados que les ayudan: los niños del mundo». Tal como explican desde las Obras Misionales Pontificias (OMP), esta invitación de Jesús «se dirige a sus discípulos y por lo tanto a todos los bautizados, independientemente de su edad. Los niños y jóvenes que participan en las actividades de la infancia misionera durante todo el año se comprometen a tener un corazón abierto al amor de Dios y a las necesidades de los demás.

En el Día de la Infancia Misionera, en particular, tienen la oportunidad de compartir su compromiso en la oración y la ofrenda». Asimismo, los niños y jóvenes son los principales protagonistas de la animación misionera en el mundo entero. Son jóvenes discípulos misioneros que evangelizan con la oración y el testimonio en casa, en la escuela y en los colegios.

«Este año, debido a la pandemia, muchos actividades de la Infancia Misionera no se celebrarán a nivel nacional con una reunión de todos los niños y jóvenes». Por eso, la posibilidad de utilizar medios virtuales y redes sociales dará la oportunidad de ampliar la participación, por lo que puedo decir que incluso en la dificultad de esta época marcada por la pandemia tenemos la oportunidad de conocer a más gente.

Historias de la misión: «Un refugio para Sarah»

Cuando tenía cuatro años, Sarah, que aún no había logrado hablar, fue considerada un «espíritu maligno», signo de mal augurio, y culpable de la muerte de quince habitantes de su aldea, fallecidos por causas desconocidas. Su vida corría peligro, pero las hermanas del Hogar de Nazaret de Yendi (Ghana), la acogieron para salvarla. La hermana Stan, que dirige el Hogar Nazaret, recuerda haber luchado, casi físicamente, para salvar a Sarah del destino más terrible y darle una nueva oportunidad en la vida. Su misión es rescatar a niños como ella, que han sido rechazados o están en peligro en su propia familia o comunidad. Actualmente, la hermana Stan cuida a 78 niños, desde unas pocas semanas hasta los 18 años.

Gracias a la educación que se dispensa sobre los orígenes de las discapacidades, que cada vez llega a más comunidades en Ghana, es menos probable que se repitan historias como la de Sarah. Aun así, los niños con discapacidad continúan sufriendo discriminación, rechazo y falta de oportunidades en este país de África y, a menudo, no tienen a dónde acudir. Solo a través del boca a boca y la diligencia de los miembros de la comunidad local, la hermana Stan puede intervenir y rescatar a niños indefensos si se encuentran en peligro de muerte. La Obra Pontificia de la Infancia Misionera, con la colaboración de tantos niños y fieles del mundo, ayuda al Hogar de Nazaret para los Niños de Dios de Yendi. Es un refugio en el que niños de todas las edades son amados y cuidados incondicionalmente. La hermana Stan ha dedicado la última década a administrar este hogar, brindando a estos niños alimento, atención médica y educación. Su sueño es que algún día regresen a su comunidad de origen y muestren cómo el amor y el apoyo de la Iglesia les ha dado la oportunidad de desarrollar y alcanzar sus metas.

Atención médica donde nadie más llega

Milka tiene 14 años y nació en Burundi. Hace años, estando con su hermana pequeña, ella jugaba con un palo y le hirió en el ojo derecho. De repente, con el ojo derecho no podía ver. Cuando sus padres la llevaron al hospital, el médico les dijo que la tenían que trasladar a otra ciudad para ponerla en tratamiento, pero era imposible, porque no tenían dinero. Después de eso, falleció su padre.

«Cuando el director diocesano de las Obras Misionales Pontificias me llamó para buscar tratamiento, me sentí muy feliz. Entonces me llevaron al oculista en Makamba y él me recetó unas gotas para los ojos y gafas para usar todos los días. Gracias a este cuidado, ahora puedo ver y sigo bien las lecciones en clase. Agradezco mucho a todos los que apoyan la Infancia Misionera, que nos ayudan con la atención médica de las enfermedades de los ojos. Agradezco al Papa que deja espacio a los niños que ayudan a otros niños y a todos aquellos que contribuyen de cerca o de lejos a ayudar a niños como yo espiritual y corporalmente. Que continúe esta ayuda para los niños con enfermedad ocular, ya que hay otros que la padecen. Oro por el trabajo de la Infancia Misionera y por todos aquellos que ayudan a curar las enfermedades de los ojo».

Gracias al proyecto «Atención médica para niños con enfermedad ocular» de la Diócesis de Rutana (Burundi), 400 niños han sido tratados de afecciones graves en los ojos.



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