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Jesús García Burillo agradece «el camino de dones recibidos» en su ministerio sacerdotal

«Un camino de dones recibidos, de experiencias personales, de frutos pastorales y quizás también, de algún fracaso. Todo forma parte del ministerio, que comenzó con nuestra ordenación sacerdotal, gracia extraordinaria e inmerecida, que se ha prolongado en fidelidad durante décadas». Así comenzó su homilía el administrador apostólico de Ciudad Rodrigo y obispo emérito de Ávila, Jesús García Burillo, que celebra este 2021 sus bodas de oro sacerdotales.

Junto a él, además del obispo diocesano, José María Gil Tamayo, le acompañaron así como dos prelados de origen abulense: el cardenal arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, y el obispo de Plasencia, José Luis Retana.

En la solemnidad del sagrado Corazón de Jesús, García Burillo explicó cómo «el Corazón de Jesús nos muestra la posibilidad de interpretar nuestra vida sacerdotal a la luz del amor de Cristo». O la necesidad de unión que surge de ese corazón, pues Cristo «nos invita a vivir en permanente unión con Él», cuando nos dice «permaneced en mi amor». Y, parafraseando a los grandes místicos de Ávila, Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, recalcó el poder transformador de ese encuentro entre el sacerdote y el amor de Cristo.

«Además, al participar el sacerdote en la comunión de amor con Cristo se abre a la dimensión misionera, entendiendo nuestra vida como una salida permanente a la comunidad y al mundo, necesitado de fraternidad, como exhorta reiteradamente el Papa Francisco», afirmó el prelado, que terminó su homilía pidiendo a los sacerdotes que descubran en su ministerio sacerdotal «el amor de Cristo que restaura y llena de vida: en la acción caritativa y social, en los rostros afectados por la pandemia, en los sacramentos del perdón y la unción, y sobre todo en la Eucaristía. Es la invitación que Jesús nos ofrece al hacer memoria de nuestra ordenación».

Pastor bueno y fiel

Al término de la Eucaristía, tomó la palabra el obispo de Ávila, José María Gil Tamayo, para agradecer a su predecesor en la sede episcopal abulense su entrega como sacerdote. Al mismo tiempo, le obsequió en nombre de la diócesis con dos regalos muy especiales.

Por un lado, un ejemplar de Pastor bueno y fiel, el libro recién publicado por la BAC (Biblioteca de Autores Cristianos) que recoge los escritos de García Burillo sobre el sacerdocio. Junto a él, le hizo entrega de una cruz pectoral, «para que lleve siempre Ávila presente». En su parte frontal lleva grabado el bastón de santa Teresa.

Y, en su trasera, se podía ver grabado tanto el escudo episcopal del prelado emérito, como el crismón de la diócesis abulense. Justo en el medio, el pectoral contiene una reliquia de la Santa de Ávila, donada por las Madres Carmelitas del Monasterio de la Encarnación. Tras colocarle el pectoral, obispo titular y obispo emérito se fundieron en un fraternal abrazo, que arrancó los aplausos de los presentes.

 



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