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Jesús Fernández, en su toma de posesión como obispo de Astorga: «No os canséis de evangelizar»

Las campanas de la catedral de Astorga han repicado jubilosas en la mañana de este sábado 18 de julio con ocasión de la toma de posesión del nuevo obispo de la diócesis, Jesús Fernández González, auxiliar hasta ahora y durante los últimos seis años de Santiago de Compostela. La ceremonia ha tenido lugar en la seo dedicada a la Virgen bajo la advocación de Nuestra Señora de la Majestad y ha contado con la presencia del nuncio de Su Santidad en España, Bernardito Auza, y de una treintena de obispos, además de sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas, seminaristas y las principales autoridades políticas, civiles, militares, judiciales y académicas de la ciudad y de la provincia. Debido a la situación extraordinaria a causa del COVID, el aforo al templo ha sido limitado tanto a los fieles como a los medios de comunicación.

En su saludo a los presentes, y antes de la lectura del mandato apostólico, el nuncio ha tenido un recuerdo muy especial para los anteriores obispos: Camilo Lorenzo, emérito, cuyo deceso se ha producido esta misma semana, y Juan Antonio Menéndez, fallecido a causa de un infarto hace poco más de un año. También ha agradecido la labor al frente de la sede realizada en los últimos catorce meses por el administrador diocesano, José Luis Castro Pérez.

Entre los prelados que han acompañado al nuevo obispo asturiacense figuran los arzobispos de Madrid (cardenal Carlos Osoro, vicepresidente de la Conferencia Episcopal), Valladolid (cardenal Ricardo Blázquez), Santiago de Compostela (Julián Barrio), Oviedo (Jesús Sanz), castrense (Juan del Río) y emérito de Tánger (Santiago Agrelo), así como los obispos de Santander (Manuel Sánchez Monge), León (Julián López Martín), Ourense (Leonardo Lemos), Lugo (Alfonso Carrasco Rouco), Mondoñedo-Ferrol (Luis Ángel de las Heras), Tui-Vigo (Luis Quinteiro), Palencia (Manuel Herrero), Osma-Soria (Abilio Martínez), Sigüenza-Guadalajara (Atilano Rodríguez), Plasencia (José Luis Retana), Calahorra y La Calzada-Logroño (Carlos Manuel Escribano), Cuenca (José María Yanguas), Albacete (Ángel Fernández Collado) y Guadix (Francisco Orozco). Tampoco han faltado los auxiliares de Valladolid (Luis Argüello, secretario general de la CEE), Madrid (José Cobo), Bilbao (Joseba Segura) y Pamplona (Juan Antonio Aznárez); los eméritos de Ciudad Real (Antonio Algora), Orihuela-Alicante (Rafael Palmero), Albacete (Ciriaco Benavente) y Tarija, Bolivia (Javier del Río Sendino), así como los administradores diocesanos sede vacante de Coria-Cáceres (Diego Zambrano) y Zamora (José Francisco Matías). A todos ellos ha agradecido su presencia el nuevo titular de la milenaria sede.

Recuerdo a las víctimas del COVID

En su homilía, monseñor Fernández (Selga de Ordás, León, 15 de septiembre de 1955) ha utilizado varios pasajes evangélicos —el relato de Marcos en el que Jesús proclama en la sinagoga de Nazaret que hoy se cumple la Escritura de Isaías que acaba de leer, el llamamiento de los primeros discípulos que narra Mateo, o el episodio de la pesca milagrosa— para reivindicar por un lado el protagonismo del Espíritu en la vida de Jesús, de la Iglesia y de los cristianos, y enfatizar por otro la condición de discípulos y misioneros de los creyentes. «Evangelizad, evangelizad, evangelizad… no os canséis de evangelizar», ha pedido el también obispo acompañante de Cáritas Española antes de prometer a sus feligreses que tratará «de caminar siguiendo la estela de Cristo, el Buen Pastor, según convenga, delante, en medio y detrás de vosotros, pero nunca sin vosotros».

«“Evangelizar a los pobres”: con esta misión se identificaba Isaías, se identificó Jesús y se han identificado sus seguidores más fieles; también me identifico yo. Así me lo recuerda cada día mi lema episcopal», ha dicho. Acto seguido, el 138 obispo de Astorga ha confesado: «No me es fácil, sin embargo, mantener esta prioridad espiritual y pastoral. Me asedia la tentación, denunciada por el Papa Francisco, de mantener la distancia con las llagas del Señor cuando, en realidad, Jesús “quiere que toquemos la miseria humana, que toquemos la carne sufriente de los demás… (EG 270); no quiere príncipes que miran despectivamente, sino hombres y mujeres de pueblo” (EG 271). Ante este reto, me encomiendo a vuestras oraciones al tiempo que os convoco a todos para salir en ayuda de pobres y enfermos, haciendo de nuestra Iglesia un hospital de campaña, es más, creando un “ecosistema” espiritual y pastoral que haciendo inviable cualquier tipo de abuso, cuide a los frágiles e indefensos y facilite su crecimiento integral».

Monseñor Fernández ha indicado que todos tenemos nuestro nombre tatuado en el corazón «grande», «compasivo» y «misericordioso» de Dios. Y algunos, ha dicho, con mayúscula. Se refería a los miles de fallecidos en los últimos meses por COVID-19. Para todos ellos, y para sus familiares y seres queridos, ha tenido un emocionado recuerdo, tras recordar que muchos murieron en soledad y ante la impotencia de los servicios sanitarios por mantenerlos con vida. Junto a ellos, ha mencionado igualmente como objeto de su preocupación pastoral a «los ancianos de tantas y tantas residencias, sometidos a un doble confinamiento, los enfermos, los parados, los abandonados, las víctimas de la trata y de los abusos, los emigrantes y refugiados, en definitiva, los pobres».

El obispo ha recordado por último que la Iglesia es la «familia de los discípulos del Señor» y que «no existe el discípulo autónomo», pues «no es viable seguir a Jesucristo desvinculado del resto de seguidores». Ha subrayado que las familias son «las primeras responsables de la iniciación cristiana» de los hijos, y que el Evangelio «no es exclusivamente un manual para alimentar y guiar la piedad individual; es también una herramienta social». «Vosotros, queridos laicos —ha apuntado en este sentido— estáis llamados a transformar este mundo plagado de injusticia y de desigualdad para que cada día se aproxime un poco más al reino que Dios sueña para sus hijos».

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