Cartas de los obispos Última hora

Jesucristo, Buen Pastor, es el Rey del Universo

La liturgia nos centra en Cristo, que nos habla de un rebaño de ovejas y de un pastor. Jesucristo es un rey muy particular, su reino no se parece en nada a los de este mundo, por eso su manera de hacer las cosas es distinta: Él nos conoce a cada uno y nos habla al corazón, con sencillez, con un mensaje creíble, no infunde miedo, al contrario, nos sentimos seguros en Él; se ha sentado junto a nosotros en la barca, en los momentos de peligro; nos ha invitado a su mesa, nos ha lavado los pies; ha caminado con nosotros explicándonos las Escrituras y nos salva de todas las angustias. Como guerrero o esposo, maestro o amigo y compañero de viaje está cercano y nos señala la puerta angosta de la santidad, de la resurrección y de la vida. Así es la realeza de Jesucristo, se distingue en la humildad, en la sencillez de vida y nos ha dado ejemplo para que aprendamos, en el amor.

Jesucristo es el Rey del Universo que nos salva de nuestra ceguera y de la mentalidad del mundo que abre las puertas a la picardía y a la falta de escrúpulos, al egoísmo y a toda clase de mentiras. Jesús es nuestro Señor y Salvador, pero es alguien cercano, que camina a nuestro lado, como un vecino más, que nos defiende de las cosas mundanas y nos habla con el lenguaje de la caridad, cosa que entendemos. San Pablo explica a los de Tesalónica el modo de proceder de un cristiano: «Os tratamos con delicadeza, como una madre que cuida de sus hijos. Os teníamos tanto cariño que deseábamos entregaros no solo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas» (1Tes 2, 7-8).

Jesús es Rey del Universo y nos pone de ejemplo la grandeza de la fidelidad cotidiana de los humildes. Nuestra fe nos dice que Jesucristo es Dios que se hizo carne, que acampó en medio de nosotros y se ha revelado definitivamente como el Mesías, enviado por el Padre y como el Señor. Él ha tenido siempre conciencia de su condición divina y de la tarea que estaba llevando adelante, algo tan esencial de su ser, que los mismos discípulos lo aprendieron pronto. Los Apóstoles tuvieron claro, especialmente cuando recibieron la fuerza del Espíritu Santo, que no se habían equivocado al seguir al Señor y que no podían callarse, guardarse para ellos solos esta fuerte experiencia de vida y de salvación que les había sido regalada. Jesús les enseñó una forma de reinar distinta a la de los reyes de la tierra: Él reina sobre los corazones, entra hasta lo más hondo de nuestro ser, como el Pastor que conoce a los suyos y lleva en brazos a los débiles.

Jesús es el centro y el fin de la historia, «el Alfa y la Omega, el Primero y el Último, el Principio y el Fin» (Ap 22,13), Jesús es el Rey clavado en la cruz y su reino no tendrá fin. Piensa hoy que Cristo ha salido a tu encuentro y te quiere en su grupo de discípulos para que puedas llevar a los otros este impresionante mensaje: la alegría, la caridad, la limpieza de corazón; te quiere lejos de toda clase de corrupción del pecado; nos quiere unidos, solidarios, justos, honrados, honestos y cercanos a los más débiles. El Señor nos quiere, en medio del mundo y rodeados de mentiras, como testigos de la verdad, como buenos samaritanos. Lo que nos mueve a trabajar y a estar más cercanos y entregados a los demás es, que al final de la vida, nos examinará del amor.

No temas, da el paso para seguir a Jesús, Rey del Universo y háblale a tus amigos de tu firme decisión, de que has encontrado la felicidad y la paz interior.

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

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