Monseñor Pizzaballa celebra la Pascua junto al edículo en la basílica del Santo Sepulcro / Giovanni Malaspina. Custodia Tierra Santa.
Coronavirus Internacional

Jerusalén, la Pascua más auténtica

La Pascua de este año ha sido de las que tardarán en olvidarse: sin peregrinos, sin procesiones, sin Eucaristías presenciales y con los fieles confinados y amedrentados por la pandemia del Covid-19. Pero si en algún lugar ha sobrecogido una celebración en estas condiciones ha sido en Jerusalén, la ciudad donde empezó todo. Ha sido, sin duda, la Pascua más triste, pero también la más auténtica.

Lo dijo el administrador apostólico del patriarcado latino, Pierbattista Pizzaballa, en la vigilia pascual que ofició en la basílica del Santo Sepulcro. «Queridos hermanos y hermanas: Por extraño que parezca, la experiencia que estamos viviendo estos días es la más cercana a la de la Pascua y al signo, siempre querido y poderoso, del Santo Sepulcro de Cristo en el que celebramos. (…) ¿No se sentían así las mujeres aquel amanecer de la primera Pascua? ¿No eran estos los sentimientos de los discípulos tras el dolor del Viernes Santo y el silencio del sábado? ¿No era su drama similar al que nosotros estamos viviendo?».

El domingo de Resurrección el administrador apostólico de la sede jerosolimitana celebró la Eucaristía ante el edículo en presencia de los frailes de la comunidad del Santo Sepulcro. «No poder celebrar la salvación durante este Triduo Santo, en este contexto de miedo e incertidumbre, nos hace aún más conscientes de nuestra fragilidad y de nuestros límites», afirmó. «¡Cómo nos pesa esta soledad, qué difícil es dejarnos guiar por Él por estos senderos desconocidos! Pues bien, nosotros aquí y ahora, frente a esta tumba vacía, queremos gritar: Señor, tú no nos has abandonado en brazos de la muerte. La tumba está vacía. Ya no estás encerrado en el sepulcro porque sabemos que Tú, Señor, estás vivo y estás aquí con nosotros. Tu amor nos sostiene, ilumina nuestras vidas y conforta nuestras frágiles esperanzas».

Tras la misa, Pizzaballa proclamó la alegría de la Resurrección en cuatro puntos distintos alrededor del sepulcro vacío —uno por cada punto cardinal— para llevarla a todos los confines de la tierra. Después, los presentes llevaron en procesión la Palabra de Dios alrededor del edículo y hasta la Piedra de la Unción. 

«Nada podrá esconder la buena noticia de la Resurrección»

Monseñor Pizzaballa es asimismo uno de los firmantes del mensaje que los líderes de las Iglesias cristianas de Jerusalén han dirigido al mundo con ocasión de la Pascua, donde afirman que «nada podrá esconder la buena noticia de la Resurrección que resuena» desde la ciudad tres veces santa.

El mensaje, suscrito también por, entre otros, el custodio franciscano Francesco Patton y los patriarcas Teófilo III (greco-ortodoxo) y Norhan Manougian (armenio ortodoxo), recuerda que el Dios cristiano es un Dios de la vida, no de la muerte, y que la fiesta de la Resurrección supone la «victoria sobre todas las formas de muerte y de destrucción».

«No es la primera vez —indican— que el mundo experimenta una pandemia, pero es nuestra responsabilidad como personas de buena fe ofrecer consuelo a cuantos viven momentos de dolor, ocuparnos de los enfermos y asistir a los necesitados». Los trece firmantes concluyen: «Nuestra misión como cristianos y seres humanos es la de sostenernos entre nosotros y continuar rezando por todas las personas en medio de la pandemia».

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