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Javier Escrivá: «Para ser buenos esposos no hacen falta personas extraordinarias, basta con amar bien»

El profesor y escritor Javier Escrivá, director del Instituto de Ciencias para la Familia, ha hablado sobre el amor durante su conferencia en la tercera jornada de la Semana de la Familia Amoris Laetitia 2021 que ha organizado el Instituto Berit de la Familia de la Universidad Católica de Ávila (UCAV).

Casarse, esa locura de amor. Bajo este título, Escrivá considera, como punto de partida, que «el matrimonio y la familia no son preguntas. En realidad, son una respuesta. Son la respuesta adecuada a las invitaciones del amor conyugal». El director del Instituto de Ciencias para la Familia está convencido de que «el matrimonio no hace personas felices, sino que son las personas las que hacen matrimonios felices», y de que «no podemos prometernos tener los mismos sentimientos toda la vida, pero sí un proyecto de vida común».

Escrivá, durante su intervención, ha hecho un paralelismo del amor con las necesidades que tiene cualquier planta. «El amor conyugal necesita agua para ser conservado -cariño, tiempo, admiración, respeto, ternura, confianza-; necesita abono para que se desarrolle y crezca -detalles, intimidad, ilusión, alegría, oración-; y también necesita poda para restaurarla -rectificar los defectos, erradicar los malos hábitos-. Si esto no ocurre, si la planta no tiene todo esto, se seca, ha explicado». «No es el enamoramiento, sino la continuidad del amor lo que en la vida real nos plantea los retos más interesantes, lo que necesita mayor compromiso». Los esposos deben ser personas honestas, íntegras y rectas.; se lo deben a sí mismos, se lo deben a sus hijos y se lo deben a la sociedad entera, que, a través de su ejemplo, comprenderá mejor por qué la familia fundada en el matrimonio es iglesia doméstica y célula básica de esa misma sociedad.

El amor va madurando y cambiando a la vez que sus protagonistas, ha expresado Escrivá. ¿Cuál es el secreto de las historias de amor que duran toda la vida? Ante esta pregunta, el ponente ha comparado el amor con la conversación: «hay buenos y malos conversadores. Los buenos se animan entre sí a hablar, suscitan en el otro buenas ocurrencias, ganas de continuar y la conversación puede mantenerse indefinidamente. En cambio, hay malas conversaciones que enseguida se convierten en monólogos o desembocan en el silencio. En el amor todo depende del arte de la conversación amorosa que tengan los amantes».

«El amor es un arte y como tal requiere disciplina, concentración, paciencia». Por eso Escrivá se pregunta qué podemos hacer para amar más, para amar mejor. «Una relación conyugal emocionalmente madura, sostenible, no será posible si no la cuidamos en el día a día, la nutrimos de vitaminas –emociones positivas- y la defendemos de todo aquello que puede contaminarla –egoísmo, odio, rencor, desconfianza, la apropiación del otro, el mal humor, el narcisismo, la avaricia, etc.-. Las emociones positivas ayudan a que el matrimonio crezca de manera sana». El profesor Escrivá ha concluido que «para ser buenos esposos no hace falta ser personas extraordinarias ni perfectas solo se requiere ser personas que sepan amar bien».

 



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