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Jaén rememora el Descenso de la Santísima Virgen a la ciudad

Jaén rememora el Descenso de la Santísima Virgen a la ciudad

 Como cada 11 de junio, desde hace ya casi 600 años, el pueblo de Jaén rememora el descenso de la Virgen María a la ciudad, en la noche del 10 al 11 de junio de 1430. Y lo hace con la tradicional Misa votiva de Cabildos y la procesión de la Virgen de la Capilla por las mismas calles que recorrió en aquella noche gloriosa.

Poco antes de las 11 de la mañana, llegaban hasta la Basílica de San Ildefonso Obispo diocesano, Don Amadeo Rodríguez Magro, acompañado de los canónigos, a los que esperaban miembros de la Corporación Municipal y la Junta de Gobierno de la Cofradía de la Patrona de Jaén.

En el presbiterio, lucía la hermosa talla policromada de la Virgen de la Capilla, con su Niño en los brazos, con el único adorno del manto de la coronación así como la corona que el pueblo de Jaén le regaló en 1953, junto con sus atributos de alcaldesa mayor de la ciudad. Hasta ella se acercó el Alcalde, D. Javier Márquez, para postrar a sus pies su bastón de mando.

La monición de entrada, que recuerda la noche del descenso, y que recoge el acta notarial firmada por el Vicario General y Provisor del Obispado, D. Juan R. de Villalpando, dio paso a la procesión inicial, con el acompañamiento musical del Orfeón Santo Reino.

Más de una treintena de sacerdotes quisieron participar en esta solemne Eucaristía, presidia por el Obispo de Jaén y con la presencia del emérito de Cádiz-Ceuta, Don Antonio Ceballos. 

Homilía
Después de las Lecturas, que estuvieron participadas por los miembros de la Cofradía, el Obispo ofreció una hermosa homilía, en la que comenzó saludando a las autoridades municipales, civiles militares, así como a los miembros de las Cofradías y Hermandades de la ciudad y señalando que ésta es una Eucaristía única, en la que los Cabildos municipal y catedralicio se unen para honrar a la Patrona de Jaén.

En referencia a la Palabra de Dios que se había proclamado, Don Amadeo explicó que María, la Virgen, Madre de Dios y Madre nuestra, con su sí, trae la nueva alianza de Dios con el mundo. “Una nueva alianza, donde todo es nuevo, hasta el cómo establecemos una relación de amor y de gracia de Dios con nosotros”. Para continuar afirmando, “Es Dios el que viene siempre a nosotros. Y ahí está una mujer, elegida y acompañada por Dios desde el momento mismo de su inmaculada concepción, en previsión de los éxitos de su Hijo. Ella es la Madre del Hijo de Dios por eso, el Niño que va en su vientre convierte a María en arca de la nueva alianza”, y añadió, “Nosotros debemos celebrar con alegría y gozo el tener a María como medianera en esa relación de Dios con nosotros”.

 

El Prelado del Santo Reino, hizo más tarde referencia al acta notarial de Villalpando, que estaba ubicada, como cada 11 de junio, a los pies del presbiterio. Un acta que recoge los testimonios de los cuatro testigos del hecho prodigioso. En este sentido, el Obispo recordó que a lo largo de la historia, la Virgen María ha ido apareciendo en distintos lugares y contextos, para fortalecer a los cristianos. “Aquí en Jaén vino la Santísima Virgen y vino como todo lo que viene de Dios, expresó Don Amadeo, “para recordarnos que Dios no anda lejos de nosotros sino que está entre nosotros a través de Cristo y de los dones que han quedado en su Iglesia. Dios quiso llamar nuestra atención con la aparición de la Virgen y quiso decir lo que siempre nos manifiesta: su amor, a la vez que nos indica el camino a seguir”.

 

En este sentido, y haciendo referencia al glorioso descenso, Don Amadeo explicó que los testigos hablaron de que habían visto siete cruces, una por cada una de las parroquias que había en la ciudad en ese momento, para declarar: “La forma de manifestarse de la Santísima Virgen es a través de la Iglesia local de Jaén. Siete cruces por cada una de las parroquias de Jaén. Por eso, como una invitación de vuestro Obispo, no os olvidéis de la presencia de Dios en vuestras comunidades parroquiales”. A la vez que animó a los cientos de fieles congregados a que tengan una vida activa en las parroquias y que se pongan a disposición de la Iglesia.

Para concluir su prédica recordó que con su descenso a la ciudad, la Santísima Virgen no había venido sólo a transitar por las calles de Jaén “sino a fortalecer y animar la vida de esta ciudad”, a la vez que pidió que entre todos “hagamos de Jaén una ciudad más humana que se preocupe de los más débiles, de los más pobres, que se desviva por los que habitan en las periferias”, recordando así que la Santísima Virgen es Madre de todos.

La Eucaristía concluyó con una fotografía de familia del Obispo con las autoridades municipales y los miembros de la Cofradía.

A continuación, se celebró la ofrenda floral a la Virgen en el azulejo que recuerda la coronación canónica de Nuestra Señora de la Capilla, en 1930.

Por la tarde, el pueblo de Jaén acudió al encuentro anual de su Patrona con la ciudad. Acompañada de las Hermandades y Cofradías de la ciudad, de miembros del Cabildo, representados por el Deán de la Catedral, D. Francisco Juan Martínez Rojas y la Corporación Municipal, la imagen de la Virgen de la Capilla, portada por su cuerpo de Horquilleros, recorrió las calles que recorrió en su descenso, hace 588 años.

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