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Jaén despide, emocionado, «al obispo que enseñó a soñar»

Cuando llegó, hace cinco años, al gobierno de la diócesis, Amadeo Rodríguez Magro sabía que lo hacía por un lustro. Su tiempo en esta tierra, a la que tanto ha querido y donde se ha sentido tan querido, integrado y arropado, iba a ser breve. «No por ello ha dejado de poner lo mejor de su persona en todo lo que ha emprendido por hacer de ésta una diócesis con esperanzas e ilusiones renovadas y un carisma marcado por el magisterio del Papa Francisco», explican desde la diócesis.

Cinco años y medio después, miles de fieles lo han despedido con lágrimas en los ojos, en una emotiva celebración eucarística en la Catedral de Jaén.

Junto al prelado jiennense, el emérito, Ramón del Hoyo y el metropolitano de Granada, el arzobispo Javier Martínez Fernández. El presbiterio diocesano al completo y el seminario, así como los diáconos permanentes han querido unir su oración  la de Don Amadeo en este día que ya formará parte de la historia de la Iglesia de Jaén. Su familia y amigos de la diócesis de Plasencia, donde ejerció el ministerio episcopal entre los años 2003 al 2016, igualmente, se han hecho presentes.

«Paz, alegría y gratitud»

Visiblemente emocionado, ha comenzado su homilía leyendo un extracto de su renuncia, por edad, ante el Santo Padre, pocos días antes de cumplir los 75 años, el pasado mes de marzo. Ha explicado que este proceso, que se emprendió con su renuncia y se culminó con el nombramiento de su sucesor, Sebastián Chico Martínez, cumple con absoluta normalidad espiritual y humano lo establecido. A la vez que ha subrayado que estos momentos los está viviendo con “paz, alegría y gratitud”.

La homilía ha servido a este prelado, en número 75 del episcopologio jiennense, hacer balance de sus años como Oobispo del Santo Reino. Y lo ha hecho con tres palabras: «Gracias, Perdón y nos vemos». Ha expresado su gratitud porque “desde el primer día siempre me habéis hecho sentir como vuestro obispo. Nunca tuve que dudar de, si en lo que pensaba y hacia, iba por el buen camino; la acogida de mi línea ministerial ha sido tan sincera y tan cálida, que siempre me reafirmabais en que hacíamos lo que teníamos que hacer”.

Petición de perdón

A la vez,  ha querido pedir perdón por lo que a lo largo de este tiempo se ha quedado sin terminar: “En mi caso, además, siempre fui consciente de que, por razones de tiempo, tenía que elegir, en cada paso que daba, lo que era más necesario e importante y decisivo para un camino de todos. Por eso hay proyectos no iniciados, cosas no acabadas, cuestiones abiertas y faltan muchos remates que dar a las reformas iniciadas, que tuvieron su luz y guía en nuestro Plan Diocesano de Pastoral, siempre trabajado en sinodalidad, animados por el Espíritu”.

En este sentido,  ha querido entonar un perdón por sus fallos y límites: “Pido perdón a Dios Nuestro Señor; y os pido también perdón a todos vosotros y vosotras de todo corazón. También quiero pedir perdón por mis decisiones, sobre todo cuando afectaban a personas, si no os complacían. Os puedo asegurar, en conciencia, que nunca hice nada para ofender a nadie y, si algo dejé de hacer y por eso alguno se da por ofendido, pensad que a veces el bien de la Iglesia, que el obispo tiene que administrar, me impedía hacer las cosas al gusto de cada uno”.

Para finalizar sus palabras, el prelado jiennense ha avisado a los presentes de que se seguirán viendo, porque ya sus raíces las ha echado en Jaén, donde residirá ahora como emérito. “Me quedaré viviendo entre vosotros como le corresponde a alguien que es de aquí, que quiere ser un jiennense y jaenero ya para siempre. Mi hermana y yo lo hacemos con mucho gusto, porque en nuestro día a día nos habéis tratado como uno más entre los vuestros. Con todo mi corazón os digo: os queremos y os agradecemos vuestro afecto”.

No es el momento de hacer balance. Solo dar gracias

Antes de finalizar la celebración eucarística el vicario general, Francisco Juan Martínez Rojas, ha tenido unas palabras de agradecimiento y despedida. En ellas ha hecho alusión a la homilía del inicio de su episcopado en Jaén, en la que el Prelado, propuso “el olor de la unidad y de la comunión, siempre necesario para el anuncio de la alegría del Evangelio, pues la unidad hace creíble y fuerte la propuesta de la fe, la evangelización, nos decía”. En este sentido ha explicado que, también, manifestaba su deseo de ser un obispo con olor a oveja. “Es decir, un obispo con decidida impronta pastoral en sus palabras y sus obras, para ser una fiel transparencia de Cristo, único y buen pastor, en medio del rebaño encomendado”.

Del mismo modo, Martínez Rojas ha querido dar gracias a Dios por estos últimos años. “Al cabo de cinco años, querido don Amadeo, es tiempo de dar gracias. No es el momento de hacer balance. Sólo dar gracias por su servicio episcopal en esta parcela de la Iglesia universal, que es la diócesis de Jaén, a la que usted se ha entregado animándonos con entrega generosa, y señalando el camino en el sueño misionero de llegar a todos”.

Después, el obispo ha regresado al presbiterio donde ha recibido innumerables muestras de afecto y cariño filial del pueblo fiel de Jaén.

Delegación de Medios de Comunicación de Jaén

 



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