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Juanjo Carbajo Cobos, próximo sacerdote en Zamora: «A la Iglesia le falta algo de calle y a los jóvenes algo de Iglesia»

La catedral de Zamora acogerá este domingo a las 18 horas, con su obispo, Fernando Valera, a la cabeza, la ordenación sacerdotal de Juan José Carbajo Cobos, diácono de la diócesis zamorana desde septiembre de 2018. Debido a las restricciones sanitarias, la celebración deberá seguirse en directo a través del canal de Youtube del episcopado.

Este joven de 26 años y natural de la localidad de Villalube viene desempeñando desde hace algo más de un año su tarea pastoral en el arciprestazgo de Toro. Una tarea que compagina con su trabajo en el Tribunal Eclesiástico de la diócesis como notario judicial.

A pocas horas de su ordenación sacerdotal, habla con nuestra compañera Viky Esteban, de la delegación de medios de comunicación social de Zamora. 

— ¿Qué emociones siente a pocas horas de su ordenación sacerdotal?

Se acumulan sentimientos de agradecimiento a Dios que es de quien nos viene toda gracia y todo don, también y por supuesto la vocación al sacerdocio; y a tanta gente que ha puesto en mi vida y han ido haciendo de mi vida una verdadera obra de filigrana tejida de nombres, momentos, acontecimientos… Me siento también bendecido y sostenido: bendecido por Dios y sostenido por el afecto de tanta gente y sobre todo de su oración.

— ¿Qué le ha pedido el obispo o que palabras le ha dirigido en estas semanas previas a la ordenación?

Ser hombre de Dios, con todo lo que esta expresión encierra, es decir entregado a la humanidad, en esa frase que ya dirigió él en la Misa Crismal “ungidos para ungir”, siendo un sacerdote que viva auténticamente la caridad pastoral; y expropiado por el Espíritu Santo.

Pero además de lo que me haya podido transmitir estos días me quedo con sus gestos, su cercanía de padre, con su entrega a nuestra diócesis desde el primer momento, como diría el Santo de Asís “predica el Evangelio y si es necesario usa las palabras”. Dicen tanto las acciones…

— ¿Qué significa a día de hoy ser cura?

Ser hombre de comunión ¡qué necesario se ha vuelto esto en nuestra sociedad! El sacerdote está llamado a generar comunión, comunidad, parroquia. Un sacerdote no puede ser factor de discordia, ni de enfrentamiento. ¡Qué importante es ser de todos! Cuando un sacerdote vive expropiado para darse a los demás, desde su centro que es Dios, todo el mundo entiende que es ser cura.

— Vivimos en un momento de fuerte anticlericalismo, una sociedad líquida, el relativismo moral como bandera… En medio de todo esto, ¿qué aporta la Iglesia?

Voy a reformular la pregunta en pasado, en la época de Jesús, con grandes enemigos, una sociedad con mucho culto, en ocasiones vacío porque no se dejaba transparentar en la vida ¿qué aportó Jesús en esa sociedad?

La esperanza, la verdad que no defrauda, vivir desde unos valores y unas raíces, dar sentido a cada jornada,… es la tarea que inició Jesús y que la Iglesia con nuestras luces y sombras vamos continuando.

— Desde su punto de vista, ¿por qué están  tan distanciados los jóvenes de la Iglesia?

Tengo la sensación que a veces no nos conocen y que la distancia no es ni tan siquiera hostil, es desconocimiento. Quizá al cura le falte un poco de calle y al fiel un poco de Iglesia. A veces da la sensación de que el cura es una persona que “pisa la calle” casi de puntillas, como si el mundo fuera una realidad paralela a su vida y eso la gente lo percibe. Al joven le falta un poco de “Iglesia”: de silencio, de intentar responder preguntas vitales, de buscar en nosotros algo más que un “dispensador de sacramentos sociales”

— ¿Quiénes han sido sus referentes en tu proceso vocacional?

Por un lado están muchos sacerdotes que me han ido aportando la alegría de vivir siendo cura: los párrocos que he tenido en mi pueblo de Villalube, los formadores del seminario. También los sacerdotes mayores, ancianos que han gastado su vida por anunciar el Evangelio son referente de una vida plena. Y por otro lado mis abuelos de ellos aprendí la constancia, el sacrificio, la entrega en la tarea, tantas y tantas virtudes humanas…

— ¿Cómo surgió «la llamada»? 

Digamos que fue como la zarza de Abraham: desde pequeño, con apenas 3 años, descubrí que estar con Dios te calienta el corazón y he descubierto que sigue ardiendo y que nunca se consume.

— Su Ordenación llega un momento de pandemia que deja una brutal crisis sanitaria y económica, además de multitud de heridas en el alma: familias que no han podido despedir a sus familiares, soledad de los mayores… ¿Cómo lo afronta desde su posición de joven sacerdote?

Recuerdo la mañana del sábado santo del 2020, que llovía en la Ciudad de Toro, donde me encuentro de pastoral, salí de mi casa y en la soledad de la calle, arranqué el coche y me fui al cementerio, al llegar encontré un ataúd con un ramo de flores “tus hijos no te olvidan” y los dos de la funeraria. Ningún familiar pudo asistir. Creo que este testimonio, igual al de tantos sacerdotes, refleja bien nuestra posición: la Iglesia tiene que estar, podrá hacerlo mejor o peor, con fallos y aciertos, pero si no está habrá perdido la oportunidad de encontrarse no solo con el hombre y la mujer de hoy, sino incluso con Dios.

— ¿Quién es Juanjo? Es decir, ¿qué música escucha?, ¿qué aficiones tiene?…

Soy un chico “muy de mi tierra”, de ese rincón del oeste de España que se llama Zamora: me gusta disfrutar de sus paisajes, sentarme una tarde de verano con los amigos y tomar un vino en Toro, disfrutar del flamenco y  los toros, emocionarme con las procesiones de Semana Santa, leer una buena novela, viajar y descubrir la belleza de otras culturas.



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