Iglesia en España Nacional

IV Jornadas de Pastoral en Toledo

En la segunda de las conferencias de las IV Jornadas de Pastoral

Giovanelli: “El desafío pastoral para evangelizar el trabajo, la economía y la política es la atención prioritaria a los más pobres”

La subsecretaria del Pontificio Consejo Justicia y Paz ha comentado que el desafío de la evangelización de la política pasa por recuperar sus valores fundamentales: el valor del servicio, el valor de la honestidad y el valor de la solidaridad.

En la segunda de las conferencias ofrecidas en las IV Jornadas de Pastoral de Toledo la subsecretaria del Consejo Pontificio Justicia y Paz, Flaminia Giovanelli, ha tratado sobre “Algunos desafíos pastorales para la evangelización del mundo del trabajo, la vida económica y la comunidad política”. En el auditorio del Colegio Infantes de Toledo, Giovanelli ha expresado que “el desafío pastoral para evangelizar al mundo del trabajo, de la economía y de la política es, hoy, esencialmente uno: el de la atención prioritaria a los más pobres, a los excluidos, a los marginados, a los descartados”.

La subsecretaria ha explicado que para llegar a ello, siguiendo las orientaciones del Papa Francisco, la Iglesia ha de vivir la virtud de la humildad, “no persiguiendo la propia gloria, sino la de Dios; debe vivir en el desinterés buscando la felicidad de quien está junto a nosotros; en fin debe recorrer el camino de las bienaventuranzas, experimentando aquella felicidad que da la pobreza de espíritu, es decir, aquella que es poseída por quien pone todo en las manos del Señor.”

Desafíos mundo del trabajo

En relación a los desafíos del mundo del trabajo ha constatado que hay dos problemas, el de la desocupación y el de la dignidad que da el trabajo, “el de la dignidad que da el trabajo digno”, ha puntualizado. “Es un hecho que el desarrollo de las nuevas tecnologías ha provocado en los países ricos, en modo directo o indirecto el aumento de la desocupación, sobre todo en aquellos, que por falta de aptitudes personales, desventaja en los puntos de partida, circunstancias objetivas, sin olvidar la cuestión generacional, no están en grado de adecuarse”. Así, el trabajo manual o repetitivo que no requiere un intercambio con el público, está siendo cada vez más sustituido por las nuevas tecnologías y el uso de maquinaria. Mientras que permanece “salvado el trabajo”, pero con frecuencia no precisamente digno, manual o intelectual, que puede ser desarrollado solo por un hombre o una mujer

El segundo problema está relacionado con el trabajo digno, un principio acuñado por la Organización Internacional del Trabajo y asumido y sintetizado por Benedicto XVI en la Encíclica Caritas en Veritate. Este problema está estrechamente vinculado con el fenómeno migratorio que se intensifica en modo masivo y que asume nuevas formas. “Un fenómeno del cual en Europa todos somos testigos, casi siempre impotentes cuando no incluso indiferentes”.

En la actualidad la globalización ha acercado los últimos del mundo, los excluidos, a los ricos o incluso simplemente a quien están mejor que ellos. Con la multiplicación de las deslocalizaciones de la producción, los pobres se han hecho, por así decirlo, «un ejército de reserva» de mano de obra –constituido, en gran parte, por mujeres y menores– haciendo entre otras cosas, aumentar enormemente el poder contractual de los empleadores respecto de los trabajadores en los países ricos.

Desafío de la economía

En el mundo –ha explicado- se ha desarrollado la economía de la exclusión y de la inequidad fuertemente denunciada por el Papa Francisco que en la Evangelii Gaudium que la ha definido como “economía que mata”.

“Las palabras son duras, pero los números lo son más”, ha dicho Giovanelli, quien ha ofrecido datos para constatar esta realidad, señalando que en 1820, la distancia que separaba a los países ricos de los pobres era de 3 a 1, mientras que actualmente es de 100 a 1. Además, el informe sobre las desigualdades publicado por la OCDE en mayo del 2015 afirma que en los 34 países de la Organización, aquellos que pertenecen al 10% de los más ricos de la población tienen un rédito 9,6 veces superior al de quienes pertenecen al 10 % más pobre. Y también, en Davos, el año pasado, la organización OXFAM subrayó que para 2016, el 1% de la población mundial será más rico del restante 99 %.

Ante semejante situación, Flaminia Giovanelli ha señalado que “no se puede dudar de que para la Iglesia el principal desafío sea el de la inclusión. Es decir, el de contribuir, en el rol que le compete, de procurar un nuevo paradigma económico inclusivo fundado en el respeto de la dignidad de la persona humana, regido por la justicia, la templanza y por una cultura del don como gratuidad capaz de determinar un cambio sustancial en las condiciones, en los estilos y en los modelos de vida de toda la humanidad, preservando y mejorando el ambiente para las generaciones actuales y futuras”.

Desafío de la política

Para la conferenciante el desafío de la evangelización de la política pasa por recuperar sus valores fundamentales: el valor del servicio, el valor de la honestidad y el valor de la solidaridad.

Para recuperar el valor del servicio “es necesario poner en juego una nueva evangelización de lo social que realice el encuentro con Jesucristo que está en medio de nosotros “come el que sirve” (Lc. 22,27). Solamente de este encuentro puede nacer una conversión moral y una consecuente nueva acción social y política”.

Según la subsecretaria del Pontificio Consejo Justicia y Paz “es del espíritu de servicio, además, de donde nace del servicio al bien común, que es el fin de toda política, y que junto con la colaboración realizada en espíritu de subsidiariedad y solidaridad, construye la libertad”.

Recuperar el valor de la honestidad implica la recuperación del verdadero valor del dinero. “Del dinero ganado trabajando, del dinero fruto de una economía inclusiva y atenta hacia los más vulnerables, al contrario del dinero fruto de los juegos de las finanzas, que no está al servicio de la economía sino sólo al servicio de ellas mismas”,

Más aún, para recuperar el valor de la honestidad es necesario combatir la corrupción porque la avidez por el dinero que controla el entero sistema socioeconómico es la ruina de la sociedad.

Finalmente, ha propuesto recuperar el valor de la solidaridad, fundamental en las condiciones de desigualdad creciente que viven nuestras sociedades, habitadas por la cultura del descarte, donde se encuentran tantas “inequidades” y donde son cada vez más numerosas las personas privadas de los derechos humanos fundamentales, tanto así que el bien común, es decir el conjunto de condiciones que permiten el desarrollo de cada persona y de la comunidad en su conjunto, se transforma inevitablemente ” en un llamado a la solidaridad y en una opción preferencial por los más pobres”. Esto implica, por parte de los gobernantes estudiar y poner en acto políticas de solidaridad, implica conocer de cerca a los pobres, haberlos tocado, y ello sucede verdaderamente pocas veces.

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