IV Encuentro Frontera Sur de México y Países de América Central: Declaración de los obispos
Internacional

IV Encuentro Frontera Sur de México y Países de América Central: Declaración de los obispos

IV Encuentro Frontera Sur de México y Países de América Central: Declaración de los obispos

«Caminemos con Cristo Migrante en el Mundo»

La Dimensión Episcopal de la Pastoral de la Movilidad Humana de la Conferencia del Episcopado Mexicano, en comunión con los Obispos y Referentes de la Pastoral de Movilidad Humana de Honduras, Guatemala y El Salvador, nos reunimos en la Ciudad de Tapachula para celebrar nuestro IV Encuentro con el objetivo de analizar, compartir experiencias y proyectar acciones pastorales conjuntas para servir a nuestros hermanos migrantes y refugiados en esta zona.

Agradecemos a Dios la presencia del Pbro. Michael Czerny S.J. Subsecretario de la Sección Migrantes y Refugiados del Dicasterio para la Promoción del Desarrollo Humano Integral de la Santa Sede, y del Pbro. Robert Stark S.S.S. Asesor de dicha Sección que está bajo la atención directa del Papa Francisco.

Recordamos que la migración es un desafío en gran parte del mundo y una prioridad para la Iglesia Católica. En esta región la migración se ha vuelto, tal como el Papa Francisco la califica, una “crisis humanitaria” que nos exige acciones pastorales decididas y bien estructuradas. Es por eso que hemos analizado sus causas, consecuencias y oportunidades que tenemos como pastores de esta porción del pueblo de Dios en camino.

Particularmente en América Latina los flujos migratorios han crecido por varias causas, entre las cuales se encuentran la pobreza, la falta de oportunidades de desarrollo, la marginación social y la violencia, especialmente en los países que conforman América Central.

En los países, las políticas y acciones migratorias, motivadas por la salvaguarda de la soberanía nacional y el poder económico; el desarrollo por el incremento del capital y creación de una dependencia mercantil, y la inseguridad provocada por el crimen organizado y el narcotráfico, se convierten en acciones y políticas antimigrantes. Como resultado de ello se desarrolla una sociedad de riesgo en la que el migrante es desposeído, excluido de su lugar de origen, de sus derechos en el tránsito y de su dignidad en el destino.

Particularmente el Presidente de los Estados Unidos de América ha asumido una postura de intimidación y racismo que ha provocado temor e incertidumbre, no sólo en los migrantes en tránsito, sino incluso en los establecidos en el territorio de ese país, ya que viven en el temor de ser detenidos, encarcelados y deportados.

Por ello es necesario que nuestra incidencia aliente una política migratoria orientada al desarrollo integral de las personas y de los pueblos. La Iglesia está llamada a tener un papel protagónico atendiendo las causas, asumiendo las consecuencias y propiciando que la migración sea vista como una oportunidad. Es imprescindible mantener la atención asistencial, el acompañamiento y la promoción de la incidencia en políticas migratorias al más alto nivel.

La Iglesia, preocupada por alcanzar acciones concretas que puedan generar una mayor concientización del fenómeno migratorio a todos los niveles y sectores de la sociedad, y con la finalidad primaria de evitar la criminalización de los migrantes, respeta y hace valer el derecho natural que las personas tienen a elegir una nueva oportunidad de vida y de desarrollo humano y su derecho también a no migrar.

La Iglesia expresa su cercanía con esfuerzos por mitigar los sufrimientos y peligros que enfrentan los migrantes en su trayecto, al acogerlos y orientarlos en los albergues que son atendidos por sacerdotes, religiosos, y laicos voluntarios.

Ante una mentalidad excluyente que invita a contener, detener y deportar, la Iglesia quiere dar una respuesta concreta a realizarse en cada Iglesia Particular actuando la propuesta del Santo Padre expresada en los verbos ACOGER, PROTEGER, PROMOVER e INTEGRAR (cfr. Mensaje para el 104º día mundial de los Migrantes y Refugiados, 2018), para mirar al fenómeno migratorio en sus diferentes momentos: origen, tránsito, destino y retorno, así como la necesidad urgente de atender a los refugiados y víctimas de trata.

Valoramos las diferentes acciones que vienen tomando diversos actores como las casas de migrantes, los defensores de derechos humanos, ONG´s y otras, que trabajan en favor de los migrantes. Reconocemos además las limitaciones que aún tenemos para atender integralmente este fenómeno, especialmente en lo referente a la participación y combinación de esfuerzos, por lo cual nos hemos dado a la tarea de motivar estos encuentros como una respuesta inmediata.

Pretendemos incidir en los diferentes sectores de la sociedad en el diálogo con las Autoridades Civiles; en el fomento de la cultura del encuentro, el conocimiento cada vez mejor del fenómeno migratorio y la motivación a la acción pastoral en favor de nuestros hermanos migrantes y refugiados desde la caridad.

En este encuentro hemos tenido la participación de quienes integran la Red CLAMOR (Red Latinoamericana y Caribeña sobre Migración, Refugio y Trata). La preocupación y el amor por los migrantes y refugiados nos han hecho coincidir en los esfuerzos comunes para coordinar acciones pastorales. Esperamos que esta articulación se haga más consistente y eficaz en un futuro.

Este es un llamado que compete asumir a toda la Iglesia que camina en América del Norte y América Central. Encomendamos a José y María la realización de este proyecto de Pastoral de Migrantes, para que cumplamos nuestro anhelo de “Caminar con Cristo Migrante en el Mundo”.

En Tapachula, Chiapas, a los 31 días del mes de agosto de 2017.

Mons. Álvaro Ramazzini Imei
Ob. de Huehuetenango, Guatemala
Mons. Ángel Recinos Lemus
Ob. de Zacapa, Guatemala

Mons. Elias Samuel Bolaños
Ob. de Zacatecoluca
Vicepresidente de Cáritas, El Salvador

Mons. Guillermo Ortiz Mondragón

Ob. de Cuautitlán

Encargado de la DEPMH

 

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