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IV Centenario de la Beatificación de santa Teresa de Jesús, por Jesús García Burillo, obispo de Ávila

IV Centenario de la Beatificación de santa Teresa de Jesús, por Jesús García Burillo, obispo de Ávila
24 de abril de 2014


Queridos diocesanos: ¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra! Esta estrofa del salmo 8 sirve para expresar nuestro gozo pascual por el triunfo de Cristo en su resurrección, del que ha participado de manera especial santa Teresa de Jesús.

A ella se pueden aplicar singularmente los versículos del salmo que la carta a los Hebreos considera cumplidos en Cristo como vocación de todo hombre: «la hiciste poco inferior a los ángeles, la coronaste de gloria y dignidad, le diste el mando sobre las obras de tus manos».
En este marco pascual celebramos el IV Centenario de su beatificación. Santa Teresa fue beatificada por el Papa Pablo V el 24 de abril de 1614. El proceso canónico lo inició D. Jerónimo Manrique, Obispo de Salamanca, continuó el Nuncio de Su Santidad e intervino el Obispo de Ávila, y obispos de otras diócesis. El 10 de noviembre de 1612, el Cardenal Horacio Lancelotti hizo relación de las virtudes heroicas de integridad, pureza y santidad de vida de la Beata Madre Teresa de Jesús; después de la cual, se decretó: “probadas las virtudes de la sierva de Dios Teresa de Jesús, procédase a la siguiente etapa”.
¿Por qué se declaraba beata a Teresa de Jesús? El breve de la beatificación afirma: «la Fundadora de dicha Orden de Carmelitas Descalzos, Teresa de Jesús, de gloriosa memoria, fue adornada por Dios con tantas y tan eximias virtudes, gracias y milagros, que la devoción a su nombre y su memoria florece en el pueblo cristiano; razón por la cual, no solamente la dicha Orden, sino también Nuestro querido hijo Felipe [III], rey católico de las Españas, y casi todos los Arzobispos, Obispos, Príncipes, Corporaciones, Universidades y súbditos de los reinos españoles, han elevado a nos repetidas veces humildes súplicas, pidiéndonos que, mientras la Iglesia concede a Teresa los honores de la canonización, los cuales, atendidos sus grandes merecimientos esperan no ha de tardar mucho en otorgárselos, todos y cada uno de los religiosos de la dicha Orden puedan celebrar el sacrosanto Sacrificio de la Misa y rezar el Oficio de dicha Teresa como de Virgen bienaventurada. Así pues…, lo concedemos». El juicio sobre la santidad de Teresa de Jesús, que había comenzado en su beatificación, llegaría con su canonización mediante la bula del Papa Gregorio XV, el 12 de marzo de 1622. La bula declaraba: «…definimos que la bienaventurada Teresa, Virgen, de gloriosa memoria, nacida en la ciudad de Ávila, de cuya santidad, candidez de ánimo y demás excelencias, milagros y virtudes, de las cuales bastantemente nos consta, es santa, gloriosa y alabada».
Conviene recordar que la vida de Santa Teresa no fue un camino de rosas. El Papa describe la lucha interior y el duro esfuerzo que mantuvo en su camino de santidad: «Teresa, coronada de virginales azucenas y quebrantando en su propio cuerpo las armas de los apetitos, con mortificaciones voluntarias, triunfó perpetuamente en la Iglesia militante de las valentías de los demonios… Hubiera logrado la palma del mártir, si el soberano Esposo… no la hubiera reservado para que, sin derramar su roja sangre, restituyese sus antiguos verdores al Carmelo».
El reconocimiento eclesial a la santidad insigne y a la doctrina eminente de Teresa de Jesús le fue otorgado con la declaración de Doctora de la Iglesia por el Papa Pablo VI el 27 de septiembre de 1970. En su homilía afirmaba: “la vemos aparecer delante de nosotros como mujer excepcional, como religiosa, toda velada de humildad, de penitencia y simplicidad, irradia a su alrededor la llama de su vitalidad humana y espiritual, y luego como reformadora y fundadora de una histórica e
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insigne Orden religiosa, escritora genialísima y fecunda, maestra de vida espiritual, contemplativa incomparable e infatigablemente activa… Bien pudo decir, antes de su último suspiro, como resumen de su vida: en fin, soy hija de la Iglesia…” En estas palabras podemos acoger, también nosotros, una llamada dirigida a todos para poder repetir con ella: ¡somos hijos de la Iglesia!
El Papa Juan Pablo II, canonizado en esta misma semana, nos decía en su visita a Ávila: «Teresa de Jesús es arroyo que lleva a la fuente, es resplandor que conduce a la luz. Y su luz es Cristo, el “Maestro de la Sabiduría”, el “Libro vivo” en que aprendió las verdades; es esa “luz del cielo”, el Espíritu de la Sabiduría, que ella invocaba para que hablase en su nombre y guiase su pluma. Vamos a unir nuestra voz a su canto eterno de las misericordias divinas, para dar gracias a ese Dios que es “la misma Sabiduría”. Teresa de Jesús se ha hecho palabra viva acerca de Dios, ha invitado a la amistad con Cristo, ha abierto nuevas sendas de fidelidad y servicio a la santa Madre Iglesia… Ha exhortado a los religiosos y religiosas a “seguir los consejos evangélicos con toda la perfección” para ser “siervos del amor”. Ha iluminado la experiencia de los seglares cristianos con su doctrina acerca de la oración y de la caridad, camino universal de santidad… Ella quiere seguir caminando con la Iglesia hasta el final de los tiempos. Ella que en el lecho de muerte decía: “Es hora de caminar”. Su figura animosa de mujer en camino, nos sugiere la imagen de la Iglesia, Esposa de Cristo, que camina en el tiempo. Teresa de Jesús, que supo de las dificultades de los caminos, nos invita a caminar llevando a Dios en el corazón» (Homilía, 1/11/1982).
Que la Santísima Virgen del Carmen nos alcance la gracia de seguir el camino de la Santa y la fidelidad necesaria para mantenernos firmes en él.
+ Jesús García Burillo
Obispo de Ávila



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