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Isabel, casada con Fernando de Aragón, es proclamada Reina de Castilla

Ante la serie televisa, Isabel, que la primera de TVE da los lunes por la noche y que tantos espectadores tiene, quiero resaltar en este artículo las dificultades, vicisitudes y problemas por los que ella pasó para poder unirse en matrimonio con el Fernando de Aragón, ser proclamada reina de Castilla en Segovia y vencer a los partidarios de Juana, Beltraneja, que le disputaba su trono real, con la finalidad de hacer justicia, poner orden y seguridad en su reino donde reinaba la codicia y ambición de los nobles y señores feudales y la anarquía del pueblo y promover la unidad de los reinos de España.

   El rey Juan II de Castilla tuvo a su hijo Enrique IV de su primera esposa y prima carnal, María de Aragón, hija de Fernando de Antequera, rey de Aragón; y de su segunda esposa, Isabel de Portugal, tuvo a sus hijos, Alfonso e Isabel, naciendo ella en Madrigal de las Torres en el año 1451. A la muerte de su padre, Enrique IV hereda el reino de Castilla y casa con la princesa Isabel de Portugal, de la que nace una niña, llamada Juana, cuya paternidad atribuyen a Beltrán de la Cueva, paje y valido del rey, dado que al parecer era persona impotente.

Determinados magnates castellanos nobles y eclesiásticos al frente de los cuales se hallaba Alonso Carrillo, arzobispo de Toledo, se oponen a que Juana, llamada la Beltraneja, sea reina de Castilla, y nombran rey al príncipe Alfonso, medio hermano del rey Enrique  IV. Ello da  lugar a lucha civil entre los partidarios de Juana, al frente de los cuales se hallaba Beltrán de la Cueva, y los partidarios del príncipe Alonso que muere envenenado.

 En 1468, el rey Enrique IV de Castilla ante la oposición terminante de dichos magnates castellanos de oponerse a que Juana fuese la reina de Castilla, por considerarla no hija suya, sino de su esposa la reina Isabel y de Beltrán de la Cueva, acuerda por el pacto de Guisando dejar heredera de dicho reino a su media hermana Isabel, bajo la  condición de que no se case sin su consentimiento. Quería casarla con el rey Alfonso V de Portugal, el Africano, pero ella no aceptó dicha propuesta.

Aconsejada por Alonso Carrillo, arzobispo de Toledo, concierta su unión matrimonial con Fernando, nacido en 1452, en Sos Zaragoza, e hijo del rey Juan II  de Aragón, Navarra,  Sicilia, Cerdeña y Nápoles, y de su segunda esposa Juana Enríquez, hija del condestable de Castilla. Dicho concierto matrimonial se celebra en Madrigal de las Altas Torres, donde se hallaba su madre. Ella contaba 18 años y él 17. Ambos eran primos segundos oriundos de la dinastía y familia de Trastamara.

 Enterado el rey Enrique IV de que Isabel se hallaba en negociaciones con su primo infante Fernando de Aragón sin su consentimiento, da órdenes que para que la aprisionen, dado que se hallaba enemistado con su padre, el rey Juan II de Aragón. Las tropas del arzobispo Alonso Carrillo y las del condestable Fradique Enríquez, abuelo materno del infante Fernando, salvan esta situación llevando a Isabel a Valladolid para proseguir las conversaciones de dicho matrimonio.

 Entre tanto, Gutierre de Cárdenas y Alfonso de Palencia, incondicionales emisarios de Isabel, viajan a Sicilia corriendo mil peligros, donde se hallaba Fernando en calidad de virrey para que viniese a Valladolid a unirse en matrimonio con su prima Isabel.  Fernando, disfrazado de mozo de mulas y acompañado de caballeros vestidos de mercaderes, llega con riesgo de su vida a Dueñas.

 El 14 de octubre de 1469 tiene lugar su primera entrevista con Isabel en las casas de Juan de Vivero en Valladolid. El 18 de este mes y año pactan las capitalizaciones de su matrimonio y se celebra solemnemente al día siguiente en esta citada ciudad. Como eran primos segundos necesitaba la dispensa papal del impedimento de consaguinidad para ser válido su matrimonio, pero como era larga y difícil de conseguirla por la oposición de los embajadores, en Roma, del rey Enrique IV de Castilla y el tiempo a premiaba, cuentan, que los negociadores del matrimonio, al parecer, falsifican una bula firmada por el papa Calixto III por la cual otorgaba dicha dispensa.

El rey Enrique IV informado del enlace matrimonial de Isabel y Fernando, revoca el pacto de Guisando, rehabilita a su esposa Isabel, a pesar de sus amores  con Pedro de Castilla, y reconoce, bajo juramento suyo y de su esposa Isabel, a la infanta Juana como hija suya y heredera del reino de Castilla. Desde esta fecha hay en el reino de Castilla un enorme desconcierto y confusión, dando lugar a dos cortes, la del rey Enrique IV, asistido por su valido Pedro Pacheco, marqués de Villena, y la de Isabel y Fernando reconocida por ciertas ciudades, cuyo máximo defensor era Alonso Carrillo, arzobispo de Toledo.

En el mes de enero 1474, aprovechando la ocasión de que Fernando de Aragón se hallaba en Cataluña  luchando al lado de su padre, el rey Juan II, contra los catalanes partidarios de la independencia catalana, Andrés Cabrera, alcalde de Segovia, casado con Beatriz de Bobadilla, íntima amiga de Isabel, consigue por mediación de la familia judía, de apellido Coronel, reconciliar al rey Enrique IV con su media hermana Isabel. El rey se hallaba amargado por la conducta desenfrenada de su esposa Isabel, a la tuvo que apartar de su lado por su deshonesto vivir con Pedro de Castilla del que tuvo un hijo.

Fernando avisado por Isabel de su reconciliación con su medio hermano, el rey Enrique IV, viene a Segovia y come con el rey Enrique IV e Isabel con gran alegría de la ciudad y en contra de la voluntad de Juan Pecho que tramaba apoderarse de ellos falleciendo  en octubre de 1474 y sintiéndolo mucho el rey Enrique IV. Dos meses después del fallecimiento de Pedro Pacheco, el 11 de diciembre de 1474, fallece también el rey Enrique IV a los casi 50 años de edad, a causa de una enfermedad que hacía meses venía padeciendo y que últimamente se le había agravado. Era muy aficionado a la caza.

Sus restos mortales fueron sepultados en monasterio de Guadalupe, junto a su madre María de Aragón. Su corte se hallaba rodeada de musulmanes, siendo ésta una de  las acusaciones que le hicieron los nobles castellanos en Ávila. En su reinado, los judíos y conversos florecieron y los gitanos llegaron a Castilla, estableciéndose en Jaén, el 22 de noviembre de 1462, protegidos por dicho rey.

El 13 de diciembre de 1474, Isabel es proclamada  reina de Castilla en el pórtico de la antigua iglesia de San Miguel de Segovia al grito: “Castilla, Castilla, Castilla por rey don Fernando y por la reina doña Isabel”. Ella tenía  23 años y él 22 años. La reina besa el estandarte de Castilla que llevaba Gutierre de Cárdenas, y entra en la iglesia de San Miguel donde permanece orando un tiempo. El alcalde de Segovia le entrega el alcázar con todos los tesoros que contenía.

 Según Colmenares: “Isabel era de hermosa y real presencia, de estatura mediana, bien compuesta, de color blanco y rubio, ojos entre verdes y azules, de alegre y severo movimiento, todas las facciones del rostro de hermosura proporción, en habla y acciones de natural agrado y brío majestuoso”

Los magnates del reino de Castilla acuden a Segovia a rendirle honor y obediencia, en primer lugar, el cardenal Pedro González de Mendoza, después el condestable Pedro Fernández de Velasco y a continuación  García Álvarez de Toledo, conde de Alba,  Rodrigo Alonso Pimentel, conde Benavente, Beltrán de la Cueva, duque de Alburquerque, de quien se creía era el padre de Juana, la Beltraneja y el arzobispo Alonso Carrillo de Toledo.

Fernando  pretendía ser rey de Castilla por ser sobrino segundo del rey Enrique IV de Castilla, pero se aviene a que el cardenal Pedro González de Mendoza y el arzobispo Alonso Carrillo de Toledo redacten un dictamen por el cual, él aceptaba las capitulaciones matrimoniales que había suscrito en el día de su matrimonio, por cuales el reino de Castilla pertenecía a Isabel, pero él como rey y ella como reina gobernarían juntos. Dicho documento una vez redactado es llamado la Concordia de Segovia, siendo publicado el 15 de enero de este 1475.

Según Hernando Pérez del Pulgar entre las cualidades y virtudes de la reina Isabel sobresalía: “Su religiosidad, su amor a su marido Fernando, su pasión por la justicia y la autoridad, su tenacidad en sus propósitos. Era parca en mercedes, despreciaba las vanidades del lujo cortesano y amaba la liturgia de las ceremonias”.

 Sobre el rey Fernando dice: “Era hombre de mediana estatura, bien proporcionado en sus miembros, en las facciones de su rostro bien compuesto, los ojos rientes, los cabellos prietos y llanos, grande su soltura para la guerra y para el deporte. Era todo equilibrio, prudencia y estrategia”. Isabel y Fernando se entenderán admirablemente porque sus personalidades y cualidades, aunque diversas, eran complementarias.

 El grupo inicial de colaboradores de Isabel y Fernando fueron: Beatriz de Bobadilla, amiga de la reina desde su niñez, su marido Andrés Cabrera, alcalde de Segovia, Gutierre de Cárdenas, maestresala de la reina, el cronista Palencia, Gonzalo Chacón, fray Mortero, obispo de Palencia, y el cardenal Pedro González Mendoza, quien prestará un grandísimo servicio a la reina Isabel introduciendo en su corte la ciencia, la diplomacia, el amor a las artes y el espíritu del Renacimiento. Así mismo debemos mencionar como fieles colaboradores suyos a Alonso de Quintana, Rodrigo Pimentel, conde de Benavente, Fernando Alvarez de Toledo, conde  de Alba,  Juan Coloma y Alfonso Fonseca arzobispo de Sevilla y luego de Santiago de Compostela y Miguel Pérez de Almazán, entre otros.

Una de las primeras cosas que los reyes Isabel y Fernando hicieron en Castilla fue enfrentarse a la ambición insaciable de los grandes magnates, dueños señoriales de castillos, villas, obispados, abadías y prioratos y a la anarquía del pueblo surgida a raíz de la trágica muerte del condestable Álvaro de Luna en tiempos del reinado del rey Juan II, padre de la reina Isabel. Cada uno tenía a su alrededor un sinfín de parientes, caballeros y escuderos a su órdenes para mantener su poder y patrimonio en constantes guerras y amenazas con sus semejantes. El 28 de abril de 1475, Isabel y Fernando concedieron un perdón general para todos delitos y excesos pasados, en Medina del Campo.

Entre estos magnates se encontraban Diego López Pacheco, marqués de Villena, hijo de Juan Pacheco, y Alonso Carrillo, arzobispo de Toledo. El primero reclamaba el maestrazgo de la Orden Militar de Santiago a cambio de entregar la infanta Juana la Beltraneja que se hallaba en su poder, a lo que Isabel y Fernando se niegan. El segundo deja de apoyarles por celos que sentía ante el poder del cardenal Mendoza con la reina Isabel.

  Ambos grandes magnates se pasan al bando de Juana, la Beltraneja y gestionan su matrimonio con el rey de Portugal, Alfonso V, el Africano, que acepta encantado, casándose con ella para poder ser rey de Castilla. Este intima al rey Fernando para que  abandone el reino de Castilla. Lo invade con un importante ejército por Extremadura en mayo de 1475, al que se une Diego López Pacheco, marqués de Villena, en Plasencia, y proclaman reina de Castilla a Juana la Beltraneja que era una niña y fijan su corte real en Arévalo.

  Isabel y Fernando hacen frente a dicha invasión militar y combaten a la nobleza que le apoyaba. El reino de Castilla estaba dividido. Las ciudades de Zamora, Toro y Salamanca y  determinadas villas y castillos estaban con Juana la Beltraneja, mientras que las ciudades de Segovia y Ávila y ciertas villas y castillos estaban con Isabel y Fernando. Se combatía en Galicía, León, Castilla la Nueva y Extremadura.

 En agosto de 1475, la reina Isabel reúne las Cortes de Castilla en Medina del Campo, y por consejo de Alonso de Quintanilla pide al clero la mitad de la plata de todas las iglesias, respondiendo con generosidad. Embarazada recorre a caballo ciudades y villas buscando apoyo para su causa y sufriendo un aborto en el camino de Toledo a Tordesillas.

 El rey Fernando  consigue reunir un numeroso ejército en Valladolid, aunque mal equipado, y acompañado del condestable Enríquez y de Rodrigo Pimentel, conde de Benavente, se presenta en Zamora, donde se hallaba el rey Alfonso V de Portugal, quien sintiéndose inseguro se retira a Toro con la infanta Juana la Beltraneja, desde donde reclama la ayuda de su hijo heredero Juan, que se viene en auxilio de su padre con un poderoso ejército en febrero de 1476.

El rey Fernando con su ejército, de noche, sitía al ciudad de Toro.  El principe heredero portugués Juan huye con la infanta Juana y se refugian en Portugal, y el rey Alfonso V de Portugal se refugia en un lugar de Castilla en espera de acontecimientos. El castillo de Zamora, la plaza de Arévalo y las fortalezas de Madrid, Huete y Atienza se rinden a las tropas de Isabel y Fernando. El rey Alfonso V regresa a Portugal. Toro se rinde el 19 de septiembre de 1476.

Un poco después, el castillo que mantenían Juan de Ulloa y su mujer María Sarmiento en Burgos, la plaza de Trujillo y los castillos de Castilnuevo y Madrigalejo en Extremadura se rinden a la reina Isabel. El arzobispo Alonso Carrillo de Toledo y Diego López de Pacheco, marqués de Villena, se someten a Isabel y Fernando.

En 1476, Isabel y Fernando establecen la Santa Hermandad y las Ordenanzas de Montalvo para pacificar el reino de Castilla garantizando la seguridad personal de sus ciudadanos y para limpiar los caminos de malhechores, persiguiendo y castigando a los delincuentes de todas las clases. La Santa Hermandad era una institución real jurídico-militar de carácter social permanente que prestaba sus servicios en cuadrillas o grupos de cuatro hombres, llamados cuadrilleros, mandada por el hermano de rey Fernando, Alonso de Aragón, duque de Villahermosa

Los miembros de esta institución tenían el poder legal de perseguir y castigar los delitos contra las personas cometidos en el campo y en el poblado, y de someter a los nobles feudales injustos y revoltosos en Castilla, Extremadura, sobre todo, en Galicia, donde, la lucha entre señores feudales de castillos y  pazos era verdaderamente salvaje, y la opresión injusta de éstos sobre foreros campesinos  era  lamentable.

 El 19 de enero 1479, el rey Fernando consorte de reino de Castilla heredera el reino de Aragón por fallecimiento en Barcelona de su padre, el rey Juan II de Aragón, llamado el Grande, haciéndole dicha ciudad grandes exequias en el palacio de Tinell y siendo sus restos mortales trasladados y sepultados en el monasterio cisterciense de Poblet. Recibe la noticia estando en Guadalupe. El rey Fernando preocupado por una posible invasión portuguesa al reino de Castilla, no pudo trasladarse a Zaragoza para jurar el nombramiento de rey de Aragón hasta junio de este citado año.

En marzo de 1479, la reina Isabel de Castilla y su tía la infanta Beatriz de Portugal, reunidas en Alcántara, llegan a un acuerdo para solucionar este conflicto dinástico y militar bajo las siguientes cláusulas:

 1º- Juana la Beltraneja, de 17 años, casaría con el niño Juan, hijo de los reyes Isabel y Fernando, nacido el 30 de junio de 1478, y don Alfonso, hijo primogénito de infante Juan, heredero del rey de Portugal, casaría con la infanta Isabel, primogénita de Isabel y Fernando, reyes de Castilla.

 2º- Los nobles y caballeros castellanos partidarios de Juana la Beltraneja y seguidores del rey Alfonso V de Portugal son perdonados por los reyes Isabel y Fernando de Castilla.

3º- Los reyes de Portugal quedan libres para continuar sus empresas y conquistas militares en Marruecos y en la África occidental.

 El rey Alfonso V de Portugal muere en Cintra en agosto de 1481. Juana, la Beltraneja, su esposa, no acepta el matrimonio con Juan e ingresa voluntariamente en el convento de Clarisas de Coimbra donde vivió, considerándose reina de Castilla hasta su muerte acaecida en 1530.

José Barros Guede

A Coruña, 9 de octubre del 2012

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José Barros Guede

José Barros Guede, sacerdote incardinado en la archidiócesis castrense de España. Fue coronel capellán. Licenciado en Teología y en Derecho Civil. Falleció el día 22-03-2016 en La Coruña a los 77 años.

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