Coronavirus

Isaac Martín: Anunciar a Cristo en tiempos de coronavirus

Uno de los itinerarios que han marcado el proceso desarrollado con motivo del Congreso de Laicos ha sido el relativo al Primer Anuncio. En la ponencia introductoria, Xavier Morlans nos daba tres claves que ofrecen no poca luz en el momento actual. La primera de ellas es que el cristianismo es fundamentalmente cooperación existencial con la intervención salvadora de Dios en la Historia de la Humanidad; una cooperación que se realiza a través del testimonio, la Palabra y los signos del Pueblo de Dios que es la Iglesia. Estar enclaustrados no nos impide seguir cooperando con Dios en su plan de salvación; antes al contrario, este encerramiento forzoso nos empuja a centrarnos en lo esencial y nos permite discernir mejor qué podemos aportar cada uno de nosotros a quienes están a nuestro lado y para mejorar la sociedad. Por eso es tan importante que la intensificación de nuestra oración en este contexto nos conduzca a salir de nosotros mismos y a centrarnos en quienes más puedan estar necesitándonos.
La segunda de las claves es que el primer anuncio es una invitación a dar un paso de confianza en Jesucristo el Señor y a entrar en la dinámica de su Reino. Resulta evidente que la crisis provocada por el coronavirus provoca en todos, creyentes y no creyentes, dudas, incertidumbres, miedos. De algún modo, nos hace comprender que no somos autosuficientes y que nuestra salud y nuestra vida no dependen única y exclusivamente de nosotros. En definitiva, que somos criaturas y no dioses. Confiar en Jesucristo en circunstancias tan extraordinarias como las que estamos viviendo no es sencillo para quien no está acostumbrado a ello, pero es necesario y hemos de proponerlo explícitamente a nuestros coetáneos a través de los múltiples medios que seguimos teniendo a nuestro alcance. Proponer esta fe en la Providencia a quienes están más cerca de nosotros, dar lo mejor que tenemos cada uno, pero confiando ciegamente en la voluntad de Dios para superar esta situación, es la manera más eficaz de entrar en la dinámica de su Reino. Esta invitación explícita es necesaria y, como señala el propio Morlans, el Espíritu Santo se sirve de ella para preparar los corazones para el encuentro con el acontecimiento, con la Persona de Jesucristo.
La tercera de las claves es que nos corresponde especialmente a los fieles laicos hacer presente y operante la Iglesia en aquellos lugares y espacios en los que estamos, presencial y virtualmente. Cada uno de nosotros es un agente evangelizador, una misión, un discípulo misionero. Estas no son expresiones carentes de sentido ni eslóganes sin sustancia; responden a la realidad y lo vemos en nuestras propias vidas. Como señala el Papa Francisco en Evangelii Gaudium, existe una íntima conexión entre evangelización y promoción humana, entre anunciar el kerigma y desear, buscar y cuidar el bien de los demás. Son muchas las personas que están sufriendo esta crisis a las que se está dejando de lado: los más pobres, los ancianos y desvalidos, quienes se encuentran solos en sus hogares, quienes han perdido el trabajo… son nuestros hermanos, nuestros prójimos y, por ello, han de ser objeto de nuestras preocupaciones y de una atención especial. Denunciar las injusticias que se están cometiendo, compartir nuestros bienes para ponerlos a su servicio y atender sus necesidades materiales, hacernos presentes en sus vidas para acompañarles espiritualmente, ofrecerles la esperanza que emana de la fe que profesamos es hacer realidad esa conexión entre el anuncio de Jesucristo y la promoción de la dignidad humana.
Somos cristianos, seguidores de Jesucristo; no de una idea o de un modelo de vida, sino de una persona que nos ama y nos pide que salgamos de nuestra tierra a anunciar a los demás. Esa es nuestra misión, también ahora.

Por Isaac Martín
Miembro de la Comisión Ejecutiva del Congreso de Laicos y delegado de Apostolado Seglar de Toledo

@imdelga

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