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Opinión

Intimista, clara, en búsqueda y encuentro

Intimista, clara, en búsqueda y encuentro

Por Andrea Herrán

Catedrática de Lengua y Literatura Española de la Universidad de Valladolid

El libro El camino del alma hacia el Amor. Obra poética y comentarios no es un libro cualquiera, sino un libro especial por dos razones: la primera, porque reúne no sólo las poesías escritas por su autor, Miguel de Santiago, sino que también incluye unos comentarios muy interesantes sobre su propia creación poética; la segunda, porque lo ha editado la Universidad Pontificia de Salamanca, y pocas veces un servicio de publicaciones de una universidad edita un libro de creación y, sobre todo, de poesía. Por lo tanto, estas dos razones son buena muestra de la calidad poética del libro. Pero además este libro poéticamente es también Académico, con mayúscula, porque tanto el estilo de la poesía de Miguel, como la calidad literaria, están dentro de lo que denominamos la estética poética.

 

Los dos pilares fundamentales de esta estética poética son: el estilo del autor, y la calidad de la obra.

 

Para D. Miguel de Unamuno el estilo de cada autor es el que pone de manifiesto su personalidad; el estilo es sí mismo.

 

Y Dámaso Alonso señalaba que el estilo es la única realidad literaria; el estilo es la obra literaria. Pero ¿qué es el estilo? Es un conjunto de palabras que ponen de manifiesto, según Ortega en La deshumanización del arte, “la peculiar manera que en cada poeta hay de desrealizar las cosas”.Pues bien, ¿cómo se consigue esa desrealización que señala Ortega? A través de las palabras.

 

El hombre no conoce la realidad tal como es sino como se le presenta a través de las palabras. De ahí que una de las mayores cualidades del hombre es su capacidad de comunicarse a través de las palabras. Las palabras son instrumentos que no sólo sirven para comunicarnos, sino que tienen sus propios matices. Cada palabra significa algo de forma objetiva y subjetiva porque nosotros las elegimos de acuerdo con nuestra experiencia íntima y personal, y por eso cada uno elegimos las nuestras. ¡Ahí está el deleite! Eso es el estilo de cada uno.

 

Pero ese deleite, ese estilo,  no termina con la elección de cada palabra, sino que se perpetúa en sus ecos y nos hace conocer nuevas perspectiva; es la fuerza del símbolo poético en la lengua literaria. En un momento en que parece que las palabras no tienen importancia, que da lo mismo decir una cosa que otra, que todo vale, no podemos olvidarnos de su importancia, las palabras nos enseñan a acercarnos al mundo, a percibir su realidad y de las palabras tomamos la fuerza para perpetuarnos y engrandecernos.

 

El mejor ejemplo de todo lo que hemos señalado anteriormente es el libro El camino del alma hacia el Amor de Miguel de Santiago. Muchos de sus  poemas ponen claramente de manifiesto cómo las palabras nos ayudan en la transmisión de sensaciones. Ocurre, por ejemplo, en el poema titulado Los juegos infantiles, donde el recuerdo que se plantea, la añoranza, la tristeza, y la luz se dibujan perfectamente por medio de los símbolos conseguidos con las palabras.

 

La poesía de Miguel de Santiago transmite ciertamente un halo de tristeza: espesas nieblas que cegaban los ojos, la sensación de frío, el dolor, las lágrimas; pero también hay un ansia de luz: en los sueños, los ruiseñores, el recuerdo del trigo en los campos de Castilla en primavera y verano… Como manifestación perfecta de ese halo de tristeza podemos fijarnos en el poema Lluvia y llanto, y de esperanza y luz, en Acción de gracias, ya que me parece que expresa  claramente el título del libro: camino del alma hacia el Amor.

 

La poesía de Miguel de Santiago tiene las características que sirven para definir una buena obra literaria: claridad, propiedad, armonía, riqueza léxica y vigor expresivo. El estilo es claro, dice Azorín, si lleva al instante al oyente a las cosas sin detenerse en las palabras. La propiedad consiste en el uso de la palabra exacta que traduzca fielmente el pensamiento del autor. La armonía es el sonido melódico que produce la distinción acertada y selecta de las palabras. La riqueza léxica se relaciona con el uso de los recursos expresivos de la lengua produciendo fluidez sin monotonía; y la fuerza expresiva se consigue, según Rafael Lapesa, cuando lo mentado aparece ante nosotros con caracteres de una realidad sensible.

 

Pues bien, todo ello se recoge en la poesía de Miguel de Santiago. Su poesía es una poesía intimista, clara y a veces desgarrada, siempre en búsqueda, que encuentra la luz a través de la identificación del alma con Dios. El mejor ejemplo y con ello terminamos es el soneto Súplica esperanzada en la orfandad, que nos recuerda a los de Lope de Vega. Y a los mejores versos de la poesía española.

 

(Fuente: Diario Palentino, viernes 19 de abril de 2013)

Foto: Miguel de Santiago y Andrea Herrán



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