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“Instinto de vida y ansia de libertad”, por el jesuita José Luis Pinilla

Instinto de vida y ansia de libertad”, por el jesuita José Luis Pinilla

En estos días de tantos requiebros cervantinos, que se celebra la fecha del 400 aniversario de la muerte de  D. Miguel, quiero volver a Cervantes y hacer mía la locura de D. Quijote para que no se me decaigan los ánimos ante tanta hostilidad y sinvergonzonería en el tratamiento a los vulnerables. En concreto, a los emigrantes y refugiados. Hacer propia la locura quijotesca me parece que es situarse en una forma sublime de cordura, similar a la de un hombre vestido de blanco que se va a Lesbos a acariciar refugiados, a llorar con ellos y a poner en pie su dignidad. Bendita locura que no se evade de la realidad sino que se ancla en ella.

Precisamente Goytisolo, último premio Cervantes (2015), en su discurso de aceptación del premio, nos llevó a esa bendita locura de don Quijote deshaciendo nuevamente “tuertos” y socorriendo a los “miserables”, es decir, “acometiendo lanza en ristre contra los esbirros de la moderna Santa Hermandad que proceden al desalojo de los desahuciados, contra los corruptos de la ingeniería financiera o, a Estrecho traviesa, al pie de las verjas de Ceuta y Melilla que él toma por encantados castillos con puentes levadizos y torres almenadas socorriendo a unos inmigrantes cuyo único crimen es su instinto de vida y el ansia de libertad”.

Unos meses después, ya en el invierno, el 18 de diciembre de 2015, escondidos, Hasan y Nur con su hijo Rifat arropado y protegido “tan solo” por los brazos de su madre, acurrucados en un furgón, cruzan territorio hostil en Siria buscando hospitalidad. Su único crimen es su instinto de vida y sus ansias de libertad. Por ello pagan cerca de 500€ para que alguna de las  mafias vampiresas de turno les lleve a la frontera turca. Desde allí llaman a la puerta de Francia pidiendo asilo, que no consiguen. La furgoneta en la que huyeron se “convierte” luego en una frágil patera para cruzar el Mar Egeo. Justamente a los tres meses de su huida, el 18 de marzo, su barca hinchable naufragó rumbo a Grecia y por poco mueren ahogados. Era el cuarto intento. Los guardacostas griegos los rescataron. Un mes más tarde. El camión y  la patera dan paso a un medio de trasporte, esta vez más grande y seguro… ¡Un avión!

Y un “nuevo quijote” vestido de blanco ha sustituido a los rufianes mafiosos, para acompañarles  y abrirles la puerta del avión. Se llama Francisco. Se los llevó consigo a Roma. Les abrió la puerta de la Hospitalidad el pasado 16 de abril. La que antes le negaron en Siria, Turquía y Francia.

Hospitalidad. Hermosa palabra. Femenina. Seña de identidad para muchas culturas y religiones, la hospitalidad es un valor  primordial. “Sean buenos… con sus vecinos parientes y no parientes… y también con el viajero”, dice el Islam, en la 4ª Sura. Para los pastunes, la “melmastia” (hospitalidad) es uno de los diez principios más importantes de su código ético. En el hinduismo, cuando se acoge a los invitados, la hospitalidad hace que se les reciba como si fueran divinos. En el judaísmo, mostrar hospitalidad (hakhnasat orchim) a los huéspedes es considerado un mandamiento imprescindible, un punto fundamental de la tradición judía. Y cuando se tiene conocimiento de que hay forasteros hambrientos o que necesitan un lugar donde descansar, la hospitalidad es una obligación legal. Y por recoger un texto cristiano, escojo el episodio de Abraham (Gn 18,1-3), que resalta la fecundidad de la hospitalidad. Abraham acoge junto a su tienda, al mediodía, cuando más calentaba el sol, a tres misteriosos personajes, que, en premio a la acogida, dejaron para él y su esposa la bendición de la fecundidad. Aludiendo a este hecho, la Carta a los Hebreos recomienda la hospitalidad y añade: “Algunos, sin saberlo, hospedaron a ángeles” (Hb 13,2).

Hospitalidad necesaria – como el pan de cada día- para recoger el ansia de vida y el instinto de libertad que están en la base de los derechos humanos. La hospitalidad (ver p.e la Campaña por la hospitalidad en America Latina y el Caribe ) debe estar cada vez más apoyada desde los hechos y desde la máxima sensibilización, y además , debemos ser capaces de dotarla de recursos de todo tipo. La Hospitalidad es exigencia de humanidad, tanto para quien recibe como para el que es recibido, y exige de ambos que sean ante todo humanos y renuncien a su inhumanidad. Se sitúa más allá del etnocentrismo.

La misma humanidad reflejada, por seguir con las citas literarias tan socorridas este año, esta vez en letras de  William Shakespeare cuyo aniversario también celebramos hermanado con el de Cervantes.  Estos versos que pone en boca de Santo Tomás Moro sugieren ponerse en la piel de los inmigrantes. Cuando pide que se imaginen lo que ocurriría si fueran a Europa, si tuvieran que ir a España o Portugal, donde serían “extraños”. Les está rogando que no cometan lo que él mismo llama “una tremenda inhumanidad“.

Y si os van a desterrar, ¿dónde irías?/¿Qué país, por la naturaleza de vuestro “error”, os daría cobijo?/        ¿Iríais a Francia o a Flandes?/ ¿O a una provincia alemana, o a España o Portugal?/ No, a ningún país que no esté adherido a Inglaterra/ ¿Por qué tenéis que ser extranjeros?”.

Estos versos originales escritos de puño y letra por William Shakespeare, y puestos en boca de Tomás Moro  -el autor de Utopía- suponían romper una lanza quijotesca a favor de los “hugonotes”, los franceses protestantes peticionarios de asilo en el siglo XVI.

Sofocaréis a los “extraños”/ los mataréis, cortaréis sus gargantas, os apropiaréis de sus casas”. Son frases del católico Tomás Moro, denunciando primero la intolerancia y pidiendo finalmente un trato humano para los franceses.

Atravesando los siglos… refugiados de ayer y hoy, cuyo único crimen es el ansia de vida y el instinto de libertad.

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