Editorial Revista Ecclesia
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Opinión

Injusta e innecesaria animosidad socialista frente a la Iglesia

         Del 8 al 10 de noviembre, se desarrolló la llamada Conferencia Política del PSOE, una iniciativa destinada, según sus organizadores, a revitalizar al alicaído principal partido político de la oposición  en España. Con amplio seguimiento, incluso on line, en algunos y destacados medios de comunicación y toda la propaganda al servicio de la causa, no sabemos -ni forma parte de nuestra misión informativa- si la Conferencia logró sus objetivos, si disipó o no dudas de liderazgo o de proyecto político o de calendarios de primarias o de secundarias. Pero lo que sí sabemos es que, de nuevo, a la Iglesia se la metió, sin arte ni parte, en el ajo –y hasta en el ojo del huracán- de la convocatoria, para convertirse después en protagonista destacada de cuatro de sus quince grandes apartados de conclusiones.

         Así, la asamblea socialista aprobó exigir que la Iglesia católica avance hacia su autofinanciación y que se elimine la casilla de aportación a esta confesión de la declaración de la renta con la idea de que la Iglesia y el resto de confesiones se financien a través de las aportaciones voluntarias de los particulares, que tendrían su correspondiente desgravación fiscal. Además, se  planteó que paguen el IBI las propiedades eclesiásticas que no son propiamente lugares de culto, y que solo sigan exentas de abonar este impuesto en la misma manera que lo están, por ejemplo, los monumentos o los colegios. La Conferencia socialista refrendó asimismo replantear –“¡seriamente, seriamente”!- los acuerdos con la Santa Sede, si el PSOE vuelve a gobernar, y demandó una escuela completamente laica y con la clase de Religión fuera del horario escolar y del curriculum educativo.

         Nada más lejano a nuestra voluntad que hacer política –y menos barata…- desde esta página editorial y desde esta revista. Secundamos, hasta con entusiasmo, la visión consagrada con el Concilio Vaticano II de la separación entre Iglesia y Estado y la no politización partidista de la primera. Pero precisamente por ello entendemos todavía menos la obsesión socialista con respecto a la Iglesia católica, su injusta e innecesaria animosidad, en la que lleva, erre que erre, desde hace dos años, desde la pérdida –por cierto, estrepitosa- de las últimas elecciones generales.

         ¿Qué cuentas tiene que saldar el PSOE con la Iglesia? ¿Qué le ha hecho la Iglesia al PSOE? ¿No tiene el PSOE otro tema, otra preocupación, con la que está cayendo, que arremeter contra la Iglesia? ¿O se trata de buscar chivos expiatorios y de esparcir cortinas de humos, de hacer ruido y buscar titulares para que no se hable –o se hable menos- de las carencias, responsabilidades e incoherencias socialistas en medio de la crisis y de las crisis que padece España?

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