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Indignación ante una norma «arbitraria e injusta», por Javier Burrieza Sánchez

No acierto a buscar las palabras de indignación que siento ante la situación que se ha producido esta mañana en la misa de una de San Benito cuando un señor, «perplejo» porque se superaba el aforo de 25 personas en un templo catedralicio, denunció a la Policía Municipal esta situación: No podía entrar a pesar de que estaban las puertas abiertas ante la presencia de 50 personas en su interior.

Estamos ante una norma arbitraria, injusta, que atenta contra la libertad religiosa. La hemos denunciado repetidamente en septiembre y lo venimos haciendo desde hace cuatro semanas, sin que haya visto en la Administración Regional ni un solo deseo de diálogo, petición de perdón ante la equivocación (pues en el tiempo intermedio, en la cumbre de la segunda ola se aplicó el aforo por superficie entre el cincuenta por ciento y un tercio), sino una nueva aplicación a la «chita callando» de la misma. Los aforos se aplican a las superficies, no con números clausus (25 personas sea San Benito, la Catedral, la iglesia de la Antigua o la ermita de la Casita en Alaejos). Y esto lo lleva haciendo el gobierno de Castilla y León del PP y Ciudadanos, como hemos visto en dos ocasiones, caso casi único en España (bueno en Melilla he oído una solución todavía más peregrina).

He visto situaciones caóticas por esta medida, mucho más peligrosas que las que pretenden evitar. Los católicos no somos talibanes. Estuvimos ocho, nueve semanas, de nuestro tiempo más sagrado de Semana Santa y Pascua en casa, haciendo Eucaristía en nuestro salón del hogar. La Conferencia Episcopal ha realizado un minucioso protocolo de actuación en las iglesias, que se cumple y se aplica. Las autoridades autonómicas (algunos de ellos católicos practicantes por lo que confiesan y se les ve en el ejercicio público de su fe), deben saber que para los católicos, su vida religiosa no es prescindible como tampoco lo es para el alumno la asistencia a clase o para los miembros de un hogar acudir a la compra.

Esta medida actúa contra la libertad de culto, bien conducida y llevada, respetuosa con el prójimo (concepto muy cristiano), con su vida y dignidad y por tanto con su salud. Pido a los católicos de Valladolid que despierten de su anestesia. Llevamos cuatro semanas con estas medidas sin apenas protestar. Mi apoyo a la Comunidad de Carmelitas Descalzos de San Benito de Valladolid, mi apoyo pleno y total; mi gratitud hacia su labor pastoral y su compromiso con la vida religiosa de los vallisoletanos. Y para los curiosos, incluidos consejeros del Gobierno Regional y señor Presidente de la Junta, San Benito (y otros muchos templos) tiene más de 1600 metros cuadrados, por si no lo conocen.

Javier Burrieza Sánchez



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