Inaugurada la 109ª Asamblea de la Conferencia Episcopal Venezolana
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Inaugurada la 109ª Asamblea de la Conferencia Episcopal Venezolana

Inaugurada la 109ª Asamblea de la Conferencia Episcopal Venezolana. Este domingo 7 de enero, el Cardenal Jorge Urosa Savino ha inaugurado la 109ª Asamblea de la Conferencia Episcopal Venezolana.

El también arzobispo de Caracas presidió la Misa con la que se comenzó la reunión de obispos, pronunciando la siguiente homilía:

¡ESTE ES MI HIJO AMADO ¡

Homilía en la Misa de la solemnidad del Bautismo del Señor ,
7 de enero de 2018, Universidad Católica Andrés Bello
Inauguración de la 109ª Asamblea de la Conferencia Episcopal Venezolana
+Jorge L. Urosa Savino, Cardenal Arzobispo de Caracas

Muy queridos hermanos:

EVENTO ECLESIAL
Qué alegría tan grande encontrarnos aquí en la Universidad Católica gracias a la hospitalidad de los PP. Jesuitas, unidos en torno al altar y mesa de sacrificio y comunión eucarísticos al inicio de este nuevo año y de un nuevo período de trabajo de la Conferencia Episcopal. Este es un hermoso evento eclesial: nos congregamos aquí los Obispos de Venezuela, acompañados por sacerdotes, miembros de institutos e vida consagrada y laicos, para alabar al Señor y reafirmar nuestra voluntad de anunciar el evangelio a nuestro pueblo, y hacer presente a Jesucristo con sus dones en medio de nuestra gente. Lo hacemos con el gozo de saber que Dios está con nosotros, como lo hemos proclamado en este tiempo de Navidad que hoy concluye.

CRISTO EL SALVADOR, DIOS CON NOSOTROS
Estamos celebrando la solemnidad del Bautismo del Señor. En el tiempo de Navidad, luego de la solemnidad del Nacimiento de Jesús, la Iglesia celebra en la Liturgia los testimonios de algunos heraldos de la naturaleza, misión y vocación del Niño que nos ha nacido, nuestro divino Salvador: los pastores, San Esteban protomártir, San Juan Evangelista, los Santos Inocentes, y los Reyes de Oriente. Y hoy, son San Juan Bautista y el mismo Padre Celestial quien nos señala a Jesús como el Hijo eterno, como el Salvador, como aquel en quien podemos y debemos poner nuestra esperanza. Y nos lo señalan para que lo sigamos, como lo pone en evidencia el texto de la transfiguración según San Mateo: “Este es mi hijo amado, en quien me complazco. Escúchenlo!” (Mt 17, 5)

NUESTRA MISIÓN
Vivimos en tiempos muy difíciles. Cada vez es mayor la ruina, la, opresión y el caos Nuestro pueblo esta apesadumbrado, desanimado y angustiado por las penurias que estamos pasando, por el proceso de progresiva paralización que está viviendo el país, muestra de lo cual es la deficiencia del transporte. Muchas personas se dirigen a nosotros en busca de orientación, de aliento, de esperanza. Y nosotros, que no somos dirigentes político-partidistas, respondemos al pueblo como los apóstoles al inicio de la predicación del Evangelio: “No tengo oro ni plata. Pero lo que tengo, te doy. En el nombre de Jesús levántate y anda” (Hch 3, 6).

Esta fiesta del Bautismo del Señor nos llama en primer lugar a reconocer y acoger con fe viva la grandeza de Jesucristo. Su centralidad, su absoluta prioridad en nuestras vidas y en la vida y misión de la Iglesia. En segundo lugar nos invita a imitar el ejemplo de San Juan Bautista: anunciar a Jesucristo. Como él, nosotros vamos delante de Jesús, para señalarlo al pueblo como el único Salvador. Nos invita también esta fiesta a imitar al Precursor en su entrega generosa al Señor: en la dedicación total al servicio de Cristo, en el desprendimiento, de lo material, en la humildad ante Dios y ante nuestros hermanos, en la firmeza de la proclamación y defensa de la verdad, hasta el derramamiento de nuestra sangre, si fuera necesario.

BUENOS PASTORES
Para esto debemos sin duda, acompañar a nuestro pueblo para darle los dones de Cristo. Para llenarlos de la luz de la esperanza. Para servirlo, y santificarlo; para – como buenos pastores – , guiarlo y defenderlo de quienes quieran violar sus derechos. Para eso nos consagró el Señor a los Obispos, como sus testigos, como buenos pastores, sus sacramentos-personales en medio de su pueblo. Y por eso nos congregamos periódicamente en asamblea eclesial de obispos, a fin de fortalecer cada vez más nuestra vocación, y nuestra misión pastoral. Para entusiasmarnos con ella, para sentir el deseo de cumplirla cabalmente y para reforzar nuestra unión eclesial y nuestra fraternidad episcopal.

NUEVAS AUTORIDADES
Esta Asamblea tiene una peculiaridad: en ella elegiremos las nuevas autoridades de la Conferencia Episcopal. Nos tocará encomendar a algunos hermanos nuestros la dirección de nuestras labores comunes en el próximo período. Eso debemos hacerlo con sentido de la exigencia de la santidad del testigo, del servicio de fraternidad, de la dedicación a la obra común de la iglesia. Debemos tener en cuenta la necesidad de fortalecer nuestra labor evangelizadora y santificadora, especialmente en medio de la fuerte corriente de secularismo e indiferencia religiosa que marca la cultura moderna en Occidente. Y nos toca también confortar y consolar a nuestro pueblo que sufre tanto dolor actualmente, y seguir trabajado con fuerza para defender siempre los derechos humanos de todos los habitantes de Venezuela.

Le damos gracias a los actuales miembros de la presidencia por su labor en estos tres años. Especialmente a Mons. Diego Padrón, que ha realizado una gran labor en la defensa de los derechos del pueblo venezolano, y en la promoción de nuestra fraternidad. Y le pedimos a Dios que nos ayude a discernir bien quiénes deban ser los llamados a animar nuestra labor santificadora y evangelizadora en tiempos problemáticos como estos.

CONCLUSIÓN
“Este es mi hijo amado. Escúchenlo” (Cf. Mt 17, 5). Que nosotros todos, especialmente los Obispos, atendamos este llamado del Padre celestial, escuchando siempre a Jesús nuestro divino maestro, y tengamos sus mismos sentimientos. Y que, como Juan Bautista, demos testimonio con la palabra y nuestra vida, de que Jesús es el Señor.
Invoquemos para ello la maternal intercesión de nuestra madre amorosa, la Virgen María de Coromoto. Y llevemos a nuestro pueblo, acompañándolo en sus tribulaciones, la alegría de saber que en Cristo, su Hijo amado, Dios está con nosotros. Amén.

Fuente: Prensa CEV, Arquidiócesis de Caracas

 

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