Opinión

(III) Padre Jerónimo Mariano Usera, fundador de las Religiosas del Amor de Dios

(III) Padre Jerónimo Mariano Usera, fundador de las Religiosas del Amor de Dios

Convencido de que Dios le ha elegido, se abre al amor de Dios en el silencio y la oración del Cister, a la temprana edad de catorce años. La situación política le obliga, en 1835, a cambiar la paz y armonía del claustro por la contemplación en medio de la acción solidaria y liberadora de la sociedad de su tiempo.

El rumbo de su vida está decidido. Jerónimo sabe leer el querer de Dios en los acontecimientos históricos y, movido por la fuerza interior de su experiencia cisterciense, inicia nuevos caminos de evangelización y promoción humana, en tres continentes: Europa, África y América.

  1. Usera, después de la exclaustración pasa por muchas vicisitudes y se ocupa en diferentes trabajos: párroco rural, profesor universitario en la Universidad Central, primer misionero católico en Guinea española, párroco de Uceda, canónigo en Santiago de Cuba, deán de Puerto Rico y de La Habana.
  • Carisma

Su personalidad profundamente religiosa y comprometida con la dignificación de la persona se revela sobre todo en la acción pastoral y pedagógico-social que desarrolló en cada uno de los lugares donde ejerció su ministerio sacerdotal.

Tuvo el gran carisma personal de acertar a movilizar y organizar grupos a favor de su gran objetivo: promover la vida cristiana de la sociedad y abrir a los pueblos un camino de desarrollo y felicidad

Se destacan tres grupos de personas como los predilectos en su acción: los niños, la mujer, la raza negra: esclavos y campesinos.

  • Fundador

El 27 de abril de 1864 es el día del nacimiento de la Congregación de las Hermanas del Amor de Dios. El obispo Bernardo se trasladó a Toro acompañado del secretario y del capellán. Le esperaban Jerónimo –ahora deán de La Habana–, su amigo D. Francisco Acevedo, mercedario exclaustrado y arcediano de Santander, D. Cayetano Pérez, párroco de la Colegiata, D. Francisco Sánchez, “Alcalde constitucional de Toro”, y otras personas…

Juntos, pasaron al monasterio de las Mercedarias. Resumimos el acta oficial: enterado el Obispo del proyecto de Jerónimo, y de la decisión de las hermanas de seguirlo con espíritu de abnegación tan firme como “para dejar su patria y familia”, “bajo la protección y amparo de la Santísima Virgen María Madre de Dios en su advocación de Concepción Inmaculada”, convocó al grupo “a la reja del coro bajo, por dentro de la clausura, en la que se hallaban”. Les dirigió unas palabras, mandó leer los Estatutos y, aceptados por ellas, bendijo el hábito de las hermanas “y mandó se les vistiesen ayudadas de las religiosas de la comunidad”. Otras breves palabras y entonó el Te Deum que continuaron las hermanas y la comunidad, “procesionalmente por la clausura, volviendo al coro bajo, donde se terminó con las preces y oraciones de acción de gracias”.

Con el “sí” de María y el cántico de gratitud al Padre, nacía en la Iglesia la Congregación de las Hermanas del Amor de Dios. En casa prestada, aunque rodeadas de ternura, para que todo tuviese sabor a la sencillez de Belén… En la vega de Toro, la primavera rasgaba de luz las ramas de los guindales…

En procesión, presidida por el Obispo, las hermanas se dirigieron “entre dos filas de acompañantes”, al hogar que Jerónimo les había preparado, su casa. Con “breves y sentidas palabras… se dio fin al acto”.

Toro vio por vez primera en sus calles a “sus Hermanas de hábito azul”, y quiso celebrar fiesta el día siguiente, acompañándolas hasta la Colegiata, corazón de la ciudad. Celebró la Eucaristía D. Francisco Acevedo. El Obispo, Jerónimo y el párroco, ocupaban los sitiales correspondientes. En la homilía, el Obispo se dirigió a los asistentes, “que llenaban toda la Iglesia”, y les presentó la nueva fundación y el colegio para sus hijas, “único en su clase en todo el distrito universitario de Salamanca”.

De vuelta, la procesión fue acompañada “por los acordes armoniosos de una música bien dirigida”. El salón del nuevo colegio se abrió, por vez primera, para acoger a cuantos pudieron entrar. El Alcalde dio las gracias a todos por la obra realizada –“merced a la iniciativa del señor deán de Puerto Rico”– y declaró abierto el Colegio.

Es significativo el comportamiento de Jerónimo. Durante dos días ha guardado silencio. En los momentos más intensos de su vida prefirió no restar protagonismo al Espíritu, pues todo era gracia. Cuando esperábamos oír qué había sentido durante las emociones contenidas en la primera toma de hábito de las hermanas, el nacimiento de la Congregación, o la fiesta desbordante del pueblo, la crónica se limita a decir que contestó con breves palabras de agradecimiento; pero no las menciona. En todo caso, la gratitud es la respuesta más bella del creyente.

Fray José Borja.

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