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(III) Itinerario biográfico: Venerable Jerónimo Usera

(III) Itinerario biográfico: Venerable Jerónimo Usera

Segunda etapa: hasta el final de su vida (1860 – 1891)

A partir de sus experiencias en Puerto Rico y libre de altas responsabilidades de gobierno, en la mitad del camino de su vida, con una salud bastante quebrantada, la vida y acción apostólica del Padre Usera podemos decir que se volcó en la solidaridad con los sectores de la sociedad desatendidos, dándose plenamente en las más diversas actividades, siempre convergiendo en el mismo objetivo: los necesitados. Progresivamente se fue olvidando de sí mismo, convirtiendo su vida en un total gesto de gratuidad. Poseído por la fuerza del Espíritu Santo, en su interior se iba gestando el carisma del Amor que dejaría en herencia en distintas formulaciones, para cuantas personas se apuntaran a secundar sus proyectos.

          Pedagogo y Fundador

La experiencia de la Escuela de San Ildefonso en S. Juan de Puerto Rico, con las dificultades que aparecieron debido a la insuficiente dedicación y estabilidad de las damas que la gestionaban, como señoras de la alta sociedad, impulsó al P. Usera a definir y buscar el tipo de personas que pudieran identificarse con sus propuestas. Para ello se tomó un tiempo de reposición de fuerzas y discernimiento en España, donde surgió la Congregación de Hermanas del Amor de Dios, (1864), dulce peso que llevaba hacía tiempo, en su mente y corazón, Maestras para las Antillas y donde fuera necesario. Hoy la Congregación está presente en 18 países en Europa, África y América, al servicio de la educación, en Escuelas abiertas, sin discriminación de ningún tipo, de forma preferente en las periferias sociales.

   Deán de La Habana por imposición

La Reina Isabel II le cargó al Padre Usera el deanato de La Haba en el momento menos oportuno (1864), de modo que se vio obligado a poner la renuncia, que no le fue aceptada. Estaba ultimando el proyecto de fundación de las Hermanas del Amor de Dios, hecho que hacía imprescindible su presencia en España. Con la Congregación casi en la incubadora, fiado una vez más de la Divina Providencia y de la colaboración de amigos sabios y santos, partió para La Habana.

La Habana y su entrañable gente recogieron los frutos de la sabiduría y santidad del venerable Padre Usera. Como Deán, maestro, predicador, guía espiritual y servidor en lo difícil. El Padre Usera desplegó su sacerdocio en una acción pastoral ingente, centrado en la pastoral social como praxis. Podemos decir que su persona fue la mejor bendición que el pueblo de La Habana recibió, como sociedad civil y religiosa, pues pocos fueron los sectores que no experimentaran su acción espiritual y benéfica. Desde su toma de posesión como Deán (¡Siempre fue el Sr. Deán!) hasta su muerte, Usera fue una señal del Amor de Dios para todos, especialmente para los más desamparados: misiones populares, servicios religiosos y administrativos en Hospitales, liberación de las conciencias en el confesonario, relación cordial y benéfica con los trabajadores y esclavos de las plantaciones, servicios litúrgicos y catequéticos en prisiones y el ejército. La memoria de los contemporáneos dejó muy claro todo esto en sus testimonios póstumos.

       Por sus obras los conoceréis

Destacamos, además del testimonio de su vida santa, tres de las más importantes creaciones con estructuras operativas que el P. Usera puso en pie en servicio de la evangelización, asistencia y promoción social en La Habana:

  • La Escuela Amor de Dios. Inicialmente debería haber sido una Escuela Normal para la formación de maestras, pero no fue posible. Sí lo fue la primera escuela de educación general Amor de Dios en Guanabacoa, inaugurada el 20 de septiembre de 1874 con el Proyecto Amor de Dios, que el propio P. Usera redactó junto con las hermanas y que con las escuelas de Toro y Cádiz, hoy son raíz de la identidad educativa de la Congregación.
  • Sociedad protectora de los Niños de la isla de Cuba. La obra era una adaptación de la Institución del mismo nombre española, que Usera conocía, adaptada a la realidad cubana y en particular al sector más desprotegido de La Habana. Los fines de la ‘Sociedad’ se explicitan en la primera de sus “Bases”: “La Sociedad tomará bajo su protección a los niños de todas razas, sexos y condiciones y seguirá ejerciéndola hasta que estén colocados en arte, oficio o profesión en que puedan atender honrada y cumplidamente a sus necesidades, respecto de los varones, y hasta que contraigan matrimonio o queden colocadas en posición que les permita también atenderé honrada y cumplidamente a sus necesidades, respecto a las mujeres”. La sociedad atendió a numerosos niños y niñas, víctimas de la sociedad de su tiempo, la mayoría procedentes de madres en marginación social.
  • Academia de Tipógrafas y Encuadernadoras. Fue creada por el P. Usera con sus últimos ahorros, y con ayuda social de personas solidarias de la ciudad, cuando la muerte estaba casi a vencerlo. Faltaba un mes para su partida definitiva. Aunque la Academia no fue su obra más importante, sí la consideramos de especial significado porque afirmaba que su fundador creía y apostaba por la liberación de la mujer y su inclusión en el mundo profesional, como medio de autonomía, cuando este pensamiento y apuesta estaba aún en mantillas.

6 – Centramiento espiritual de Jerónimo Usera

  • Contemplativo de Dios y de su obra

Jerónimo Usera fue un hombre de profunda espiritualidad, no sólo como experiencia interior del Espíritu Santo, sino como filtro de la realidad humana y contemplación del mundo, salido de la mano de Dios como criatura “buena”. Su religiosidad, su búsqueda de Dios y de las cosas de Dios, se centra en Jesucristo. De la Palabra al hombre, en quien se encarna. El camino de Jesús es “hacerse hombre” y visibilizarse en los más necesitados. Este es el rostro de Dios que Jerónimo Mariano buscó y encontró durante toda su vida y así se fue dejando transformar en alter Christus.

  • Adhesión a Jesús encarnado y crucificado por nosotros

Podemos afirmar que el mensaje cristiano que anuncia, por unas vías o por otras, está el núcleo del kerigma paulino: anunciamos a Cristo y éste crucificado, en el contexto de 1Cor. 1,23 ss. “el Hijo de Dios que se dignó descender de los cielos a la tierra y, lleno de amor por los hombres, se hizo hombre y, padeciendo y muriendo por nosotros, proclamó desde la cruz una doctrina que había de dar libertad al mundo, paz a los hombres, vida a la verdadera ciencia, gloria a la virtud y exterminio al vicio”. Esta misión de la doctrina de Jesús la vemos incorporada en los rasgos de su propio hacer apostólico: libertad, paz, ciencia y virtud.

Cristo se hizo hombre y murió por nosotros. Los dos núcleos fundamentales de la redención: encarnación y muerte de Jesús son polos permanentes en sus referencias al kerigma, que Jerónimo expone en sus predicaciones con gran sencillez. El Hijo es la encarnación del Amor de Dios, fuente de sabiduría y santidad, es redención de todo desamor. El despojo del Hijo, siervo y muerto en la cruz, hace referencia a la actitud más amorosa que, en la espiritualidad cisterciense, es la humildad, la solidaridad con los más pequeños.

  • Acogido al amor maternal de María

Juntamente con Cristo y ligada a los núcleos referidos, aparece en la espiritualidad de Usera, la Madre, María. Ella dijo su “SÍ” juntamente con su Hijo, Jesús en la encarnación y otro tanto en el Calvario, donde por testamento de Jesús pasamos nosotros también a ser hijos de la Madre, María. La Virgen María ocupa un lugar preeminente en la espiritualidad de Jerónimo. La tenía grabada como herencia familiar. En la vida monástica bebió esta querencia en las fuentes de la tradición espiritual cisterciense y en las obras de Bernardo de Claraval. En los años de formación en Oseira interiorizó para toda su vida el compromiso de amor mariano, con afirmaciones devocionales de la Orden, que lo marcaron: “Bien puedo arrancar mi corazón y echarlo fuera, si éste fuera duro con María. Porque el corazón que no la ama no es digno de vivir ni de amar cosa alguna. Si yo dejara de servir a María, puedo darme por perdido” Para él, Doctor en Teología, la verdadera devoción a María es la sumisión a la voluntad de Dios y la imitación de sus virtudes. Así lo trasmitió a las Hermanas del Amor de Dios.

  • Orante en todo lugar y circunstancia.

Quien ora cree y quien cree ora. Jerónimo tenía la fuerza de la fe, infundida por el Espíritu Santo y harto purificada. La oración fue la reserva de vitaminas que sostuvo una vida tan intensa de apostolado. Contemplativo y activo, contemplar para discernir y transformar la realidad, iluminada por la fe: estructuras eclesiásticas y suburbios marginados, niños indigentes, esclavos, enfermos, presidiarios. Todos los rostros humanos fueron para Jerónimo visión del Hijo de Dios, hecho hombre en las personas concretas. Hambriento de Eucaristía. Por propia experiencia sabe que el hombre interior se alimenta de oración y Eucaristía. Así lo recomienda también a las Hermanas del Amor de Dios.

7- Final de la vida de Jerónimo en la tierra

Dios le concedió larga vida y larga purificación de la misma. Lo había dado todo y se dio a sí mismo totalmente. No tuvo casa propia ni ahorros que le diesen seguridad, ningún otro apoyo que no fuese la Providencia divina. El salario del Sr. Deán era repartido antes de ser cobrado y hasta da la impresión de que se había desentendido de su propia imagen humanamente hablando. Ropa vieja, los muebles imprescindibles y viejos, todo en un cuarto mínimo en el desván de la catedral, donde nadie tenía arrestos para vivir. A todo esto, hemos de añadir algunas deudas en la Farmacia, donde se le fiaba no precisamente para él. En su última enfermedad fue recogido por su sobrina María Paz, esposa del segundo Marqués de San Gregorio, en su casa de La Habana, donde Don Jerónimo, el Sr. Deán, murió a causa de enteritis el 17 de mayo de 1891, a punto de cumplir 81 años. Sabemos que el último servicio que realizó fue ejercer gratuitamente de capellán en el asilo de mendigos de la Habana.

Los periódicos de la ciudad, recogiendo la voz popular, difundieron en los días posteriores a su muerte, su memoria de santidad y el ejemplo de su vida entregada por amor de Jesucristo en servicio de los más necesitados.

– Reconocimiento eclesial de sus virtudes heroicas

La Iglesia ha reconocido el testimonio de vida cristiana ejemplar y virtudes heroicas del VENERABLE PADRE JERÓNIMO MARIANO USERA Y ALARCÓN. En dicho reconocimiento tenemos la palabra autorizada del entonces Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, Mons. José Saraiva Martins:

“Los hombres de hoy tienen una necesidad extrema de la presencia serena y de la palabra pacificadora de verdaderos testimonios del amor, como nuestro Venerable Jerónimo Usera, que hizo visible, con el testimonio de su vida, la presencia amorosa y liberadora del Amor de Dios. Con el solemne reconocimiento de la heroicidad de las singulares virtudes practicadas por nuestro amable Padre Jerónimo Mariano Usera, la Iglesia, por la voz del Santo Padre Juan Pablo II, nos lo presentó a todos nosotros y particularmente a sus hijas e hijos espirituales como modelo actual de santidad cristiana, y confirmó el mensaje que brota de su vida, que responde plenamente a las exigencias del mundo de hoy” (Roma, 28-06-99)

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