Carta del Obispo Iglesia en España

II Peregrinación Diocesana a Tierra Santa, Josep Àngel Saiz Meneses, obispo de Terrassa

II Peregrinación Diocesana a Tierra Santa,  Josep Àngel Saiz Meneses, obispo de Terrassa

(03/04/2016)

Entre las activitades programadas por nuestra diócesis para el Año de la Misericordia se recomiendan diferentes peregrinaciones, y la primera de ellas es la que se hace a Tierra Santa, que comienza este domingo día 3 de abril. S.B. Mons. Fouad Twal, Patriarca Latino de Jerusalén, que en mayo de 2013 recibió a los participantes en nuestra primera peregrinación diocesana, en su mensaje de la pasada Navidad invitaba a vivir el Año de la Misericordia visitando Tierra Santa. Los peregrinos – aseguraba – “no deben tener miedo de venir. A pesar de la tensa situación, en esta tierra, sus rutas no tienen peligros”.

Nos podemos preguntar qué sentido tiene una peregrinación a Tierra Santa en los tiempos actuales o en qué radica el atractivo de aquellos Santos Lugares para los cristianos y no cristianos. Para los cristianos, en particular Nazaret, Belén y Jerusalén significan el lugar de encuentro y de unión de Dios con el ser humano, la irrupción poderosa del Eterno en el tiempo, en la historia humana.

Peregrinar a Tierra Santa significa ponerse en camino, abrir el entendimiento y el corazón, ponerse en actitud de escucha y de encuentro. El desprendimiento y la desinstalación son esenciales para el peregrino. La peregrinación ha de propiciar un camino interior de cambio, de conversión personal. Una experiencia fundamental de estos días ha de ser la escucha atenta de la Palabra de Dios, siempre viva y eficaz, en aquellos mismos lugares geográficos en que fue pronunciada, que como recordaba el papa Pablo VI, permiten “al cristiano ponerse en contacto directo con el ambiente, en el cual “el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1,14).

No vamos a hacer turismo, aunque visitaremos lugares importantes, significativos, y de gran belleza. Pero la finalidad principal es que en estos días experimentemos un renovado encuentro con Cristo, que refuerce nuestra conciencia de que somos discípulos suyos, llamados a dar un testimonio gozoso de la nueva vida que nos ha alcanzado por su misterio pascual. También hemos de hacer camino con los hermanos y descubrir a Cristo en ellos. La peregrinación ayuda a ensanchar los horizontes de la mente y del corazón, facilita el descubrimiento de realidades nuevas y de situaciones que uno no se puede imaginar. En ese camino, también se facilita el encuentro con muchas personas diferentes, y en particular de nuestros hermanos, los cristianos de aquellas tierras, que viven en una situación de fragilidad extrema. De esta manera colaboramos en su subsistencia económica y también les damos aliento con nuestra presencia, particularmente por las calles de Jerusalén.

En definitiva, cada una de nuestras pequeñas existencias es como una peregrinación a la casa del Padre por los caminos del mundo y de la historia. Una peregrinación que se identifica con el seguimiento de Jesús y que él mismo describe: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame» (Lc. 9, 23). Estas palabras expresan la radicalidad y el compromiso de una decisión que no se aviene con las vacilaciones o con el volver la vista atrás. Se trata de una exigencia fuerte, que en su momento impresionó a los discípulos, y que a nosotros también nos llama la atención. Pero no olvidemos que el seguimiento de Cristo, el ideal de vida que él nos propone en el Evangelio, llenará de sentido nuestra existencia, la llenará de amor y alegría.

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa.

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