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Opinión

(II) Itinerario biográfico: Venerable Jerónimo Usera

(II) Itinerario biográfico: Venerable Jerónimo Usera

Itinerario biográfico

4. – Misión en Guinea Ecuatorial (1845-46)

Aun siendo muy apasionante el mundo en el que se estaba integrando como sacerdote e intelectual en el Madrid de su época, no parecía dar satisfacción a sus inquietudes apostólicas y el reclamo de nuevos horizontes misioneros, más allá de una sociedad acomodada, fue más fuerte que todo lo que su Madrid le brindaba. De ahí su salto misionero a tierras de África, en la tórrida Guinea Ecuatorial, colonia española olvidada y dejada a su suerte por el Gobierno. Concretamente la decisión misionera que le llevó a Fernando Poo fue una empresa de riesgo, que pagó muy cara, pues arruinó su salud, al mismo tiempo que significó una iluminación en su vida.

Su fuerza de voluntad iba contra todo riesgo, pero la realidad fue más fuerte, excesivamente inhóspita y desprotegida y la misión apenas duró seis meses. Sin embargo, podemos hablar de fecundidad, a partir de la intensidad con que dio su tiempo y fatigas hasta lo increíble. Cómo en tan poco tiempo pudo recorrer, conocer, tomar tantos datos de la realidad como vemos en su “Memoria de la isla de Fernando Poo” y esto enfermo y sin recursos humanos ni materiales.

Fruto de su trabajo humanista y evangelizador, en toda la ruta de su itinerario misionero africano, pues como tal ejerció desde que puso sus pies en la corbeta Venus hasta su regreso destrozado por la malaria, podemos constatar una fecunda herencia para este pueblo que Usera amó para siempre: Memoria en el pueblo como primer misionero católico en la isla, diseño cartográfico de la misma, reseña descriptiva de su gente, vocabulario y exposición fonológica de la lengua bubi y el haber plantado la Cruz y la Escuela en su rudimentaria casa de palos y ramas.

De Fernando Poo el Padre Usera se trajo el mejor tesoro posible: la amistad de su gente, la nostalgia misionera bloqueada por la enfermedad, la experiencia de la lucha del voluntarismo contra lo imposible, que hizo de él un rendido ante la voluntad de Dios: regresar a España con el mundo de Guinea en el corazón, con la raza negra incorporada a su existencia, hasta dar su nombre y apellido, más tarde, al negrito Mariano Malaquías Siaisa Usera, recién llegado a Puerto Rico, como esclavo en “el barco de la muerte”. A él aplicamos su propia definición del misionero: “… es el enviado del Hijo de Dios, que pregona la paz, que por todas partes difunde la caridad y que ofrece felicidad y ventura a los que lo escuchan: sólo para sí reserva los sufrimientos”. El misionero Usera llevaba en sus entrañas la pasión por la raza negra, como él declara: “Hace tiempo que me he dedicado a defender los derechos de la raza negra, a la que amo en Jesucristo que es el mayor y más desinteresado amor”.

5. – Misionero y servidor de la Iglesia y de la sociedad en las Antillas (1847 – 1891)

Durante este tiempo, casi cincuenta años de servicios en la Iglesia en las Antillas (Puerto Rico y Cuba) podemos considerar dos etapas, pues constatamos que en la entrega de su vida hubo como un corte existencial y místico, que orientó sus objetivos y acción profética en direcciones diferentes: – Una primera etapa en que centró sus energías en el desempeño de cargos eclesiásticos, como lugares de influencia en la transformación global de estructuras y proyectos eclesiásticos desde arriba (de 1847 a 1856). – Una segunda etapa hasta el final de su vida (1891), que sin dejar ciertas responsabilidades en la vida eclesiástica, concentró su dedicación pastoral y pedagogía social en las situaciones concretas de las personas, preferentemente en lugares de pobreza y desvalimiento, desde el suelo, donde sólo llega el abajamiento silencioso y la donación gratuita.

– Primera etapa (Hasta 1864)

Gobernador eclesiástico en Santiago de Cuba- A su regreso de Guinea. Después de un breve descanso junto a su madre ya viuda, le fue concedida una canonjía en Santiago de Cuba, según el informe del Patriarca de las Indias, “por su celo apostólico y por el espíritu que lo anima en favor de la propagación de la fe católica (…) encontrándose habilitado para desempeñar dicho cargo, según la S. Sede Apostólica”. Casi inmediatamente fue promovido para Gobernador Eclesiástico de aquella diócesis. El P. Usera llega a las Antillas con excelentes credenciales en todos los aspectos, en plena juventud y con bastantes experiencias pastorales. Sin embargo, la tierra que comenzaba a pisar tenía ciertas dolencias en el mundillo de los cargos eclesiásticos, que juntamente con su gloria le cargarán una pesada cruz sobre los hombros.

De su gestión en Santiago destacamos:

– La ingente misión de un Plan Pastoral global en el que participaran voluntariamente cuantos fieles pudieran hacerlo, juntamente con los sacerdotes

– La reforma integral del Seminario de San Basilio

– La restauración del Santuario de la Virgen de la Caridad

– Una incansable actividad pastoral, en la que priorizó la educación y catequesis. Su paso por Santiago de Cuba quedará para siempre ligado a la Virgen de la Caridad del Cobre, entrañable para todos los cubanos. El P. Usera dejó una Diócesis organizada y disponible al Obispo Claret, que tomó posesión de su cargo en 1851.

Misión en Puerto Rico (1856 – 1860)

En la Diócesis de Puerto Rico El P. Usera desempeñó diversos cargos eclesiásticos, en una situación bastante difícil, que le costó sufrimiento y amargura, porque le golpeó en la fibra más sensible de su vida, como era la fidelidad y adhesión entrañable a la Iglesia y a la persona del Papa. Desempeñó los cargos de Deán del Cabildo, Vicario y Gobernador Eclesiástico de la Diócesis por breve tiempo, pero bregando con litigios e intrigas no esperadas en una situación de inestabilidad, en medio de vacíos de un Pastor episcopal estable. Estos altos cargos en la Diócesis, vacante de Obispo, eran apetecidos por otros más por “cargos” que por “servicios”, hecho que desembocó en una víctima, el Padre Usera, hasta ser tildado de cismático, el que no hizo sino bandearse sabiamente entre las jurisdicciones del Poder temporal y eclesial, como fiel hijo de la Iglesia. Por todo esto confiesa haberse sentido afligido y molesto. Su gesto de obediencia ciega ante las medidas tomadas por la Santa Sede, ante posibles errores de procedimiento, manifiesta su fidelidad a la Iglesia ante el cabildo de 23 de octubre del 56. Usera dijo que acata, respeta y obedece como fiel hijo de la Iglesia lo dispuesto por su Santa Cabeza el Romano Pontífice.

A pesar de todo, no cedió en nada su responsabilidad pastoral, y libre de responsabilidades candentes en el gobierno de la Diócesis, se centró en varios frentes: evangelización del pueblo, misiones populares, ministerio de la reconciliación, recorriendo las plantaciones, los pueblos abandonados y escuchando a todos en la intimidad del confesonario. Su entrega preferencial a la infancia y juventud desamparada, le llevó a crear la Casa de Caridad y Oficios de San Ildefonso, y su conocimiento de la sociedad esclavista a la defensa de los esclavos negros, dándoles amparo y promoción, en algunos casos heroica, como lo demuestra su asistencia a los llegados en el Majesty, “el barco de la muerte”.

– Segunda etapa: hasta el final de su vida (1860 – 1891)

A partir de sus experiencias en Puerto Rico y libre de altas responsabilidades de gobierno, en la mitad del camino de su vida, con una salud bastante quebrantada, la vida y acción apostólica del Padre Usera podemos decir que se volcó en la solidaridad con los sectores de la sociedad desatendidos, dándose plenamente en las más diversas actividades, siempre convergiendo en el mismo objetivo: los necesitados. Progresivamente se fue olvidando de sí mismo, convirtiendo su vida en un total gesto de gratuidad. Poseído por la fuerza del Espíritu Santo, en su interior se iba gestando el carisma del Amor que dejaría en herencia en distintas formulaciones, para cuantas personas se apuntaran a secundar sus proyectos.

 

(I) Itinerario biográfico: Venerable Jerónimo Usera

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