Rincón Litúrgico

II Domingo del tiempo ordinario, c, (20-1-2019)

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II DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, “C”

LECTURAS

(Is 62, 1-5; Sal 95; 1Co 12, 4-11; Jn 2, 1-11)

“Ya no te llamarán «Abandonada», ni a tu tierra «Devastada»; a ti te llamarán «Mi favorita», y a tu tierra «Desposada», porque el Señor te prefiere a ti, y tu tierra tendrá marido.” (Is 62, 4)

“En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: -«No les queda vino.» (Jn 2, 1-2).

COMENTARIO

Acabamos de celebrar el tiempo de Navidad. Como culmen de la revelación de Dios hecho hombre en el Hijo de María, la Iglesia nos presenta tres manifestaciones de la identidad divina de Jesús: la Epifanía, el día de Reyes; el Bautismo, el domingo pasado y las Bodas de Caná, este domingo.

En Caná de Galilea, Jesús realiza el primer signo por intercesión de su Madre, a la que llama “mujer”. En el contexto de la boda, la Liturgia de la Palabra nos trae como texto concurrente con el Evangelio, la profecía de Isaías, en la que se describe la relación de Dios con su pueblo como un verdadero desposorio.

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El primer signo que realiza Jesús contiene marcados acentos esponsales, y la alianza que se promete en el Antiguo Testamento es llevada a cabo, de manera definitiva, por Jesús, quien se nos presenta como verdadero novio, que consumará su entrega en la Cruz, cuando derrame su sangre, donación anticipada en la noche de la Última Cena, cuando brinda la copa de vino, convertido en su propia sangre.

La presencia de María, a la que su Hijo llama “mujer”, representa la nueva humanidad. Ella es la primera beneficiaria de la Alianza nueva y eterna, y ella se convierte en mujer eucarística, en expresión de san Juan Pablo II.

Estamos invitados no solo al banquete de bodas, sino a ser una misma cosa con Cristo, acontecimiento que se realiza cuando participamos del banquete pascual, de la Eucaristía.

Interpretar el pasaje del Evangelio de san Juan como una anécdota más o menos simpática, en la que Jesús socorre el bochorno de unos novios reglándoles vino bueno, es un reduccionismo de la escena y se pierde el sentido teológico e intencional del evangelista.

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