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II Carta del P. Arnáiz a sus catequistas de las “Doctrinas Rurales”, por fray José Borja

II Carta del P. Arnáiz a sus catequistas de las “Doctrinas Rurales”, por fray José Borja

 

(Málaga),29 enero, 1922.

Srtas. Julia, Carmen y Mª Isabel

Mis buenas Hnas. en Cto. Jesús:

Hoy, día de S. Francisco de Sales, todo dulzura y suavidad, no he de reñirles, y menos trayéndome la noticia de que son tan buenísimas todas y que hacen tanto bien a esas gentes.

Esto no quita que les dé alguna lección acerca del modo de enseñar. Y es que lo hagan como si cada niño fuera un príncipe encomendado por el rey al cuidado de Vds. y entregado para que le instruyeran y educaran sin que su padre le perdiera de vista. Hijos son del Señor por el que Vds. están ahí. Hijos, quizá, más queridos que nosotros, y este Señor, su padre, no nos quita los ojos de encima. Que es igual enseñar religión que lectura o cuentas, no necesitaran que se lo diga. La medicina la compone el jarabe, el agua y la sal o alcaloide medicinal; entre todos hacen la labor y la paga será mayor para quien con más recta intención trabajó y más se esforzó porque se consiguiera el fin.

El tiempo se ha de emplear todo en cada sección y de manera que todos participen de la enseñanza; para eso mirarán el reloj y, si les toca a tres minutos cada uno, no se han de entretener más, y, si se descuidan, porque no es cosa de estar con el reloj en la mano, a los últimos se les abrevia un poco para que a todos se les dé lección, y, al día siguiente, se puede empezar por los que tuvieron menos tiempo el día anterior. No sé si Vds. verán otra cosa mejor, pero yo les quise decir que se estén en la sección, leyendo o escribiendo, etc., hasta que, hecha señal, se pasen todos de una sección a otra. También les dije (y no me debí explicar), que cada sección ha de pasar por todas Vds., de manera que todos son de todas, pues que todos leen, escriben, etc.

No quiero escribir más, pero les ruego pidan mucho al Señor espíritu de caridad que destierre todo egoísmo; y tengan cuidado de anotar cada una cuántas veces suena el yo; y si alguna se encuentra haberse puesto de modelo o dicho: yo no hago lo que esa hace, o cosa semejante, faltando con eso notablemente a la humildad y caridad, debería hacer una penitencia, como besar los pies a las demás o comer estando de rodillas en vez de sentada a la mesa, sin reírse; mejor sería llorando de confusión, al verse tan vacía de lo que va a repartir a otros.

Saben no les olvida ante el Señor su Hno en Cto. Jesús,

T. Arnaiz, S.J.

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