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Ignorar las escrituras es ignorar a Cristo

Esa es, seguramente, la frase más conocida de san Jerónimo. Tras dedicar su vida al estudio y traducción de las Sagradas Escrituras, murió en Belén el día 30 de septiembre del año 420. Al cumplirse catorce siglos de su muerte, el papa Francisco ha escrito una carta en la que recuerda su vida y su dedicación a la Biblia.

En este documento evoca algunas de las obras de arte que recuerdan a san Jerónimo.  Leonardo da Vinci lo presenta como penitente, mientras que Albrecht Dürer lo representa como estudioso. Los dos aspectos  se encuentran unidos en el lienzo de Caravaggio, que se conserva en la Galería Borghese de Roma.

Escribe el Papa que el rasgo peculiar de san Jerónimo es su amor apasionado por la Palabra de Dios, transmitida a la Iglesia en la Sagrada Escritura. El Santo pensaba que además del Nuevo Testamento, es indispensable leer y asimilar también el Antiguo Testamento.

 «La dimensión polémica de sus escritos se comprende mejor si se lee como una especie de calco y actualización de la tradición profética más auténtica». En realidad, san Jerónimo es para nosotros un modelo de testimonio inflexible de la verdad. Si asume la severidad del reproche lo hace para inducir a la conversión.

El Papa ve que la riqueza de las Escrituras es hoy ignorada o minimizada por muchos, así que se debe promover una formación extendida a todos los cristianos, para que cada uno sea capaz de abrir el libro sagrado y extraer de él los frutos inestimables de sabiduría, de esperanza y de vida.  

Muchas familias cristianas no se sienten capaces de dar a conocer a sus hijos la Palabra del Señor, con toda su belleza y su fuerza espiritual. Por eso Francisco ha instituido el Domingo de la Palabra de Dios, animando a la lectura orante de la Biblia, para que dé sentido a todas las manifestaciones de la religiosidad y nos lleve a la adhesión plena al misterio de Cristo.

Con su traducción de la Biblia, Jerónimo logró inculturarla en la cultura latina y convertirla en un paradigma para la acción misionera de la Iglesia. Sin traducción, no hay encuentro  entre las culturas, no hay hospitalidad y se fortalecen las acciones de hostilidad.  No existe comprensión sin traducción.

Según el Papa, uno de los problemas actuales, no solo de la religión, es el analfabetismo. Por eso exhorta a los jóvenes a que vayan en busca de su herencia. «El cristianismo los convierte en herederos de un patrimonio cultural insuperable del que deben tomar posesión. Apasiónense de esta historia, que es de ustedes».

Francisco nos pregunta: «¿Cómo no escuchar, en nuestros días, lo que Jerónimo exhortaba incesantemente a sus contemporáneos: «Lee muy a menudo las Divinas Escrituras, o mejor, nunca el texto sagrado se te caiga de las manos»? Es un mensaje siempre necesario. Que el centenario de la muerte de san Jerónimo sea una llamada a amar lo que él amó.

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