Firmas

Iglesia, ¿qué dices de ti mismas?: a los 50 años del Concilio Vaticano II, por José-Román Flecha Andrés

El Concilio Vaticano II sigue siendo importante: por el espíritu que lo impulsó, por el diálogo universal al que dio lugar, por las esperanzas que suscitó, por la riqueza de sus reflexiones y orientaciones.

Entre los 16 documentos en los que se recoge su doctrina, sobresalen las cuatro constituciones. En la constitución Lumen gentium, la Iglesia reflexiona sobre sí misma, como para  responder a la pregunta que abre esta reflexión. Se pregunta quién es, cómo ha nacido y a dónde la conduce su esperanza.

La Iglesia no se ha dado origen a sí misma. No es un invento humano, aunque a veces lo parezca.

Los textos bíblicos la presentan como el redil que tiene a Cristo como puerta, y el rebaño que lo reconoce como pastor. La Iglesia es la labranza o arada de Dios, destinada a dar frutos de vida. Es la edificación que tiene a Cristo como piedra angular, la nueva Jerusalén y la esposa del Cordero sin mancha.

Como se sabe, la Constitución presenta a la Iglesia como pueblo de Dios.  Mientras que Cristo no conoció el pecado, la Iglesia abraza en su seno a los pecadores. “Es a la vez santa y siempre necesitada de purificación, y busca sin cesar la conversión y la renovación”. Es ésta una de las afirmaciones más repetidas de esta Constitución.

El Concilio recuerda que, entre los miembros de la Iglesia, el Espíritu ha derramado sus dones y carismas. Este pueblo de dimensión universal, está llamado a un diálogo con otros cristianos no católicos y aun con los fieles de otras religiones.

A continuación, se menciona a los diversos estados que se dan dentro de la Iglesia. Tras exponer la doctrina católica sobre los obispos, los presbíteros y los diáconos, el Concilio se refiere ampliamente a la misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo: “Cada laico debe ser ante el mundo un testigo de la resurrección y de la vida del Señor Jesús y una señal del Dios vivo” (LG 38).

Todos los miembros del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, están llamados a la santidad, siguiendo a Cristo, pobre, humilde y cargado con la cruz, Maestro y Modelo de toda perfección.

A instancias de Juan XXIII, el Concilio analizó la índole escatológica de la Iglesia peregrinante y su unión con la Iglesia celestial. La Iglesia está en camino y vive en la esperanza del encuentro con el Señor y con los mejores de sus hijos. La relación entre los vivos y los difuntos está marcada por un amor que es más fuerte que la muerte y por la virtud de la esperanza.

Finalmente, la Iglesia del Concilio se mira en el espejo de Maria. “Como la Madre de Jesús, glorificada ya en los cielos en cuerpo y alma, es imagen y principio de la Iglesia que tendrá su cumplimiento en la vida futura, así en la tierra precede con su luz al peregrinante Pueblo de Dios como signo de esperanza cierta y de consuelo hasta que llegue el día del Señor” (LG 68).

A ella se vuelve la Iglesia para pedir los dones  de la unidad, de la paz y de la concordia en un solo Pueblo de Dios.

 

José-Román Flecha Andrés

GD Star Rating
loading...
GD Star Rating
loading...
Print Friendly, PDF & Email

Sobre el autor José Román Flecha Andrés

José Román Flecha Andrés, sacerdote, catedrático de Teología Moral, especializado en Bioética,

José Román Flecha Andrés

José Román Flecha Andrés, sacerdote, catedrático de Teología Moral, especializado en Bioética,

Añadir comentario

Haga clic aquí para publicar un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.