Opinión

Iglesia pobre, para los pobres… corrientes

Iglesia pobre, para los pobres… corrientes, por Rosa Corazón

Lo noté contento…

¿Puedes hablar?, me dijo. Sí, voy por la calle, le respondí.

¿Desde dónde me llamas?, le interrogué. De mi móvil a tu móvil., fue su respuesta.

Ah, vale, le dije.

Tengo todos los documentos, sólo me falta uno. Y concluí que ese era el motivo de su llamada y de su alegría.

Continúo diciéndome sobre el documento que le faltaba: Se lo encargué a unos familiares que viven en esa ciudad, pero… se ve que no han hecho mucho.

Y, de pronto, se me ocurrió, me dijo: Voy a llamar yo por teléfono a la Catedral para pedirlo; no me harán ni caso, pero bueno, lo intento… No pierdo nada.

Y cual fue mi sorpresa… Primero me cogió una monjita encantadora, que no me puso ningún y me pasó con un señor, que era el encargado, y estuvo muy amable conmigo.

¿Qué desea?, me preguntó y se lo expliqué. Deme los datos, por favor, Y se los di.

También tuve que decirle, pero es que yo no vivo en esa ciudad, vivo fuera… El encargado no encontró obstáculo a lo que le estaba diciendo y simplemente me dijo: deme su domicilio y, no hay problema, le mandamos el Certificado por correo.

Y cuál es mi sorpresa que hoy, a los pocos días, abro el buzón y… estaba allí.

Ah, se me olvidaba decirte, continuó contándome

Le pregunté al del Registro: ¿Cuánto tengo que pagarles? No, no, nada, es la voluntad, lo que usted quiera.

Bueno, le dije, cuando vaya allí en Semana Santa, con todo mi agradecimiento, daré mi donativo al Cristo de la Catedral.

Rosa Corazón

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