Revista Ecclesia » Iglesia e IRPF: Cuestión de derechos y de principios – editorial Ecclesia
Editorial Revista Ecclesia
Editorial Revista Ecclesia
Opinión

Iglesia e IRPF: Cuestión de derechos y de principios – editorial Ecclesia

Iglesia e IRPF: Cuestión de derechos y de principios

Nos hallamos en pleno periodo de presentación de la anual declaración de la Renta. En ella, y como acontece desde hace más de un cuarto de siglo, los contribuyentes están llamados también a ejercer un derecho a la hora de asignar una parte muy pequeña –casi ínfima- de sus impuestos. Es la llamada asignación tributaria para la Iglesia católica. Este ejercicio no es un capricho, una veleidad del legislador, ni un privilegio o trato de favor o un confesionalismo religioso católico encubierto. Es un derecho. Un derecho que ejercitan libre y soberanamente cada año los contribuyentes españoles.

A menudo nos quejamos de que, a pesar de vivir en una sociedad democrática, apenas se nos consulta en lo concreto, en lo cotidiano, en las grandes o pequeñas decisiones que nos afectan como ciudadanos y como contribuyentes. No es así, desde hace casi tres décadas, a la hora de destinar un porcentaje –desde 2007, el 0,7%; con anterioridad, el 0,5%- del destino de nuestros impuestos, que, en cualquier caso, nos serán gravados. ¡Pues para una vez que nos consultan, y nos consultan cada año…, bueno será hacer de ello un ejercicio, una declaración de principios, de libertad, de coherencia, de fidelidad, de solidaridad! Una declaración también de valores, de fe y de amor.

Desde 2006, apenas punto y medio ha variado, y siempre con tendencia sostenida al alza, el porcentajes de X a favor de la casilla de la Iglesia católica en la declaración de la renta. Esta se sitúa en los umbrales del 35% de las declaraciones. Esto es indudablemente una buena señal. Una señal de madurez, de equilibrio, de responsabilidad. Unos nueve millones de españoles asignan esta X libre, solidaria y de fe.

Una cifra similar de españoles son los que acuden cada domingo a misa, por citar otro índice cuantificable de la vitalidad de nuestra Iglesia. Sin que lo anterior quiera decir o dejar de decir que son los mismos o parecidos, lo cierto es que sí tenemos argumentos e indicios para pensar que, aunque el catolicismo español esté perdiendo fuerza numérica, cantidad, sí mantiene un importante y coherente número de católicos, que, a contracorriente y en medio de las dificultades y debilidades inherentes a la condición humana, siguen siendo fieles, sí conservan sus principios y apuestan por la coherencia y la responsabilidad de ayudar a su Iglesia para que esta ayude a tantos que necesitan tanto.

Sí, quizás la Iglesia “pierda”  numéricamente efectivos humanos, pero puede estar ganándolos –ojalá- en calidad, en coherencia, en constancia, en fidelidad, en corresponsabilidad, aun cuando, en la Iglesia cabemos todos. Y es que, como nos recuerda el Papa Francisco, la Iglesia, fiel a su vocación de universalidad y de entrañas de misericordia, es una casa de puertas abiertas, es regazo entrañable y acogedor de madre, no una aduana o una frontera que para franquearla haya que mostrar certificado alguno de pureza de sangre

Esta vocación universal de la Iglesia significa asimismo que esta, la Iglesia, no es para sí misma, sino para los demás, especialmente para los más necesitados. Una Iglesia, sí, pobre y para los pobres. Por ello, la Iglesia, con sus recursos económicos –los que provienen del IRPF y  los que llegan de tantos donativos altruistas- no pregunta, a quien en ella busca acogida, su credo, su raza, su color, ni sus proyectos de futuros. Siempre ha sido así. Siempre ha debido ser así. Pero quizás ahora, con la llamada “Primavera del Papa Francisco” y su indudable, benéfico y arrollador efecto, lo entendemos, lo sentimos y somos interpelados a ello más y mejor. Y de ahí, el acierto de que la Campaña Pro Asignación Tributaria para la Iglesia Católica 2014 abunde en la idea de que esta declaración es una declaración de principios.

La crisis económica, que desde más de seis años tanto nos golpea, solo será superada en su raíz desde los principios, desde los valores. Y los principios y los valores que conllevan apoyar con la X a la Iglesia católica en la declaración de la renta van por este camino de superación de la crisis. Son los caminos de la justicia y de la solidaridad. Los caminos de la fe y del amor. Los caminos de contribuir a crear una sociedad mejor. ¿Te apuntas? Apúntate con tu X en el casillero de la Iglesia católica, y también, ¿por qué no?, en la de los fines de interés social.

 



O si lo prefieres, regístrate en ECCLESIA para acceder de forma gratuita a nuestra revista en PDF

HAZME DE ECCLESIA

Añadir comentario

Haga clic aquí para publicar un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Cada semana, en tu casa