Iglesia en España Última hora

Iglesia abierta: 70 veces 10 (parte 3ª)

¿Qué hace la Iglesia durante la pandemia? Esta pregunta se han hecho muchas personas que no la han sentido lo suficientemente presente. Y, sin embargo, la Iglesia nunca vino… porque ya estaba: unas veces visible, otras invisible y otras invisibilizada, bajo el nombre de una institución, congregacion o diócesis, y siempre en rostros con nombres y apellidos.

Sin contagios, con humanidad

El hogar Betania de Murcia, una residencia de mayores de la diócesis de Cartagena, tuvo la suerte de esquivar el coronavirus en los peores momentos de la pandemia. Además de un poco de suerte, detrás está el buen hacer de un equipo liderado por Alfonso Martínez. «Antes de que el Gobierno nacional tomase medidas llevábamos varios días sin visitas, ni entradas ni salidas de residentes», explicaba a ECCLESIA Martínez.
Aquellos momentos no fueron fáciles. Conseguir las mascarillas en los primeros días fue posible solo por el apoyo de la diócesis. «Había poco y a precios abusivos. Ya luego veremos cómo cuadran las cuentas», reconocía. Los trabajadores alargaron sus turnos de 8 a 12 horas su jornada laboral para limitar el riesgo de contagio, pasando de tres a dos turnos diarios. Además de las medidas sanitarias, durante el confinamiento han encontrado la manera de celebrar la Semana Santa o la Cruz de Mayo.

Por Youtube, Facebook o frecuencia modulada

Internet ha permitido que muchos vínculos siguieran manteniéndose pese a la distancia. Muchas parroquias en toda España optaron por retransmitir sus celebraciones a través de sus canales de Youtube o perfiles de Facebook. Es el caso de un buen número de ellas en la diócesis de Ibiza. Incluso una de las eucaristías dominicales se retransmitía en filipino, desde la parroquia de la Sagrada Familia de Can Bonet.
El confinamiento coincidió con varias actividades y celebraciones que tienen amplio seguimiento como el novenario del Santísimo Cristo del Cementerio, que comenzaba el 21 de marzo y terminaba el 29. Gracias a la página de Facebook de la cofradía se pudo celebrar en aquellos primeros compases del estado de alarma.
Conscientes de que la brecha digital podía ser un obstáculo para muchas personas, que por no tener buena conexión a la red o por no disponer de las destrezas suficientes para su manejo se quedaban sin participar de las celebraciones, la parroquia Sant Francesc de Formentera emitió las misas dominicales de las 12 horas a traves de Radioilla en el dial 107.9 FM.

Cáritas Girona sabe que la educación a distancia no es igual para todos

En Girona, los servicios educativos de Cáritas diocesana han atendido a 820 niños y adolescentes de Primaria y Secundaria durante todo el año. Son, precisamente, los que más dificultades han tenido también para adaptarse a la nueva situación de educación. Según Cáritas, se trataba de familias, en muchos casos, «que viven en infraviviendas, sin recursos económicos, protagaonistas de historias de violencia familiar, con enfermedades, o con hijos de necesidades educativas especiales, entre otros». Ante ello, intentaron «que todas estas condiciones y circunstancias no agraven aún más los efectos del confinamiento sobre los procesos educativos».
En la distancia, el personal de los proyectos educativos siguió escuchando, acompañando y resolviendo dudas que generaban cuestiones no solo educativas, sino también económicas, laborales, de vivienda, salud, siempre que fuera posible en coordinación con otros agentes sociales. El mensaje a las familias: «No están solas».

Las residencias de Coria-Cáceres, libres de COVID

Días antes del estado de alarma, en previsión de la situación que se avecinaba, la diócesis de Coria-Cáceres creó un gabinete de crisis para gestionar la situación en las residencias vinculadas a las instituciones diocesanas. «Estamos muy agradecidos a la entrega de todos los profesionales de las mismas y a cuantos se han esforzado y cooperado para que tuvieran los medios de protección suficientes. Afortunadamente, en ninguna de estas siete residencias se ha producido ningún caso de infección por COVID-19».
Se han realizado informes diarios de seguimiento desde el inicio de su creación y se han analizado las incidencias producidas en este tiempo. Además, nuevamente la rápida gestión de los primeros pedidos de EPIS antes de la declaración del estado de alarma y su recepción, ayudó a la protección de trabajadores y residentes.
Ahora, al decaer el estado de alarma, este gabinete ha quedado como «centinela» de la evolución de la situación. «Ha sido duro para todos, trabajadores y residentes. Pero la cara de felicidad en los primeros reencuentros traspasa las mascarillas y la distancia».

Fieles e Iglesia «conectados»

Si algo nos ha regalado este tiempo de confinamiento, ha sido el descubrimiento de «otros» espacios de evangelización. Así lo expresan desde la delegación de Medios de Comunicación de la diócesis de Zamora, que desde que se decretó el estado de alarma elaboró una nueva «parrilla» de programación religiosa donde fieles e Iglesia local siguieron «conectados». Momentos de reflexión, oración y encuentro a través de las redes sociales «que dieron respuesta a una necesidad y que se convirtió en espacio de evangelización en el que el pueblo de Dios encuentra alimento», expresan satisfechos desde la delegación, que han llegado incluso a los pueblos más pequeños de la diócesis zamorana.

«Hemos acompañado a familiares y a enfermos, pero también a los sanitarios cuando no podían más»

Salvador Rengifo, capellán del Hospital Virgen de la Luz de Cuenca trabajó 24 horas al día durante semanas acompañando a los enfermos, pero también a muchos sanitarios cuando «no podían más. Estaban desbordados y con muchas horas de trabajo a sus espaldas».
Rengifo nos explicó cómo durante la pandemia «eran los familiares quienes venían a buscarnos, porque muchas veces necesitaban ese desahogo espiritual para estas situaciones para las que no estábamos preparados».
Además, junto a otros dos sacerdotes, este capellán «sustituía» a los familiares que «no pudieron estar aquí y aprovechábamos para intentar aportar algo de tranquilidad y sosiego». El capellán del centro hospitalario destacó que uno de los elementos que más les llamó la atención fue la soledad extrema mucha gente durante este periodo: «Nos hemos encontrado a personas que no tienen a nadie, que no tienen familia, que han tenido que depender de los servicios sociales de su pueblo o del propio Ayuntamiento para poder recibir una sepultura, un entierro. No te lo esperas».

Zaragoza: «Despedidas dignas»

Las familias que quisieron dar una sepultura cristiana a sus difuntos en la archidiócesis de Zaragoza, pudieron hacerlo incluso en el estado de alarma. El sacerdote Manuel Romanos, párroco de Garrapinillos y Sobradiel, se multiplicó, al igual que todo el equipo de presbíteros y diáconos del cementerio de Torrero, para prestar esa asistencia religiosa en los enterramientos. Desde la archidiócesis aseguran que especialmente durante la pandemia «han luchado para construir una sociedad más humana, justa y fraterna».
Por eso, ante una pandemia como la actual, «no hemos dudado en redoblar el compromiso para ayudar a los damnificados del coronavirus, ofreciendo acompañamiento, comidas, oración, instalaciones, voluntarios… Sobre todo, esperanza».

Getafe: «Más de 150 comidas diarias, de lunes a domingo»

La vicaría episcopal de Pastoral Caritativa y Social de la diócesis de Getafe, en colaboración con la Parroquia Santa Teresa de Jesús, inauguró un comedor social en mitad del confinamiento, el pasado 24 de abril.
El vicario episcopal, Aurelio Carrasquilla, destacó que «cada vez hay más familias en situación de vulnerabilidad y la diócesis de Getafe ha dado un paso al frente para ayudar a todos los que lo necesitan». Se han servido una media de 150 comidas al día, elaboradas por los voluntarios de la Asociación san Ramón Nonato que los usuarios recogen y se llevan a su casa.
«Pensamos que en un futuro inmediato se irán ampliando el número de comidas para dar cobertura a toda la población getafense».

Guadix: Más de 100 comidas para niños

El colegio Padre Poveda de la diócesis de Guadix prestó su servicio de comedor para ayudar a más de 100 niños durante el tiempo de confinamiento. Esta asistencia tuvo que reinventarse para hacer llegar la comida a los más pequeños del barrio de las Cuevas. Varios grupos de voluntarios hicieron posible que, durante los tres meses de alerta sanitaria, los escolares recibieran en sus casas los platos preparados por las cocineras del centro. El colegio celebró el pasado 22 de junio un acto de agradecimiento a Protección Civil, Policía Local y Bomberos, que se encargaron de repartir las comidas cuando nadie podía salir a la calle por el confinamiento. Además, reconoció la labor de «tantas manos» que hicieron posible «tanto bien durante la crisis sanitaria» y que esperan poder seguir haciéndolo para alimentar a las familias más vulnerables de la diócesis.

Mañana más…

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