Iglesia en España Última hora

Iglesia abierta: 70 veces 10 (parte 1ª)

¿Qué hace la Iglesia durante la pandemia? Esta pregunta se han hecho muchas personas que no la han sentido lo suficientemente presente. Y, sin embargo, la Iglesia nunca vino… porque ya estaba: unas veces visible, otras invisible y otras invisibilizada, bajo el nombre de una institución, congregacion o diócesis, y siempre en rostros con nombres y apellidos.
El culto público se cerró, pero las eucaristías siguieron retransmitiéndose y la audiencia de la misa de la tele subió como la espuma durante el confinamiento. Muchos en la Iglesia han experimentado una conversión digital acelerada, otros ya estaban presentes en las redes. Enseguida, la Iglesia reaccionó. Cuando alguien tenía hambre, muchos en la Iglesia les dieron de comer; algunas Cáritas multiplicaron por tres sus peticiones de ayuda. Cuando los inmigrantes se convirtieron en uno de los colectivos más afectados de la crisis, los edificios de la Iglesia les dieron cobijo. Cuando muchos no pudieron pagar sus recibos de agua o luz, ahí estaba, una vez más, una mano amiga de la Iglesia. Los enfermos, que fueron muchos, recibieron el alivio del acompañamiento profesional de muchos sanitarios: algunos en hospitales católicos, otros en hospitales públicos, donde muchos creyentes viven como levadura la vocación del servicio, ya sea como limpiadores, auxiliares, enfermeros o doctores. Hasta los muros más gruesos, en donde los presos vivieron un confinamiento doble, hubo alguien en la Iglesia que se ocupó de hacer llegar un mensaje de aliento y esperanza.
Son tantos los ejemplos que sería imposible abarcarlos. Nos conformamos con contar 70 ejemplos, uno por cada diócesis. La CEE, ECCLESIA, TRECE y COPE hemos querido ofrecer 10 historias y ahora se han multiplicado hasta el infinito con las diócesis, congregaciones y otras instituciones.

Una llamada y una respuesta

Sacerdotes, religiosas, hermandades y fieles fueron llamados por el obispo de Ciudad Real, Gerardo Melgar, a la colaboración para una cuenta especial de Cáritas. En apenas un mes, la contribución llegó a los 117.131,34€, de los cuales casi la mitad habían sido aportados directamente por el obispado. 28.500€ por los sacerdotes, 26.000€ por parroquias y hermandades, laicos con más de 10.000 y varios anónimos por algo más de 2.000 euros. Esta aportación extraordinaria y ejemplar por parte de los sacerdotes y fieles hizo posible que, por ejemplo, Cáritas Ciudad Real apoyara en un mes a más de mil familias con ayudas básicas como alimentación, higiene, o escucha telefónica a quienes lo necesitaban en los peores momentos.

En las cofradías piensan en los mayores

La cofradía del nazareno de Berja (Almería), dedicó buena parte de sus esfuerzos al acompañamiento a los mayores de la residencia «Ciudad de Berja», en un proyecto conjunto con Cáritas. Al estilo antiguo de los amigos por correspondencia, pero en este caso los envíos eran de vídeos, de ida y vuelta, y personalizados. Así, los mayores no solo recibieron videos, sino que, además, los enviaron y se hicieron partícipes activos en el periodo más duro del confinamiento. De esta manera, la cofradía, que no iba a poder salir en procesión durante la Semana Santa, siguió con su actividad caritativa, en el mejor sentido de la palabra, como muchas otras a lo largo de toda la geografía española.

«El Granero de José», un fondo de emergencia de Cáritas Castrense

De todas las Cáritas diocesanas de nuestro país, la del arzobispado Castrense es la más reciente, creada en 2012. En esta crisis, la solidaridad de la familia militar creyente ha sobrepasado su profesionalidad en los momentos más duros de muchas maneras. Una de ellas, la creación de «El Granero de José», un fondo de emergencia que recaudó más de 40.000 euros cuyas ayudas se destinan a las familias golpeadas por el COVID-19, en cuatro áreas diferentes: alimenticia, sanitaria, habitacional y escolar. Esta iniciativa ha reforzado la organización de las Cáritas parroquiales Castrenses, que son ya 37 en España.

Se puede correr aunque estemos confinados en casa

Torrejón de Ardoz ha sido una de las localidades más afectadas por la pandemia. Se calcula que más de un 20% de la población de este municipio ha pasado o está pasando el COVID-19 según el estudio de seroprevalencia realizado a más de 100.000 habitantes de la localidad. En medio de esta realidad tan dura, el 3 de mayo se organizó una carrera virtual solidaria para Cáritas diocesana de Alcalá de Henares. «Corre, rueda, camina, gatea. Todo vale para ayudar a quien lo necesita», era el lema elegido. Aquella fue una de las muchas donaciones que recibió Cáritas y que les ha permitido, durante los momentos más duros, dar la ayuda más básica a quienes lo necesitaban. Además, durante todo el estado de emergencia un buen número de pequeñas empresas y particulares han colaborado con productos de higiene o alimentos.

Albacete compra cuatro respiradores

El 1 de abril, el doctor Ramón Peyró, jefe del servicio de Anestesiología y Reanimación del Hospital General Universitario de Albacete, lanzaba la siguiente llamada desesperada: «Estamos ya sin respiradores. Las dos UCIs están llenas y tenemos que meter a los pacientes de COVID en los quirófanos porque no tenemos espacio. Nos habían prometido 157 respiradores desde el Servicio de Salud de Castilla-La Mancha, pero nos llega la ayuda más por particulares que por la administración. Tengo que agradecer a los celadores, auxiliares, enfermería y a los médicos el esfuerzo que realizan. Triunfaremos».
La Iglesia de Albacete reaccionó con rapidez, gestionando en apenas unos días la compra de cuatro respiradores. Dos de ellos financiados por las parroquias de la diócesis, y dos de ellos directamente por el obispado. En total, fueron en torno a 150.000 euros para tratar de paliar la situación. El obispado aportó también un aparato portátil de rayos X. La comunidad autónoma y otras entidades también financiaron respiradores, y a finales de junio, la provincia contaba con casi 60 de ellos.

Atravesando muros impenetrables

La Pastoral Penitenciaria tuvo que dejar de lado las visitas a las prisiones durante las semanas más duras del confinamiento. En medio de aquella situación, surgieron iniciativas como la de Córdoba para mantenerse en contacto con los presos. «Sabemos que estas circunstancias están siendo muy complicadas y nos han pedido suspender las visitas para evitar contagios del exterior», explicaba el sacerdote José Antonio Rojas, director del secretariado de Pastoral Penitenciaria de la diócesis de Córdoba. Con el objetivo de no dejarles solos, desde la dirección de la cárcel se facilitó un correo electrónico para que los miembros de esta pastoral enviaran mensajes de ánimo a los presos. Además, y teniendo en cuenta que muchos de los internos carecían de medios, desde la Iglesia cordobesa se les facilitaron 100 tarjetas telefónicas, de manera que pudieran continuar en contacto con sus familiares y seres queridos en aquellas semanas en las que las medidas fueron más restrictivas.

Barbastro: Un lugar de descanso en lo peor

Las seis capuchinas de Barbastro trabajan habitualmente en la fabricación de dulces y, cuando se vieron obligadas a parar su actividad, comenzaron a pensar en qué podían aportar de positivo. La solución era fácil: pusieron su hospedería al servicio de los sanitarios que trabajaban en el Hospital de Barbastro, y acogieron a cinco de ellos. Así, los sanitarios evitaban tener que desplazarse a sus domicilios: por un lado, mayor disponibilidad del personal sanitario lideradas por la madre Florence, elegida en 2018 para el servicio siendo la más joven en la historia de este convento fundado en el siglo XVII, se apresuraron a ofrecer sus instalaciones.
De esta manera, durante los peores momentos de la epidemia en la provincia de Huesca, varios trabajadores pudieron descansar sin miedo a contagiar a sus familiares y, además, cuidados por las tres capuchinas españoles y tres keniatas de la comunidad. Por si fuera poco con esta labor de acogida, las monjas también se sumaron a los numerosos conventos de toda España que confeccionaron mascarillas protectoras en los momentos de mayor carestía.

Mañana más…

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