Rincón Litúrgico

I Miércoles de Adviento. Anunciación

Las pinturas de Fray Angélico son muy conocidas, y entre ellas, sobre todo las representaciones de la Anunciación del ángel a María. En el convento de Florencia, donde vivió el fraile pintor, se pueden admirar sus frescos en las distintas celdas de los frailes.

Como hemos observado en otras obras, la postura del Ángel, de pie, y la de María, arrodillada, quieren representar el anuncio previo a la Encarnación, momento en el que el cielo suspende su acción hasta escuchar de labios de la Nazarena: “Hágase en mí según tu Palabra”.

En cambio, si observamos el siguiente cuadro, podemos dividirlo en cuatro secciones: una la ocupa el jardín primero del Paraíso, donde un ángel expulsa a Adán y a Eva del recinto, pero a su vez, tres cuartas partes del lienzo lo llena el saludo del Ángel, que se vuelve hacia María, y se inclina profundamente.

Si observamos el modo de vestir de María, reconocemos que el autor ha querido representar en este caso, no solo el anuncio a la Virgen de que va a ser madre, sino el misterio de la Encarnación, pues ella viste de rosa, y el manto es azul.

Es indudable que el artista se hace eco de la Historia de Salvación, y allí donde tuvo lugar la desobediencia, en el jardín, ahora tiene lugar la obediencia, en la intimidad protegida del seno de María, jardín de Dios.

María deja el libro de la oración sobre sus rodillas para abrazar el misterio que toma carne en su vientre, por la acción del Espíritu Santo, que vuela desde el cielo para cubrir –al igual que la nube la tienda del encuentro- el nuevo santuario de Dios. Y el Verbo se hace carne.

Al comparar los espacios, se puede interpretar que donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia. El que venció en un árbol, en un árbol ha sido vencido. La desobediencia de Eva, ha sido reparada por la obediencia de la nueva Eva, María.

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