Rincón Litúrgico

I Martes de Adviento. Anunciación

Contemplamos La Anunciación, de Rogier van der Weyden (1455). Óleo sobre tabla. Medidas: 138 cm x 70 cm. Pinacoteca Antigua. Munich.

La escena es interior, y vemos en ella a los dos personajes que la llenan: el arcángel San Gabriel, de pie, con túnica blanca y la Virgen Nazarena, arrodillada, con vestido y manto azules. Tanto la posición de ambos como el color de sus vestidos revelan la intención del autor de detenerse a contemplar el momento íntimo, anterior a la Encarnación.

María, que está leyendo las Escrituras, ha debido de sentir una moción o llamada que la hace volver la cabeza para escuchar la voz interior.

El tálamo sin deshacer y el jarrón de azucenas son los signos más expresivos de la concepción virginal del Verbo en el seno de la Nazarena.

El Espíritu Santo atraviesa el cristal de la ventana, sin romperlo, y trae a la memoria la descripción que se hacía en el catecismo del misterio de la Encarnación, como rayo de sol que atraviesa el cristal sin romperlo ni mancharlo.

El autor tiene una hija cartuja, y quizá, como pasa en otras obras, de manera especial en el Calvario, pinta a los personajes de blanco.  En el caso de la Anunciación, a san Gabriel, quizá en obsequio a quien viste el hábito religioso sin teñir, mientras que a María la reviste con amplio manto de color azul, como a persona elegida del cielo.

El color rojo siempre manifiesta el amor, y la escena está sobre fondo rojo, pero la acción amorosa de Dios se aparta del modo natural y biológico de engendrar y concebir, según proclama la fe católica: “Creo en Jesucristo, que nació de santa María Virgen.”

Tiempo de Adviento, de disponer nuestro corazón limpio, para que la Palabra de Dios se aposente dentro de nosotros y nos sintamos colmados del amor divino.

Print Friendly, PDF & Email