Rincón Litúrgico Semana Santa

Hora Santa

Hora Santa

Jesús, déjame acompañarte esta noche, aunque sé que hay momentos en la vida que estorba todo. Pero Tú quisiste que en ocasiones te acompañaran tus amigos y esta noche, de manera especial, los invitaste a estar junto a ti en el lugar más íntimo del huerto, donde angustiado, rezabas a tu Padre.

Sé que Él no te dejó solo, y te envió a su Ángel para que te consolara. Quizá fue tu mismo Padre quien te mostró el cáliz que debías beber, cuando, según el autor sagrado, se te apareció un ángel del cielo que te confortaba (Lc 22, 43).

Jesús, no pienses que no veo la diferencia entre los momentos recios que sufrieron tus discípulos y este que te toca pasar esta noche. Perdona que me atreva a recordarte las mismas palabras que decías a los tuyos, cuando en la travesía del Lago de Galilea se sentían perecer, llenos de miedo, y Tú les llamaste la atención: “Hombres de poca fe, ¿por qué teméis?” (Mt 8, 26). «¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe?» (Mc 4, 40). Y a tu amigo Pedro, cuando al echarse al agua se hundía, “viendo la violencia del viento, le entró miedo y, como comenzara a hundirse, gritó: «¡Señor, sálvame!», y al punto le tendiste la mano, lo agarraste y le dijiste: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?» (Mt 14, 30-31)

En diversas ocasiones, la reacción de los tuyos fue como de gente miedosa, como cuando en el monte alto, “cayeron rostro en tierra llenos de miedo” (Mt 17, 6). Sé que Tú confías en tu Padre, y que fiado en Él te dispones a asaltar la muralla y a meterte en la refriega. Estoy seguro de que no dudaste de su amor entrañable, aunque tu naturaleza humana se resistiera. Esta reacción nos deja la prueba de la hondura con que asumiste ser uno de nosotros.

Esta noche, mis palabras no son como las que te dijeron algunos, “Médico cúrate a ti mismo”, sino de acompañamiento. Seguro que en tu interior se esconde en esta hora fatal el amor secreto que te movió a asumir, obediente, la voluntad de Dios. En los momentos más recios se te oye balbucear: «Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lc 22, 42).

Si Tú, en esas circunstancias llamaste a Dios “Papá”, ¿qué te dijo el Ángel consolador, para que saliera de tus labios la aceptación más confiada: “Que no se haga mi voluntad, sino la tuya”, y de estar postrado en tierra, sudoroso, triste, te levantaste decidido a entregarte en manos de tus enemigos? ¿Acaso escuchaste en tu interior la resonancia de aquellas palabras primeras que se oyeron en el Jordán: “Este es mi Hijo, el amado”?

Por tu oración debió ser una propuesta entrañable, si produjo en ti una declaración tan íntima, cariñosa, como la que pronuncia un niño ante su padre: “Abba”, Papá.

No hace falta que te lo diga, el salmista aconseja: “Espera en el Señor, sé valiente, espera en el Señor, que volverás a alabarlo”. “Si el afligido invoca al Señor, Él lo escucha y lo libra de sus angustias”.

Jesús, Tú eres creyente, no tengas miedo, confía, tu dijiste a los tuyos que su tristeza se convertiría en gozo. Seguro que Tú conoces el secreto que transfigura la realidad más dura en esperanza, e intuyes esta última noche como posibilidad del amor más grande. Gracias.

GD Star Rating
loading...
GD Star Rating
loading...
Print Friendly, PDF & Email
Etiquetas

Ángel Moreno Sancho

Angel Moreno Sancho es Sacerdote de la Diócesis de Sigüenza-Guadalajara, donde desarrolla su ministerio pastoral como capellán del monasterio cisterciense de Buenafuente del Sistal, y párroco de diversos pueblos de su entorno. Es también Vicario Episcopal para los Institutos de Vida Consagrada de su Diócesis y Delegado episcopal para el Año Santo Compostelano.

Añadir comentario

Haga clic aquí para publicar un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.