Revista Ecclesia » Homilías y ángelus para IV Domingo de Pascua, A (11-5-2014)
Juan Pablo II Benedicto XVI
Rincón Litúrgico

Homilías y ángelus para IV Domingo de Pascua, A (11-5-2014)

Homilías y ángelus para IV Domingo de Pascua, A (11-5-2014)

Textos recopilados por fray Gregorio Cortázar Vinuesa, OCD


NVulgata 1 Ps 2 EBibJer2ed (en) – Concordia y ©atena Aurea (en)

 

(1/2) Benedicto XVI, Regina caeli 15-5-2011 (de hr es fr en it pt)

(2/2) Juan Pablo II, Homilía en la parroquia de santo Tomás de Aquino 10-5-1981 (es it pt):

«”Yo soy el Buen Pastor, conozco a mis ovejas y mis ovejas me conocen a mí” (Jn 10, 14).

Estas palabras de Cristo resuenan hoy en el centro de la liturgia del IV domingo de Pascua, en el canto del Aleluya. Con estas palabras quiero honrar con vosotros, queridos hermanos y hermanas, a Cristo resucitado. Él, mediante su pasión y muerte, se ha revelado como Pastor que da la vida por sus ovejas, y en su resurrección nos ha dado la certeza de que vive por los siglos y conduce a su rebaño a la vida eterna.

He aquí lo que escribe a este propósito san Pedro en su primera Carta: “Él no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca; cuando lo insultaban no devolvía el insulto; en su pasión no profería amenazas; al contrario, se ponía en manos del que juzga justamente. Cargado con nuestros pecados subió al leño, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Sus heridas os han curado… Pero ahora habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras almas” (1P 2, 23-25).

La parroquia (…) es una pequeña parte de la Iglesia: una parte de ese gran “redil” que mira al Buen Pastor con fe y esperanza. Hoy (…) me ha sido dado realizar entre vosotros un servicio particular de pastor en el nombre de Cristo resucitado, en el nombre del Buen Pastor (…).

Ciertamente nos resultan muy familiares las palabras del salmo 23, que en el Antiguo Testamento constituye como una preparación para la alegoría evangélica del Buen Pastor. Lo acabamos de oír, en forma responsorial, después de la primera lectura bíblica. Es rico en imágenes, las cuales pertenecen a dos ámbitos diversos.

Ante todo, se habla de “pastos”, que significan el seguro alimento espiritual que nos proporciona el Señor; de “agua”, que apaga nuestra sed ardiente; de “camino”, que hace ver cómo nuestra vida está moviéndose hacia una meta; y de “valle oscuro” [cf Benedicto XVI, Encíclica Spe Salvi 30-11-2007, 6 (de be zh es fr hu en it lt nl pl pt)], que representa las diversas dificultades que encontramos.

Estas imágenes se derivan del ámbito de la relación entre pastor y grey. Pero hay luego imágenes que evocan una gozosa situación de banquete: por esto se habla de “mesa” preparada, que significa la abundancia que nos ofrece la comunión con el Señor; de “óleo”, refiriéndose a su acogedora hospitalidad; y de “cáliz” rebosante, porque el Señor es siempre magnánimo y generoso con nosotros.

Todo el Salmo y, sobre todo, el último versículo, “solo bondad y misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término”, manifiesta la felicidad ilimitada que suscita Cristo Buen Pastor, el cual guía al hombre por los caminos de la “felicidad y la gracia” durante la vida terrena, para hacerlo llegar definitivamente a “la casa del Señor”.

Cristo resucitado después de su pasión suscitó esta confianza ilimitada en los Apóstoles y en los discípulos, así como en aquellos a quienes, a través de los Apóstoles, llegó el testimonio del Evangelio. También en los tiempos difíciles de hoy, cuando frecuentemente tenemos que pasar por “un valle oscuro”, y más de una vez podemos sentir incluso “el temor del mal”, oramos con la misma confianza.

Cristo en la liturgia de hoy se llama a sí mismo no solo “el pastor”, sino también “la puerta de las ovejas” (Jn 10, 7). De este modo Jesús combina dos metáforas diversas particularmente expresivas. La imagen del “pastor” se contrapone a la de “mercenario”, y sirve para subrayar toda la profunda solicitud de Jesús por su grey, que somos nosotros, hasta el punto de darse totalmente a sí mismo por nuestra salvación: “El buen pastor da la vida por las ovejas” (Jn 10, 11). En esta línea se expresará también la Carta a los Efesios: “Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella” (Ef 5, 25).

Nos corresponde a nosotros reconocer en él al único Señor nuestro y seguir “su voz” (Jn 10, 4), evitando atribuir estas características a cualquier mercenario humano, al cual, en definitiva, “no le importan las ovejas” (Jn 10, 13), sino solo el propio interés.

Y esta reflexión nos prepara para entender también la otra imagen de la “puerta”. Dice Jesús: “Quien entre por mí se salvará, y podrá entrar y salir, y encontrará pastos” (Jn 10, 9). Con estas palabras afirma lo que después anunciarán los Apóstoles: “No hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos” (Hc 4, 12). Él es nuestro único acceso al Padre (cf Ef 2, 18; 1P 3, 18). Y en él toda nuestra vida encuentra su más auténtica libertad de movimiento: “Todo cuanto hacéis de palabra o de obra, hacedlo en el nombre del Señor Jesús” (Col 3, 17) (…).

Todo esto tiene implicaciones concretas para nuestra existencia cristiana. Ante todo, es necesario reforzar continuamente nuestra unión con Cristo Buen Pastor, y hacerlo en cada circunstancia de nuestra vida, tanto cuando nos hallamos junto a las “aguas tranquilas” como cuando nos encontramos “en un valle oscuro”. Efectivamente, él es siempre nuestro Pastor, y nosotros debemos ser también siempre ovejas de su propiedad.

En segundo lugar, es preciso orar por aquellos que en la Iglesia desarrollan el servicio pastoral. En efecto, este es, a la vez, su gran honor y su gran carga: participar en el ministerio de pastor de Cristo es una tarea que necesita absolutamente de la colaboración y de la ayuda de toda la comunidad eclesial.

En tercer lugar, es necesario orar de modo particular por las vocaciones al sacerdocio ministerial, a fin de que no falten pastores a la Iglesia. “La mies es mucha” (Lc 10, 2) y hacen falta operarios en el campo del Señor (…).

Además de estas importantes conclusiones prácticas, se deben deducir de la liturgia de hoy también otras conclusiones importantes que se refieren a todos los cristianos. Efectivamente, cada uno participa, de algún modo, en la misión y en la solicitud de Cristo Buen Pastor; cada uno de los bautizados tiene su parte de responsabilidad en la Iglesia (…). Como escribe san Pablo, “a cada uno se le otorga la manifestación del Espíritu para común utilidad…; pues vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es una parte” (1Co 12, 1. 27).

Y es posible realizar esta función a nivel muy práctico. Por ejemplo, los padres tienen una misión pastoral respecto de los hijos, ya que están encargados de su educación no solo humana, sino también cristiana; por otra parte, también los hijos deben tener una solicitud especial para con sus padres, sobre todo cuando estos son ancianos y son atendidos cariñosamente, pero también de ordinario, para corresponder a los cuidados y al afecto de que han sido rodeados.

Además, también entre marido y mujer es necesaria una atención mutua, que se expresa no solo mediante el amor conyugal, sino también con actitudes de ayuda en las dificultades, de crecimiento común en la fe y de recíproca exhortación a la vida cristiana.

Una solicitud muy particular debe caracterizar al mundo de los enfermos; aquí, ante todo, son los sanos, esto es, los médicos y los enfermeros, además de los parientes, quienes deben tener cuidado del paciente de manera no solo profesional, sino también humana. Pero además, a los mismos enfermos corresponde una original función ministerial en relación con la comunidad cristiana, como escribe san Pablo: “Cuando parezco débil, entonces es cuando soy fuerte” (2Co 12, 10), es decir, están en disposición de hacer servir los propios sufrimientos para el bien de todos (…).

Queridísimos: “Si obrando el bien soportáis el sufrimiento, hacéis una cosa hermosa ante Dios, pues para esto habéis sido llamados, ya que también Cristo padeció su pasión por vosotros, dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas” (1P 2, 20-21)».

LA PALABRA DEL PAPA.– «Jesús, al dar a Simón (…) el título, más aún, el don, el carisma de la fuerza, de la dureza, de la capacidad de resistir y sostener –como es precisamente la naturaleza de una piedra, de una roca, de un peñasco–, asociaba el mensaje de su palabra a la virtud nueva y prodigiosa de este apóstol, que había de tener la función, él y quien le sucediera legítimamente, de testimoniar con incomparable seguridad ese mismo mensaje que llamamos Evangelio» (Pablo VI, Audiencia general 3-4-1968 fr it). «El mensaje de Cristo, de generación en generación, nos ha llegado a través de una cadena de testimonios, de la que Nos formamos un eslabón como sucesor de Pedro, a quien el Señor confió el carisma de la fe sin error» (Pablo VI, Homilía 20-9-1964 it). «Junto a la infalibilidad de las definiciones “ex cáthedra”, existe el carisma de asistencia del Espíritu Santo concedido a Pedro y a sus sucesores para que no cometan errores en materia de fe y de moral y para que así iluminen bien al pueblo cristiano» (Juan Pablo II, Audiencia general 24-3-1993 sp it). «Al escogerme como Obispo de Roma, el Señor ha querido que sea su Vicario, ha querido que sea la “piedra” en la que todos puedan apoyarse con seguridad» (Benedicto XVI, Homilía en la capilla Sixtina 20-4-2005 ge sp fr en it lt po).

LOS ENLACES A LA NUEVA VULGATA.– «Esta edición de la Neo-Vulgata puede servir también (además de especialmente para la liturgia) para que la tengan en cuenta las versiones en lengua vulgar que se destinan a uso litúrgico y pastoral, y (…) como base segura para los estudios bíblicos» (Juan Pablo II, Constitución apostólica Scripturarum thesaurus 25-4-1979 ge sp fr en lt po). «La palabra sagrada debe presentarse lo más posible tal como es, incluso en lo que tiene de extraño y con los interrogantes que comporta» (Benedicto XVI, Carta al presidente de la C.E. Alemana sobre un cambio en las palabras de la Consagración 14-4-2012 ge sp fr en it pl po).



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