Rincón Litúrgico

Homilías papales para el domingo 23 del tiempo ordinario, C (8-9-2013)

Juan Pablo II Benedicto XVI

Homilías papales para el domingo 23 del tiempo ordinario, C (8-9-2013)

  Textos recopilados en varios idiomas por fray Gregorio Vinuesa Cortázar

 NVulgata 1 Ps 2 EBibJer2ed (en) – Concordia y ©atena Aurea (en)

(1/4) Benedicto XVI, Homilía en Viena 9-9-2007 (ge sp fr en it po): comenta las lecturas e ilustra la realidad del Domingo.

(2/4) Benedicto XVI, Homilía en Carpineto Romano 5-9-2010 (ge sp fr en it po): comenta las lecturas e ilustra la figura de León XIII.

(3/4) Juan Pablo II, Homilía en Velletri 7-9-1980 (sp  it po):

«Queridísimos hermanos y hermanas (…): Las lecturas bíblicas que nos propone la liturgia de este domingo se centran en torno al concepto de la sabiduría cristiana que cada uno de nosotros está invitado a adquirir y profundizar. Por esto el versículo del Salmo responsorial está formado con estas hermosas palabras: “Danos, Señor, la sabiduría del corazón”. Efectivamente, sin ella, ¿cómo sería posible plantear dignamente nuestra vida, afrontar sus muchas dificultades y, más aún, conservar siempre una actitud profunda de paz y serenidad interior?

Pero para hacer esto, como enseña la primera lectura, es necesaria la humildad, es decir, el sentido auténtico de los propios límites, unido al deseo intenso de un don de lo alto que nos enriquezca desde dentro.

El hombre de hoy, en efecto, por una parte encuentra arduo abrazar y entender todas las leyes que regulan el universo material, que también son objeto de observación científica; pero, por otra, se atreve a legislar con seguridad sobre las cosas del espíritu, que por definición escapan a los datos físicos. “Si apenas adivinamos lo que en la tierra sucede… ¿Quién rastreará lo que sucede en el cielo…, si tú no envías de lo alto tu espíritu santo?” (Sab 9, 16-17).

Aquí se configura la importancia de ser verdaderos discípulos de Cristo, porque, mediante el bautismo, él se ha convertido en nuestra sabiduría (cf 1Co 1, 30) y, por lo mismo, en la medida de todo lo que forma el tejido concreto de nuestra vida.

El Evangelio que se ha leído pone en evidencia que Jesucristo es necesariamente el centro de nuestra existencia. Y lo hace con tres frases condicionales: si no le ponemos a él por encima de nuestras cosas más queridas; si no nos disponemos a ver nuestras cruces a la luz de la suya; si no tenemos el sentido de la relatividad de los bienes materiales, entonces no podemos ser discípulos de él, esto es, llamarnos cristianos.

Se trata de interpelaciones esenciales a nuestra identidad de bautizados. Sobre ellas debemos reflexionar siempre mucho, aunque ahora basta aludirlas brevemente».

(4/4) Juan Pablo II, Homilía de beatificación en Loreto 5-9-2004 (ge sp fr en it po):

«”¿Qué hombre conoce el designio de Dios?” (Sb 9, 13). Esta pregunta, formulada por el libro de la Sabiduría, tiene una respuesta: solo el Hijo de Dios, que se hizo hombre por nuestra salvación en el seno virginal de María, puede revelarnos el designio de Dios. Solo Jesucristo sabe cuál es el camino para “adquirir un corazón sensato” (Salmo responsorial) y obtener paz y salvación.

Y ¿cuál es este camino? Nos lo ha dicho él en el Evangelio de hoy: es el camino de la cruz. Sus palabras son claras: “Quien no lleva su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío” (Lc 14, 27). “Llevar la cruz detrás de Jesús” significa estar dispuestos a cualquier sacrificio por amor a él. Significa no poner nada ni a nadie antes que él, ni siquiera a las personas más queridas, ni siquiera la propia vida (…).

Adherirse a Cristo es una opción exigente. Jesús no habla de cruz por casualidad. Sin embargo, precisa inmediatamente: “Detrás de mí”. Esta es la gran verdad: no estamos solos al llevar la cruz. Delante de nosotros camina él, abriéndonos paso con la luz de su ejemplo y con la fuerza de su amor.

La cruz aceptada por amor genera libertad. Lo experimentó el apóstol san Pablo, “anciano y prisionero por Cristo Jesús”, como se define a sí mismo en la carta a Filemón, pero en su interior plenamente libre.

Esta es precisamente la impresión que produce la página recién proclamada: san Pablo se encuentra encadenado, pero su corazón está libre, porque habita en él el amor de Cristo. Por eso, desde la oscuridad de la prisión en la que sufre por su Señor puede hablar de libertad a un amigo que está fuera de la cárcel.

Filemón es un cristiano de Colosas: a él se dirige san Pablo para pedirle que libere a Onésimo, todavía esclavo según el derecho de la época, pero ya hermano por el bautismo. Al renunciar al otro como su posesión, Filemón recibirá como don un hermano.

La lección que se desprende de toda esta historia es clara: no existe amor más grande que el de la cruz; no hay libertad más verdadera que la del amor; no existe fraternidad más plena que la que nace de la cruz de Jesús (…).

Queridos hermanos y hermanas (…): Hoy el Señor (…) os dice: el mayor don que podéis hacer a la Iglesia y al mundo es la santidad. Preocupaos por lo que interesa a la Iglesia: que muchos hombres y mujeres de nuestro tiempo sean conquistados por la fascinación de Cristo; que su Evangelio vuelva a brillar como luz de esperanza para los pobres, los enfermos y los que tienen hambre de justicia; que las comunidades cristianas sean cada vez más vivas, abiertas y atractivas; que nuestras ciudades sean acogedoras y habitables para todos; que la humanidad siga a Cristo por los caminos de la paz y la fraternidad».

LA PALABRA DEL PAPA.– «Jesús, al dar a Simón (…) el título, más aún, el don, el carisma de la fuerza, de la dureza, de la capacidad de resistir y sostener –como es precisamente la naturaleza de una piedra, de una roca, de un peñasco–, asociaba el mensaje de su palabra a la virtud nueva y prodigiosa de este apóstol, que había de tener la función, él y quien le sucediera legítimamente, de testimoniar con incomparable seguridad ese mismo mensaje que llamamos Evangelio» (Pablo VI, Audiencia general 3-4-1968 fr it). «El mensaje de Cristo, de generación en generación, nos ha llegado a través de una cadena de testimonios, de la que Nos formamos un eslabón como sucesor de Pedro, a quien el Señor confió el carisma de la fe sin error» (Pablo VI, Homilía 20-9-1964 it). «Junto a la infalibilidad de las definiciones “ex cáthedra”, existe el carisma de asistencia del Espíritu Santo concedido a Pedro y a sus sucesores para que no cometan errores en materia de fe y de moral y para que así iluminen bien al pueblo cristiano» (Juan Pablo II, Audiencia general 24-3-1993 sp it). «Al escogerme como Obispo de Roma, el Señor ha querido que sea su Vicario, ha querido que sea la “piedra” en la que todos puedan apoyarse con seguridad» (Benedicto XVI, Homilía en la capilla Sixtina 20-4-2005 ge sp fr en it lt po).

LOS ENLACES A LA NEO-VULGATA.– «Esta edición de la Neo-Vulgata puede servir también (además de especialmente para la liturgia) para que la tengan en cuenta las versiones en lengua vulgar que se destinan a uso litúrgico y pastoral, y (…) como base segura para los estudios bíblicos» (Juan Pablo II, Constitución apostólica Scripturarum thesaurus 25-4-1979 ge sp fr en lt po). «La palabra sagrada debe presentarse lo más posible tal como es, incluso en lo que tiene de extraño y con los interrogantes que comporta» (Benedicto XVI, Carta al presidente de la C.E. Alemana sobre un cambio en las palabras de la Consagración 14-4-2012 ge sp fr en it pl po).

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