Revista Ecclesia » Homilías papales para el domingo 18, C, del tiempo ordinario (4-8-2013)
Juan Pablo II Benedicto XVI
Rincón Litúrgico

Homilías papales para el domingo 18, C, del tiempo ordinario (4-8-2013)

Homilías papales para el domingo 18, C, del tiempo ordinario (4-8-2013)

 Textos recopilados por fray Gregorio Cortázar Vinuesa OCD

 NVulgata 1 Ps 2 EBibJer2ed (en) – Concordia y ©atena Aurea (en)

(1/3) Benedicto XVI, Ángelus 5-8-2007 (ge hr sp fr en it po)

(2/3) Benedicto XVI, Ángelus 1-8-2010 (ge hr sp fr en it po)

(3/3) Homilía de Juan Pablo II en Castelgandolfo 3-8-1980 (sp it po):

«En el conjunto de las lecturas de la liturgia de hoy está contenida una profunda paradoja, la paradoja entre “la vanidad y el valor”. Las primeras palabras del libro del Eclesiastés hablan de la vanidad de todas las cosas; en cierto sentido, de la vanidad de los esfuerzos, de las actividades del hombre en esta vida; de la vanidad, en cierto modo, de todas las criaturas; de la vanidad del hombre, él también una criatura destinada a pasar y a la muerte.

Y en el Salmo que cantamos en la liturgia de hoy escuchamos inmediatamente después el elogio de lo creado. Por otra parte, ese elogio es un lejano eco primigenio contenido en todo el Génesis del elogio a la creación, cuando Dios dijo que toda su obra era un bien; o más aún, cuando vio que era un bien del hombre, creado a su imagen y semejanza, dijo que era muy bueno. Vio que era muy bueno. Nos encontramos así ante un interrogante: ¿Por qué la vanidad y por qué el valor? ¿Qué relación los une entre sí?

La respuesta, al menos la principal, se encuentra en el Evangelio que hemos leído hoy. No se trata de dar un juicio sobre lo creado. Se trata del camino de la sabiduría. No olvidemos que el Génesis es ante todo un libro (tengo presentes sus primeros capítulos), es un libro sobre el mundo, en cierto sentido un libro-manual teológico sobre la cosmología y la creación. El libro del Cohelet, en cambio, es un libro sobre la sabiduría. Enseña cómo vivir.

Y lo que dice Cristo en el Evangelio de hoy es una prolongación de esa sabiduría del Antiguo Testamento. Cristo habla a través de ejemplos y parábolas: habla del hombre que ha limitado el sentido de su vida a los bienes de este mundo. Los ha poseído en tan gran cantidad que ha tenido que construir nuevos graneros para poder contenerlos todos. El programa de la vida es, pues, acumular y usar. Y a esto debe limitarse la felicidad.

A un hombre así Cristo le contesta: “Necio, esta misma noche pedirán tu alma”. Si has interpretado así el sentido del valor, entonces se volverá contra ti la ley de la vanidad. Y esta es ya una respuesta. No se trata, pues, de juicio sobre el mundo, sino de sabiduría del hombre; de su manera de actuar (…).

Es necesario establecer en la propia vida una jerarquía de valores. Cristo, a través de todo lo que ha dicho y, sobre todo, a través de todo lo que él ha sido, a través de todo el misterio pascual, ha establecido la jerarquía de valores en la vida del hombre.

En la segunda lectura de hoy, san Pablo enlaza precisamente con esta jerarquía de valores cuando dice que debemos buscar lo que está en lo alto. Por tanto, el hombre no puede encerrar el horizonte de su vida en la temporalidad; no puede reducir el sentido de su vida al usufructo de los bienes que le han sido concedidos por la naturaleza, por la creación, los bienes que lo rodean y que se encuentran también dentro de él (…). Estando hecho a imagen y semejanza de Dios, debe verse a sí mismo en un lugar más alto y debe buscar para sí mismo un sentido en aquello que está por encima de él.

El Evangelio contiene la verdad sobre el hombre, porque contiene todo aquello que está por encima del hombre y que, al mismo tiempo, el hombre puede alcanzar en Cristo, colaborando con la acción de Dios que actúa dentro del hombre. Este es el camino de la sabiduría. Y sobre este camino de la sabiduría se resuelve la paradoja entre la vanidad y el valor; la paradoja que a menudo vive el hombre.

Muchas veces el hombre es propenso a mirar su vida desde el punto de vista de la vanidad. Sin embargo, Cristo quiere que la veamos desde el punto de vista del valor, pero teniendo siempre cuidado de utilizar la justa jerarquía de valores, la justa escala de valores.

Y cuando la liturgia de hoy, junto con la palabra Aleluya, nos recuerda la bienaventuranza: “Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de los cielos”, resume en ella ese programa de vida.

Cristo ha exhortado al hombre a la pobreza, a adquirir una actitud que no le haga encerrarse en la temporalidad, que no le haga ver en ella el fin último de la propia existencia, que no le haga basar todo en el consumo, en el placer. Un hombre así es pobre en este sentido, porque está continuamente abierto, abierto a Dios y abierto a estos valores que nos vienen de su acción, de su gracia, de su creación, de su redención y de su Cristo.

Es este el breve resumen de los pensamientos encerrados en la liturgia de hoy, pensamientos siempre importantes. Nunca pierden su significado, permanecen continuamente actuales (…).

Con tal comprensión de la jerarquía de valores, de la escala de valores, vale la pena vivir. Si la vida tiene este sentido, vale la pena vivirla. Y vale la pena esforzarse y padecer (…).

“Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de los cielos”.

Así se formaba la Iglesia en sus comienzos, así empezó a formarla Cristo mismo, y así ella se formaba gracias al ministerio de los Apóstoles y de sus Sucesores; y así se forma aún hoy. Construid la Iglesia en esta dimensión de la vida de la que sois partícipes. Amén».

LA PALABRA DEL PAPA.– «Jesús, al dar a Simón (…) el título, más aún, el don, el carisma de la fuerza, de la dureza, de la capacidad de resistir y sostener –como es precisamente la naturaleza de una piedra, de una roca, de un peñasco–, asociaba el mensaje de su palabra a la virtud nueva y prodigiosa de este apóstol, que había de tener la función, él y quien le sucediera legítimamente, de testimoniar con incomparable seguridad ese mismo mensaje que llamamos Evangelio» (Pablo VI, Audiencia general 3-4-1968 fr it). «El mensaje de Cristo, de generación en generación, nos ha llegado a través de una cadena de testimonios, de la que Nos formamos un eslabón como sucesor de Pedro, a quien el Señor confió el carisma de la fe sin error» (Pablo VI, Homilía 20-9-1964 it). «Junto a la infalibilidad de las definiciones “ex cáthedra”, existe el carisma de asistencia del Espíritu Santo concedido a Pedro y a sus sucesores para que no cometan errores en materia de fe y de moral y para que así iluminen bien al pueblo cristiano» (Juan Pablo II, Audiencia general 24-3-1993 sp it). «Al escogerme como Obispo de Roma, el Señor ha querido que sea su Vicario, ha querido que sea la “piedra” en la que todos puedan apoyarse con seguridad» (Benedicto XVI, Homilía en la capilla Sixtina 20-4-2005 ge sp fr en it lt po).

LOS ENLACES A LA NEO-VULGATA.– «Esta edición de la Neo-Vulgata puede servir también (además de especialmente para la liturgia) para que la tengan en cuenta las versiones en lengua vulgar que se destinan a uso litúrgico y pastoral, y (…) como base segura para los estudios bíblicos» (Juan Pablo II, Constitución apostólica Scripturarum thesaurus 25-4-1979 ge sp fr en lt po). «La palabra sagrada debe presentarse lo más posible tal como es, incluso en lo que tiene de extraño y con los interrogantes que comporta» (Benedicto XVI, Carta al presidente de la C.E. Alemana sobre un cambio en las palabras de la Consagración 14-4-2012 ge sp fr en it pl po).



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