Revista Ecclesia » Homilías papales para el domingo 16, C, del tiempo ordinario (21-7-2013)
Juan Pablo II Benedicto XVI
Rincón Litúrgico

Homilías papales para el domingo 16, C, del tiempo ordinario (21-7-2013)

Homilías papales para el domingo 16, C, del tiempo ordinario (21-7-2013)

 Textos recopilados por fray Gregorio Cortázar Vinuesa OCD

NVulgata 1 Ps 2 EBibJer2ed (en) – Concordia y ©atena Aurea (en)

 

(1/3) Benedicto XVI, Ángelus 18-7-2010 (ge hr sp fr en it po)

(2/3) Juan Pablo II, Homilía en Castelgandolfo 20-7-1980 (sp it po):

«Acabamos de leer en el Evangelio según san Lucas el episodio de la hospitalidad concedida a Jesús por Marta y María. Estas dos hermanas, en la historia de la espiritualidad cristiana, se han considerado como figuras emblemáticas relacionadas, respectivamente, con la acción y la contemplación: Marta está muy ocupada en las tareas de la casa, mientras que María está sentada a los pies de Jesús para escuchar su palabra. Podemos sacar dos lecciones de este texto evangélico.

Ante todo, hay que notar la frase final de Jesús: “María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada”. De esta manera subraya con fuerza el valor fundamental e insustituible que para nuestra existencia tiene la escucha de la Palabra de Dios: esta debe ser nuestro constante punto de referencia, nuestra luz y nuestra fuerza. Pero hay que escucharla.

Hay que saber estar en silencio, crear espacios de soledad o, mejor, de encuentro reservado a una intimidad con el Señor. Hay que saber contemplar. El hombre de hoy siente mucho la necesidad de no limitarse a las meras preocupaciones materiales, e integrar, en cambio, su propia cultura técnica con superiores y desintoxicantes aportaciones procedentes del mundo del espíritu. Desgraciadamente, nuestra vida diaria corre el riesgo o incluso experimenta casos, más o menos difundidos, de contaminación interior. Pero el contacto de fe con la Palabra del Señor nos purifica, nos eleva y nos vuelve a dar energía.

Por tanto, tenemos que conservar siempre ante los ojos del corazón el misterio del amor con que Dios ha venido a nuestro encuentro en su Hijo Jesucristo: el objeto de nuestra contemplación está todo aquí, y de aquí procede nuestra salvación, el rescate de toda forma de alienación y, sobre todo, de la del pecado. En resumidas cuentas, estamos invitados a hacer como la otra María, la Madre de Jesús, la cual “guardaba todas estas cosas meditándolas en su corazón” (Lc 2, 19). Con esta condición no seremos hombres en una sola dimensión, sino ricos de la misma grandeza de Dios.

Pero hay una segunda lección que aprender: y es que nunca debemos ver un contraste entre la acción y la contemplación. En efecto, leemos en el Evangelio que fue Marta, y no María, quien recibió a Jesús “en su casa”. Por otra parte, la primera lectura de hoy nos sugiere la armonía entre las dos cosas: el episodio de la hospitalidad concedida por Abraham a los tres misteriosos personajes enviados por el Señor –los cuales, según una antigua interpretación, son incluso una imagen de la Santísima Trinidad– nos enseña que también con nuestros trabajos diarios más pequeños podemos servir al Señor y estar en contacto con él (…).

Las palabras “Ora y trabaja”, “Ora et labora”, de san Benito, contienen un programa entero: no de oposición, sino de síntesis; no de contraste, sino de fusión entre dos elementos igualmente importantes. Esto trae consigo para nosotros una enseñanza muy concreta que se puede expresar a modo de interrogación: ¿Hasta qué punto somos capaces de ver en la contemplación y en la oración un momento de auténtica carga para nuestras tareas diarias? Y por otra parte, ¿hasta qué punto podemos vivificar hasta lo íntimo nuestro trabajo con una fermentadora comunión con el Señor? Estas preguntas pueden servir para un examen de conciencia y convertirse en estímulo para una toma de conciencia de nuestra vida de cada día, que sea, al mismo tiempo, más contemplativa y más activa».

(3/3) Juan Pablo II, Homilía en Castelgandolfo 17-7-1983 (it):

«Hemos escuchado en la lectura del Evangelio según san Lucas el conocido e instructivo episodio de las dos hermanas, Marta y María, que un día acogieron a Jesús en su casa. Una de ellas, Marta, “se multiplicaba para dar abasto con el servicio” (Lc 10, 40), hasta el punto de casi desentenderse de la presencia tan cercana del Maestro: un ejemplo de excesiva generosidad, que se preocupa más de las actividades externas que de sensibilizarse ante el significado transformador de Aquel que está presente para hacerse escuchar y para interrogarnos a cada uno.

María, en cambio, “sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra” (Lc 10, 39). Y es precisamente esta actitud, contrapuesta en todo a la anterior, la que recibe el elogio de Jesús. En María está personificado, en efecto, el discípulo atento y vigilante: no tanto el que se vigila a sí mismo, lo que sería aún un modo de replegarse sobre la propia personalidad, cuanto el que se siente captado por la presencia y la Palabra del Señor, hasta el punto de olvidarse de sí mismo. Porque el verdadero discípulo no piensa en sí mismo, sino que enseguida y ante todo se vuelve a su Maestro y se siente como transportado hacia él según un movimiento que le hace como salir de sí mismo. Subyugado por su Palabra, forma parte de aquellos que Jesús proclama “dichosos”, porque “oyen la Palabra de Dios y la guardan” (Lc 11, 28).

Por ello Jesús advierte amorosamente a Marta: “Solo una cosa es necesaria. María ha escogido la mejor parte, y no se la quitarán” (Lc 10, 42). Esta frase debe ser entendida en un doble nivel: por una parte, alude a la exigencia de una sobriedad en la mesa, que Jesús en aquella ocasión no quería excesivamente abastecida; por otra, verifica el tránsito a un significado más profundo, referido a la vida espiritual: también en este ámbito es innecesario y puede ser incluso peligroso perderse en diversas tentativas y buscar por demasiados caminos la inspiración que unifique la propia vida interior. “Solo una cosa es necesaria”, y es la actitud de María, hecha a base de escuchar la Palabra de Jesús, teniendo sus ojos y su corazón vueltos hacia él, no solo atentos, sino disponibles para cuanto él dice. Como ora el Salmista: “Señor, mis ojos están vueltos a ti; en ti me refugio, no me dejes indefenso” (Sal 141, 8).

Queridos hermanos y hermanas: Tratemos de llevar a nuestra vida diaria esta lección del Evangelio de san Lucas. Que ninguna otra palabra, venga de donde venga, nos distraiga de nuestra adhesión de fe y de amor al Señor Jesús. Extraigamos de su voz la fuerza necesaria para afrontar y superar todas las dificultades que se interponen en nuestro camino. Para hacerlo así, acojámoslo en nuestra casa, como lo hicieron Marta y María, y reconozcámosle el puesto de honor que le corresponde. De su presencia y de nuestra disponibilidad nace y se consolida el sentido de nuestra existencia, y dimana la alegría que siempre necesitamos para hacer más llevadero el camino de la vida».

LA PALABRA DEL PAPA.– «Jesús, al dar a Simón (…) el título, más aún, el don, el carisma de la fuerza, de la dureza, de la capacidad de resistir y sostener –como es precisamente la naturaleza de una piedra, de una roca, de un peñasco–, asociaba el mensaje de su palabra a la virtud nueva y prodigiosa de este apóstol, que había de tener la función, él y quien le sucediera legítimamente, de testimoniar con incomparable seguridad ese mismo mensaje que llamamos Evangelio» (Pablo VI, Audiencia general 3-4-1968 fr it). «El mensaje de Cristo, de generación en generación, nos ha llegado a través de una cadena de testimonios, de la que Nos formamos un eslabón como sucesor de Pedro, a quien el Señor confió el carisma de la fe sin error» (Pablo VI, Homilía 20-9-1964 it). «Junto a la infalibilidad de las definiciones “ex cáthedra”, existe el carisma de asistencia del Espíritu Santo concedido a Pedro y a sus sucesores para que no cometan errores en materia de fe y de moral y para que así iluminen bien al pueblo cristiano» (Juan Pablo II, Audiencia general 24-3-1993 sp it). «Al escogerme como Obispo de Roma, el Señor ha querido que sea su Vicario, ha querido que sea la “piedra” en la que todos puedan apoyarse con seguridad» (Benedicto XVI, Homilía en la capilla Sixtina 20-4-2005 ge sp fr en it lt po).

LOS ENLACES A LA NEO-VULGATA.– «Esta edición de la Neo-Vulgata puede servir también (además de especialmente para la liturgia) para que la tengan en cuenta las versiones en lengua vulgar que se destinan a uso litúrgico y pastoral, y (…) como base segura para los estudios bíblicos» (Juan Pablo II, Constitución apostólica Scripturarum thesaurus 25-4-1979 ge sp fr en lt po). «La palabra sagrada debe presentarse lo más posible tal como es, incluso en lo que tiene de extraño y con los interrogantes que comporta» (Benedicto XVI, Carta al presidente de la C.E. Alemana sobre un cambio en las palabras de la Consagración 14-4-2012 ge sp fr en it pl po).



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