Juan Pablo II Benedicto XVI
Rincón Litúrgico

Homilías papales para el domingo 13, C, del tiempo ordinario

 

 Homilías papales para el domingo 13, C, del tiempo ordinario

 Textos recopilados por fray Gregorio Cortázar Vinuesa

NVulgata 1 Ps 2 EBibJer2ed (en) – Concordia y ©atena Aurea (en)

(1/4) Juan Pablo II, Homilía en la parroquia de San Estanislao 28-6-1992 (it pl):

«1. «Porque, hermanos, habéis sido llamados a la libertad» (Ga 5, 13).

La liturgia de la Palabra de este domingo nos introduce en el mundo de la libertad, fascinante, pero a la vez sumamente difícil. Es un tema de gran importancia y actualidad.

Dios creó libre al hombre. Le otorgó el don de la libertad. En este don está encerrado un signo de particular confianza y amor por parte de Dios. Así, la libertad se ha convertido en la medida de la grandeza del hombre entre todas las criaturas, en su vocación y, a la vez, en la causa de su drama.

Pero el hombre, por el pecado, abusó de ese don. Dirigió su libertad contra Dios y, en consecuencia, también contra sí mismo. En efecto, olvidó que precisamente Dios, su voluntad y sus mandamientos, constituyen la última garantía de la libertad. El hombre ha llegado a ser esclavo del pecado. Todas las demás esclavitudes del hombre tienen un carácter secundario respecto a esa esclavitud fundamental, que es el pecado.

Y he aquí que Dios envió a su Hijo unigénito para liberar al hombre de la esclavitud del pecado. El precio que Cristo pagó por nuestra libertad fue muy alto: fue el precio de la cruz. «Para ser libres nos libertó Cristo» (Ga 5, 1), nos recuerda el Apóstol. El evangelio de la libertad, que san Pablo anunció y defendió con celo, está inscrito en la cruz de Cristo. Tenemos que releerlo siempre, cada uno y todos juntos (…).

2. «Porque, hermanos, habéis sido llamados a la libertad…».

En la perspectiva de la cruz, la libertad se presenta como don y vocación, pero también hoy, a menudo, como desafío. La controversia acerca de la libertad humana y su planteamiento reviste en nuestros días un carácter sumamente dramático. Defender al hombre hoy significa defender la comprensión auténtica de su libertad, la comprensión evangélica.

El Apóstol nos amonesta: «Solo que no toméis de esa libertad pretexto para la carne» (Ga 5, 13). Hay que destacar estas palabras de modo especial. Hoy se ha extendido en gran manera la gama de los abusos de la libertad, y esto conduce a nuevas formas de esclavitud, muy peligrosas, porque están disfrazadas bajo la apariencia de la libertad. Esta es la paradoja, el drama profundo de nuestro tiempo: en nombre de la libertad se impone la esclavitud.

Por tanto, ¿cuál es la solución? ¿Cómo puede defenderse hoy el don de la libertad? ¿Cómo ser verdaderamente libres en el mundo de hoy: libres con la libertad que Cristo nos trajo?

3. «Servíos por amor los unos a los otros» (Ga 5, 13).

Este es el camino que lleva a la libertad verdadera, el camino que el Apóstol nos señala: la actitud de servicio y el amor recíproco. El hombre no llega a ser libre sino mediante la entrega desinteresada de sí mismo a Dios y al prójimo.

El ejemplo de esa libertad nos lo ofrece hoy el profeta Eliseo, cuando sigue la llamada divina escuchada de labios del profeta Elías; y también nos lo ofrecen los interlocutores de Cristo en el pasaje evangélico de hoy, cuando dicen: «Te seguiré, Señor…»; o «Te seguiré adondequiera que vayas» (Lc 9, 61. 57).

Cuán necesaria nos resulta hoy la enseñanza paulina sobre la libertad tomada de la carta a los Gálatas: «Servíos por amor los unos a los otros» (…). Cuán tristes son los pensamientos que hoy despiertan en nosotros las palabras de san Pablo: «Pero si os mordéis y os devoráis mutuamente, mirad no vayáis a destruiros» (Ga 5, 15). Así no se construye la libertad verdadera. Existe un único camino: «Servíos por amor los unos a los otros. Pues toda la ley alcanza su plenitud en este solo precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Ga 5, 14). Esta es la ley fundamental de la libertad. Libres para amar. Libres para servir (…).

6. Queremos acoger de nuevo el mensaje de Cristo sobre la libertad; queremos ponerlo en práctica en nuestra vida personal y social. Queremos intensificar nuestra lucha contra todas las formas de esclavitud que nos amenazan hoy en día. Queremos convertirnos en apóstoles del reino de Dios, reino de libertad, de justicia, de amor y de paz.

Cristo nos llama. Él mismo nos dice desde las páginas del evangelio: «¡Sígueme!» (Lc 9, 59). En esta llamada se oye el eco de una especie de urgencia. Es necesario darse prisa, dejar las cosas a veces muy cercanas al hombre para entregarse completamente a esa causa mucho más importante: «Tú vete a anunciar el reino de Dios» (Lc 9, 60) (…).

El mundo invoca a Cristo y su evangelio de libertad. El mundo (…) espera la nueva evangelización. Cristo no se cansa de invitarnos y llamarnos: «Sígueme». «Tú vete a anunciar el reino de Dios»».

(2/4) Juan Pablo II, Ángelus 1-7-2001 (ge sp fr en it po)

(3/4) Benedicto XVI, Ángelus 1-7-2007 (ge hr sp fr en it po)

(4/4) Benedicto XVI, Ángelus 27-6-2010 (ge hr sp fr en it po)

LA PALABRA DEL PAPA.– «Jesús, al dar a Simón (…) el título, más aún, el don, el carisma de la fuerza, de la dureza, de la capacidad de resistir y sostener –como es precisamente la naturaleza de una piedra, de una roca, de un peñasco–, asociaba el mensaje de su palabra a la virtud nueva y prodigiosa de este apóstol, que había de tener la función, él y quien le sucediera legítimamente, de testimoniar con incomparable seguridad ese mismo mensaje que llamamos Evangelio» (Pablo VI, Audiencia general 3-4-1968 fr it). «El mensaje de Cristo, de generación en generación, nos ha llegado a través de una cadena de testimonios, de la que Nos formamos un eslabón como sucesor de Pedro, a quien el Señor confió el carisma de la fe sin error» (Pablo VI, Homilía 20-9-1964 it). «Junto a la infalibilidad de las definiciones «ex cáthedra», existe el carisma de asistencia del Espíritu Santo concedido a Pedro y a sus sucesores para que no cometan errores en materia de fe y de moral y para que así iluminen bien al pueblo cristiano» (Juan Pablo II, Audiencia general 24-3-1993 sp it). «Al escogerme como Obispo de Roma, el Señor ha querido que sea su Vicario, ha querido que sea la «piedra» en la que todos puedan apoyarse con seguridad» (Benedicto XVI, Homilía en la capilla Sixtina 20-4-2005 ge sp fr en it lt po).

LOS ENLACES A LA NEO-VULGATA.– «Esta edición de la Neo-Vulgata puede servir también (además de especialmente para la liturgia) para que la tengan en cuenta las versiones en lengua vulgar que se destinan a uso litúrgico y pastoral, y (…) como base segura para los estudios bíblicos» (Juan Pablo II, Constitución apostólica Scripturarum thesaurus 25-4-1979 ge sp fr en lt po). «La palabra sagrada debe presentarse lo más posible tal como es, incluso en lo que tiene de extraño y con los interrogantes que comporta» (Benedicto XVI, Carta al presidente de la C.E. Alemana sobre un cambio en las palabras de la Consagración 14-4-2012 ge sp fr en it pl po).

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