Rincón Litúrgico

Homilías del Papa Benedicto XVI y Juan Pablo II para el domingo 33 del tiempo ordinario (18-11-2012)

Juan Pablo II Benedicto XVI

 Textos recopilados por Fray Gregorio Cortázar Vinuesa, OCD

 NVulgata 1 Ps 2 EBibJer2ed (en) — Concordia y ©atena Aurea (en)

(1/2) Juan Pablo II, Homilía en la parroquia de San Justino 14-11-1982 (it po):

«1. “El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán” (Mc 13, 31).

Cristo habla de la fugacidad de toda la creación, del mundo y del hombre en el mundo.

Nuestra experiencia cotidiana confirma la verdad de estas palabras. Resultan particularmente actuales en el mes de noviembre, en el que nuestros pensamientos se dirigen de modo especial a los muertos, a los que han pasado por nuestro mundo visible. La muerte los ha arrancado de su escena visible. Sólo la memoria humana conserva sus nombres. Sólo los corazones se afligen, a veces por mucho tiempo, por su pérdida.

Con ocasión de nuestro encuentro de hoy recordamos a nuestros difuntos y los rodeamos con una oración especial.

2. Pero no sólo eso. Escuchemos también lo que, en cierto modo, ellos nos dicen con las palabras del Salmo de la liturgia de hoy: “El Señor es el lote de mi heredad y mi copa, mi suerte está en tu mano” (Sal 16/15, 5).

Frente a la necesidad ineludible de la muerte, en cierto sentido, frente a la ley de la fugacidad grabada en todo lo creado, está Dios mismo. Cristo habla de la fugacidad del mundo y, a la vez, de la no-fugacidad de las palabras del Dios viviente. Esta palabra no pasa jamás y la potencia de Dios es indestructible. Esta palabra y esta potencia se han convertido en el lote de heredad y en la copa: en el destino del hombre. De este modo su suerte está en las manos de Dios.

El salmista continúa así y proclama: “Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré. Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa serena, porque no me entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción” (Sal 16/15, 8-10).

La palabra de Cristo, que no pasa, ha vuelto a traer la victoria sobre la muerte. El Salmo anuncia la verdad mesiánica de la resurrección. En efecto, la resurrección de Jesucristo ha proyectado una luz completamente nueva sobre el destino definitivo de los hombres, sometidos a la necesidad de la muerte. Los que dejan este mundo no van sólo a la muerte, sino que caminan hacia el Dios vivo, hacia esta Palabra que no pasa. Caminan hacia esta potencia que es indestructible.

Hoy profesamos juntamente con toda la Iglesia: “Creo en la resurrección de la carne, creo en la vida eterna”. Las lecturas bíblicas de este domingo reaviven en nosotros esta fe.

El “mundo” muestra cada día al hombre que es ineludible morir. A la vez quiere cerrar al hombre, de algún modo, en los límites de la vida que pasa juntamente con él. La Palabra del Dios viviente le demuestra al mismo hombre la perspectiva de la vida que no pasa: “Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha” (Sal 16/15, 11).

En la misma perspectiva de la vida que no pasa está hoy ante nosotros Cristo como único y eterno sacerdote: el Mediador entre el hombre y Dios. En la Carta a los Hebreos leemos: Jesucristo “ofreció por los pecados, para siempre jamás, un solo sacrificio; está sentado a la derecha de Dios y espera el tiempo que falta hasta que sus enemigos sean puestos como estrado de sus pies” (Hb 10, 12-13).

Sabemos que la victoria en la lucha entre el bien y el mal ha venido mediante la cruz. Cristo ha vencido con el sacrificio. Y su sacrificio en la cruz por los pecados perdura. No pasa, lo mismo que no pasa su palabra. En el radio de este Sacrificio se desarrolla la historia de cada uno de los hombres. “Con una sola ofrenda ha perfeccionado para siempre a los que van siendo consagrados” (Hb 10, 14).

El sacrificio de Cristo lleva en sí la esperanza de la victoria definitiva del bien sobre el mal: sobre el pecado, sobre el sufrimiento y sobre la muerte. Nos muestra “el camino de la vida”.

5. El mundo avanza hacia su fin. En cuanto al día del fin, nadie lo conoce, “ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, sólo el Padre” (Mc 13, 32).

A la luz de las palabras del Evangelio de hoy, este “fin” o “término” no cierra la historia del hombre, sino que la abre en la dimensión definitiva, la abre mediante el Hijo del hombre, mediante la segunda venida de Cristo. “Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes del cielo con gran poder y majestad” (Mc 13, 26). Vendrá para reunir “a sus elegidos de los cuatro vientos” (Mc 13, 27): a los que han madurado mediante la verdad de su palabra y la potencia de su cruz.

Éstos son de quienes habla el profeta Daniel en la primera lectura: “Los sabios brillarán como el fulgor del firmamento, y los que enseñaron a muchos la justica, como las estrellas por toda la eternidad” (Dn 12, 3).

Son éstos, cuyo protagonista es Miguel, “el gran príncipe”, a quien recuerda también hoy el Profeta. El nombre de “Mica-El” quiere decir: “¿Quién como Dios?”. Y en este nombre, como en un sentético compendio, se encierra la verdad y la felicidad de la vida eterna (…).

7. A través de la liturgia de hoy corren como dos principales gritos que reflejan el importante contenido de sus lecturas.

Uno es el grito del hombre consciente de su “heredad” eterna y de su “destino”: “Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti”.

El otro es la llamada de Cristo: “Velad y estad preparados” (Canto al Evangelio: Mt 24, 42), para poder presentaros ante el Hijo del hombre.

Que estos dos gritos permanezcan siempre en nuestros corazones».

 

(2/2) Benedicto XVI, Ángelus 15-11-2009 (ge hr sp fr en it po)

LA PALABRA DEL PAPA.- «Jesús, al dar a Simón (…) el título, más aún, el don, el carisma de la fuerza, de la dureza, de la capacidad de resistir y sostener –como es precisamente la naturaleza de una piedra, de una roca, de un peñasco–, asociaba el mensaje de su palabra a la virtud nueva y prodigiosa de este apóstol, que había de tener la función, él y quien le sucediera legítimamente, de testimoniar con incomparable seguridad ese mismo mensaje que llamamos Evangelio» (Pablo VI, Audiencia general 3-4-1968 fr it). «El mensaje de Cristo, de generación en generación, nos ha llegado a través de una cadena de testimonios, de la que Nos formamos un eslabón como sucesor de Pedro, a quien el Señor confió el carisma de la fe sin error» (Pablo VI, Homilía 20-9-1964 it). «Junto a la infalibilidad de las definiciones “ex cáthedra”, existe el carisma de asistencia del Espíritu Santo concedido a Pedro y a sus sucesores para que no cometan errores en materia de fe y de moral y para que, por el contrario, iluminen bien al pueblo cristiano» (Juan Pablo II, Audiencia general 24-3-1993 sp it). «Al escogerme como Obispo de Roma, el Señor ha querido que sea su Vicario, ha querido que sea la “piedra” en la que todos puedan apoyarse con seguridad» (Benedicto XVI, Homilía en la capilla Sixtina 20-4-2005 ge sp fr en it lt po).

LOS ENLACES A LA NEO-VULGATA.- «Esta edición de la Neo-Vulgata puede servir también (además de especialmente para la liturgia) para que la tengan en cuenta las versiones en lengua vulgar que se destinan a uso litúrgico y pastoral, y (…) como base segura para los estudios bíblicos» (Juan Pablo II, Constitución apostólica Scripturarum thesaurus 25-4-1979 ge sp fr en lt po). «La palabra sagrada debe presentarse lo más posible tal como es, incluso en lo que tiene de extraño y con los interrogantes que comporta» (Benedicto XVI, Carta al presidente de la C.E. Alemana sobre un cambio en las palabras de la Consagración 14-4-2012 ge sp fr en it pl po).

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