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Homilía por monseñor Jesús Catalá, en el 125 aniversario de los salesianos en Málaga

125 aniversario de los Salesianos en Málaga (Santuario de María Auxiliadora-Málaga)

Foto: María Auxiliadora, en su santuario

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en el 125 aniversario de los salesianos en Málaga.

125 ANIVERSARIO DE LOS SALESIANOS EN MÁLAGA

(Santuario de María Auxiliadora-Málaga, 24 mayo 2019)

Lecturas: Ap 12,1-3a.7-12a.17; Sal (Ap 15,3b-4); Gal 4, 4-7; Jn 2, 1-11.

1.- La mujer vestida del sol

El libro del Apocalipsis presenta la figura de una mujer como un gran signo en el cielo: «Una mujer vestida del sol, y la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza» (Ap 12,1).

Su vestido de sol hace referencia a Cristo, Sol que nace de lo alto (cf. Lc 1,78) y que nunca se pone; Él es la Luz del mundo, que ilumina a todo hombre (cf. Jn 1,9).

La imagen de la luna bajo sus pies hace referencia a la Iglesia, que refleja la luz del sol, pero no tiene luz propia. Los santos padres consideran a la Iglesia como la luna, que cuanto más limpia y transparente es, mejor refleja la luz del sol. Los cristianos podemos aplicarnos esta imagen: podemos ser luz del mundo en la medida en que transmitimos la luz de Cristo a nuestros contemporáneos.

Y las estrellas sobre su cabeza de la mujer expresan la centralidad de la misma en conjunto de los doce apóstoles.

Esta mujer es María Auxiliadora, portadora de Jesús en sus brazos; Virgen coronada y con un cetro de justicia y de poder al servicio de sus hijos y devotos.

Contemplemos la imagen de María Auxiliadora, iluminada por el sol radiante del Hijo de Dios, que disipa las tinieblas del pecado y vence las cadenas de la muerte. Ella participa de esta victoria de su Hijo y nos auxilia y nos protege contra todo mal.

2.- El linaje de la mujer

El libro del Apocalipsis continúa describiendo esta hermosa figura de la Mujer, que «está encinta, y grita con dolores de parto y con el tormento de dar a luz» (Ap 12,2). Porque María Auxiliadora de la Madre del Redentor.

San Pablo nos ha recordado en su carta a los Gálatas: «Cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer» (Gal 4,4). Esta espléndida mujer es “Madre” del Hijo de Dios.

Y Ella nos ha sido regalada como madre nuestra, tal como su Hijo Jesús le dijo al discípulo amado: «Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego, dijo al discípulo: ahí tienes a tu madre» (Jn 19,26-27). El intercambio fue muy desequilibrado, porque María pierde a su Hijo, que muere en la cruz; y el discípulo Juan recibe como Madre a María; y en ese discípulo estamos todos nosotros representados. Salimos ganando nosotros como hijos de esta tierna y dulce Madre.

Somos, pues, del linaje de Dios por adopción; y somos hijos de María Auxiliadora por concesión de su Hijo.

Hemos sido rescatados de la ley de muerte y hemos recibido la adopción filial (cf. Gal 4,5), que libera y diviniza. Por eso podemos llamar “Padre” a Dios (cf. Gal 4,6) y “Madre” a la Virgen.

3.- El 125 Aniversario de la presencia de los Salesianos en Málaga

La mujer de la que habla el libro del Apocalipsis tiene una concreción en la espiritualidad y en la devoción mariana de la familia salesiana, bajo la advocación de María Auxiliadora.

Hoy queremos agradecer esta devoción, que muchos fieles profesáis gracias a la presencia de los hermanos Salesianos.

Hoy damos gracias, en primer lugar, a Dios por la presencia de los Salesianos en Málaga y por la gran labor docente, cultural y religiosa que han realizado en estos 125 años.

El lema del Aniversario, como bien sabéis, es: “125 Años abrazando la vida. Soñamos juntos”. Ciertamente Málaga ha soñado en estos años junto con los salesianos; ha compartido esperanzas, proyectos, ideales y sueños, que se han hecho realidad. Es propio de los jóvenes soñar y proyectar su futuro; y los salesianos habéis acompañado de la mano a muchas generaciones de jóvenes, que han podido llevar a cabo las ilusiones de su vida.

¡Muchas gracias, queridos hermanos salesianos, por vuestro carisma de educadores de jóvenes, por vuestra ilusión y por vuestra generosidad! Queremos agradecer en vosotros a tantos salesianos que han gastado su vida en nuestra querida ciudad de Málaga a lo largo de estos 125 años.

¡Seguid abrazando la vida, seguid poniendo esperanza e ilusión en el corazón de los jóvenes, seguid acompañándoles, seguid hablándonos de María Auxiliadora, la Mujer vestida del sol! ¡La Madre del Redentor y madre nuestra!

Vuestro santo Fundador, Don Bosco, os trasmitió el carisma de educadores y de formar: “Honrados ciudadanos y buenos cristianos”. ¡Ayudad a vuestros alumnos y a los fieles a vivir con coherencia la fe y la vida! Ambas no pueden ir separadas. No se puede ser un buen ciudadano sin ser un buen cristiano; y no es un buen cristiano, si no transforma la sociedad como ciudadano. Enseñadles que es necesario transformar todas las dimensiones: familiares, sociales, educativas, culturales, económicas y políticas a la luz del evangelio.

Vuestro carisma salesiano, como ya os he dicho en otras ocasiones, tiene mucho futuro. Al celebrar este 125 Aniversario, deseamos que podáis permanecer entre nosotros otros centenarios más.

4.- La abundancia de vino en las bodas de Caná

Y el evangelio de hoy nos presenta la escena de las Bodas en Caná de Galilea. La madre de Jesús estaba allí (cf. Jn 2,1); y Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda (cf. Jn 2,2).

Ella sabe, como buena Madre, apreciar los detalles de la vida, descubre las necesidades de los demás, está atenta de manera delicada y femenina a las situaciones que puedan ser embarazosas. Ella está atenta a cada uno de nosotros en la situación en que nos encontremos. Una buena madre está siempre atenta a cada uno de sus hijos, aunque tengan necesidades distintas. La Virgen nos auxilia en lo que más necesitamos.

Descubrió que faltaba el vino en la boda, y le dice a su Hijo: «No tienen vino» (Jn 2,3). Ella no le pidió un milagro, ni le ordenó nada; de modo delicado le hace ver la necesidad. Y Jesús le responde con una cierta evasiva, como si quisiera desinteresarse de la situación: «Todavía no ha llegado mi hora» (Jn 2,4).

Pero Ella insiste y dice a los sirvientes: «Haced lo que él os diga» (Jn 2,5). Y Jesús convierte el agua abundante, unos seiscientos litros, en un vino generoso, bueno y sabroso (Jn 2,6-7).

5.- Aprender a rezar como María

Queridos fieles y devotos de María Auxiliadora, Ella sabe estar y conoce bien lo que necesitamos. ¡Dejemos que el Señor haga en cada uno de nosotros lo que Él quiera hacer! Si la Virgen no le pidió a su Hijo lo que tenía que hacer, y solamente le insinuó la necesidad, con ello nos enseña que acudamos a Jesús con delicadeza, sin presionar y sin exigir. Podemos decirle: “María Auxiliadora, estoy necesitado, pero tú sabes mejor lo que necesito de veras». Porque a veces nuestra oración es demasiado pedigüeña: “Dame esto, concédeme lo otro”. Debemos aprender a rezar de la Madre.

Podemos dirigirnos a Dios para exponer nuestras necesidades, a la espera de que Él haga en nosotros su voluntad. El Señor nos llenará de vino sabroso, que ni siquiera habíamos probado antes; nos colmará de felicidad, nos dará lo que necesitamos verdaderamente. Porque puede suceder que pidamos al Señor cosas que no nos convienen para nuestra salvación; y por eso Él no lo concede, con el consiguiente enfado por nuestra parte. Hemos de ser tiernos, como es tierna la Madre; hemos de aprender de Ella cómo hemos de pedir.

¡Queridos hermanos salesianos, muchas gracias por todo lo que habéis hecho por las generaciones de jóvenes que habéis educado en estos años! Y por el bien que habéis hecho a nuestros fieles en este tiempo.

Siguiendo el ejemplo de Jesús en las Bodas de Caná os pedimos que compartáis con nosotros el buen vino del evangelio, que seáis testigos de la luz de Cristo, y que, con vuestro ejemplo, podamos amar cada día más a nuestra Madre, la Virgen, a quien llamáis “María Auxiliadora”. Le pedimos a Ella que nos acompañe siempre en nuestra vida, que nos cuide con su solicitud maternal y nos ayude a ser buenos hijos suyos y buenos hermanos en su Hijo Jesús. Amén

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