Homilía para el Domingo 27 Tiempo Ordinario, B (7-10-2012), por José-Román Flecha
Rincón Litúrgico

Homilía para el Domingo 27 Tiempo Ordinario, B (7-10-2012), por José-Román Flecha

“Pregunta por el divorcio” es el título de la reflexión homilético del sacerdote y teólogo José-Román Flecha Andrés para el Domingo 27 del Tiempo Ordinario, B, correspondiente al 7 de octubre de 2012

Durante cuatro domingos -que este año coinciden con los del mes de octubre- vamos a leer el capítulo 10 del Evangelio según San Marcos. En él encontramos tres catequesis sobre las tendencias básicas del ser humano: el placer, el tener y el poder y su revisión a la luz del evangelio, que concluye con el encuentro de Jesús con el ciego de Jericó.

Esas catequesis determinan la elección de las cuatro lecturas, tomadas del Antiguo Testamento. La lectura del Génesis incluye hoy al menos tres lecciones sobre el amor sexual:

– La sexualidad humana ha sido querida por Dios como signo y medio del encuentro interpersonal (Gén 2,21). La mujer es creada durante un sueño que habitualmente es el espacio de las revelaciones divinas. Con ello se insinúa que el “tú” representado en el otro sexo es el camino de acceso al Tú trascendente de Dios.

– La sexualidad humana parece marcar la diferencia entre los seres humanos y los demás vivientes. Sólo ante la mujer, puede Adán salir de su soledad y encontrar una ayuda adecuada que no le pueden proporcionar los demás seres de la creación (Gén 2, 18. 22).

– La sexualidad humana significa y realiza la igualdad entre las personas, expresada por el mismo origen material, a partir de la carne viviente; por la semejanza del nombre de la mujer en simetría con el nombre del varón; y por la identidad de destino y de misión: “serán una sola carne”, es decir una unidad de proyectos y de vida  (Gén 2,23-24).

UNA HISTORIA COMÚN

En el evangelio de hoy se presenta la cuestión del matrimonio y el divorcio (Mt 10, 2-16). Los fariseos preguntan a Jesús si es lícito a un hombre divorciarse de su mujer. El relato incluye unas diferencias importantes muy bien resumidas por la Comunidad de Bose.

– En primer lugar, los fariseos parecen interesados solamente por el aspecto legal. Lo que importa es estar bien con la ley. En realidad reducen la relación entre los esposos a un asunto de licitud. Jesús en cambio se coloca en el terreno de la verdadera relación con Dios y con la otra persona.

– Los fariseos no tienen en cuenta la situación en que queda la mujer. Consideran el “acta de repudio” como un derecho del varón, cuando en realidad era un deber para que la mujer pudiera volver a contraer matrimonio, sin quedar reducida a la pobreza y la marginalidad a la que la condenaba una sociedad patriarcal.

– Los fariseos se colocan en el punto de vista del esposo. Jesús les invita a redescubrir el proyecto original de Dios. Con ello Jesús considera el amor no sólo como un enamoramiento, sino como una historia común. Una historia hecha de gozos y esperanzas, de proyectos y de pruebas, de fidelidad y de perdón.

 

UNA FIDELIDAD AGRADECIDA

“Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre”. Jesús parece recoger un proverbio sobre la seriedad de las alianzas.  Pero, a su vez, la comunidad cristiana ha convertido la palabra de Jesús en un proverbio.

• “Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre”. Los no creyentes verán tal vez el matrimonio como un contrato. O como un proyecto de vida compartido. Los que siguen a Jesús no niegan la validez de esos planteamientos, Pero han de tratar de descubrir el proyecto de Dios. Dios es amor. Y Dios es fiel. De él viene todo amor que aspire a durar en el tiempo.

• “Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre”. Los cristianos habrán de preguntarse siempre, con sinceridad, si su matrimonio ha sido realmente unido por Dios. Cuando es así, descubrirán también la mano de Dios en la continuidad de su amor. Y darán gracias todos los días por el don de la fidelidad.

• “Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre”. En su primera encíclica “Dios es amor”, Benedicto XVI ha escrito que el amor incluye el sentimiento, pero no es sólo un sentimiento. Es, sobre todo, un compromiso. Si esto vale para el voluntariado y para el compromiso social, vale sobre todo para el amor conyugal.

– Señor Jesús, tu mirada sobre el matrimonio era necesariamente una mirada a Dios. Que a él se vuelvan los esposos cristianos buscando las raíces y las fuerzas que sostienen su alianza.  Y que nuestro afecto y nuestras instituciones colaboren a apoyar eficazmente a todos los esposos que pasan por horas de dificultad. Amén.

José-Román Flecha Andrés

 

 

 

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Sobre el autor José Román Flecha Andrés

José Román Flecha Andrés, sacerdote, catedrático de Teología Moral, especializado en Bioética,