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Homilía Papa Francisco Misa Cena del Señor, Lavatorio de los pies

Dios, en el lavatorio de los pies, nos hace sentir de nuevo su amor

Homilía del Papa Francisco en la Misa de la Cena del Señor (Cárcel de Rebibbia de Roma, Jueves Santo, 2-4-2015)

En este jueves, Jesús estaba en la mesa con sus discípulos, celebrando la fiesta de la Pascua. Y el pasaje del Evangelio que acabamos de escuchar, contiene una frase que es realmente el corazón de lo que Jesús hizo por todos nosotros: “Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (Jn 13,1). Jesús nos ha amado. Jesús nos ama. Sin límites, siempre, hasta el final. El amor de Jesús por nosotros no tiene límites: cada vez más, más y más. No se cansas de amar. A ninguno. Él nos ama a todos, hasta el punto de dar su vida por nosotros. Sí, dar su vida por nosotros; sí, dar su vida por todos nosotros, dando su vida por cada uno de nosotros. Y cada uno de nosotros puede decir: “Él dio su vida por mí.” Cada uno. Él dio su vida por ti, por ti, por ti, por mí, por todos y cada uno, que conoce con nombre y apellido. Su amor es así: personal. El amor de Jesús nunca decepciona, porque Él no se cansa de amar, como no se cansa de perdonar, no se cansa de abrazarnos. Esta es la primera cosa que quería deciros: Jesús nos ha amado a todos y a cada uno de nosotros hasta el final.

Y después, hace esto que los discípulos no entendían: lavar los pies. En aquel tiempo, era un uso, era una costumbre, porque la gente cuando llegaba a casa, tenía los pies sucios de polvo del camino; no había adoquines, entonces… Había polvo del camino. Y al entrar a casa,  se lavaban los pies. Pero esto no lo hacía el dueño de la casa, lo hacían los esclavos. Era un trabajo de esclavos. Y Jesús lava como un esclavo nuestros pies, los pies de los discípulos, y por esto dice: “Lo que yo hago, tú ahora no lo comprendes ahora -le dice a Pedro-, lo entenderás después” (Jn 13,7). Jesús nos tiene tanto amor que se ha convertido en un esclavo para servirnos, para sanarnos, para limpiarnos.

Y hoy, en esta misa, la Iglesia quiere que el sacerdote para lavar los pies de doce personas, en memoria de los doce apóstoles. Pero en nuestro corazón debemos estar seguros, debemos estar seguros de que el Señor, cuando nos lava los pies, nos lava del todo, nos purifica, nos hace sentir de nuevo su amor. En la Biblia hay una frase, en el profeta Isaías, tan hermosa; dice: “¿Puede una madre olvidar a su hijo? Pero aunque una madre se olvidara de su niño, yo nunca me olvidaré de ti “(cf. 49:15). Así es el amor de Dios por nosotros.

Y ahora yo lavaré los pies de doce de vosotros. Pero en vosotros, pero estos hermanos y hermanas, estáis y están todos, todos, todos. Todos los que viven aquí. Vosotros los representáis. Pero también necesito ser lavado por el Señor, y rezo por esto durante esta misa para el Señor lava también mi suciedad, para que yo sea más esclavo que vosotros, más esclavo en el servicio a las gentes, como lo fue Jesús.

Ahora comenzamos esta parte de la celebración.

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