Carta del Obispo Iglesia en España

Homilía obispo de Ourense peregrinación Virgen de los Milagros a la ciudad y catedral de Ourense

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Homilía obispo de Ourense peregrinación Virgen de los Milagros a la ciudad y catedral de Ourense

Visita de la Imagen de Nuestra Señora de los Milagros a la ciudad de Ourense y su acogida en la S. I. B. Catedral de San Martiño

 1 de mayo de 2015

Excmo. Cabildo Catedralicio.

Ilmos. Sres. Vicarios y Delegados Episcopales de esta Diócesis.

Mis queridos hermanos sacerdotes y seminaristas.

Saludo con especial afecto a los miembros de la Vida Consagrada.

A todos los que formáis parte de los diferentes grupos, movimientos, asociaciones y demás instituciones laicales que enriquecéis con vuestra fidelidad a esta Iglesia.

Hermanas y hermanos míos en el Señor.

Fieles devotos de la Santísima Virgen, Señora de los Milagros.

En esta tarde en la que celebramos la Memoria litúrgica de San José Obrero y nos encontramos en el séptimo día de la Novena al Santo Cristo, las puertas de esta Iglesia Catedral, sede del Obispo de esta Iglesia particular de Ourense, se han abierto para recibir la venerada imagen de Nuestra Señora de los Milagros. Ella viene a nosotros, simbólicamente representada en esta sagrada imagen, para devolvernos las muchas visitas que todo el pueblo creyente o no, que peregrina por las nobles tierras ourensanas, realiza física y espiritualmente a su santuario del monte Medo. A lo largo de los últimos siglos, muchos de nuestros antepasados se han acercado al Santuario de los Milagros y han puesto en el regazo de la Madre de Dios sus afanes y tribulaciones, sus necesidades materiales y espirituales, y también sus muchas acciones de gracias. Es ésta, según las crónicas, la tercera vez que esta imagen se acerca a esta ciudad, que es tanto como decir, visita el corazón de esta Iglesia de Ourense.

Este es un acto que encierra para todos nosotros un fuerte contenido de fe y, al mismo tiempo, es una nueva invitación a la conversión; es decir, el Dios de la Misericordia, que a lo largo de estos días de la novena del Santo Cristo estamos contemplando en la imagen del Crucificado-Resucitado se hace dulce presencia gracias a la tierna mirada de esta que es Señora de los Milagros.

A Nuestra Madre la Virgen quisiera dirigirle, como pastor de esta Iglesia particular, y en nombre de todos los hijos e hijas de este pueblo, creyentes o no, una súplica que quiere ser un proyecto de vida para todos nosotros, pastores y fieles laicos. Me dirijo a Ella apoyándome en la certeza de la Palabra de Dios que ha sido proclamada: Haced lo que él os diga (Jn. 2,5).

Madre de Dios y Madre Nuestra ¡Señora de los Milagros!

Acogemos tu invitación, la misma que hiciste a aquellos que se encontraron con dificultades en las bodas de Caná de Galilea. También nosotros queremos hacer lo que él nos diga. Sabemos bien que él – Nuestro Señor Jesucristo – nos habla constantemente a través de su Palabra que, acogida y vivida en el seno de la Madre Iglesia, nos ayuda a descubrir el querer de Dios sobre nosotros y sobre nuestra historia personal y comunitaria. Ayúdanos, tanto a los pastores como a los laicos, a convertir la Palabra de Dios en el libro de oración, a dedicarle el tiempo suficiente para que nos ayude a caminar en la presencia del Señor. Fortalece y anima a los grupos bíblicos de nuestra Diócesis para que no cejen en su deseo de adentrarse en el querer del Dios que nos habla por medio de las Sagradas Escrituras. Madre Nuestra, ayúdanos y concédenos las luces necesarias para saber escrutar la voluntad del Señor en la lectura asidua de la Palabra. Haz que otros muchos hermanos y hermanas descubran este camino de gracia para acercarse a Dios, sobre todo los niños y los jóvenes. El papa Francisco nos da un ejemplo elocuente cuando pide a todos, también a los niños, que lean el pequeño libro de los Evangelios.

Sabemos que él nos habla también a través de la Iglesia, sobre todo por medio del Santo Padre y de los pastores que en comunión con Pedro nos iluminan en nuestro camino. Haznos dóciles a sus enseñanzas y ayúdanos acogerlas con un corazón puro, sencillo y humilde como una auténtica experiencia de fe. Ayúdanos a todos a ser fieles ¡más fieles! al querer de tu Hijo Jesucristo.

¡Señora de los Milagros! el Buen Dios también sale a nuestro encuentro a través de las circunstancias de la vida. Se hace, dolorosamente expresiva y exigentemente, cuando constatamos la apremiante realidad que nos rodea: niños que abandonan, prematuramente, nuestras catequesis sin haber conseguido los objetivos mínimos en su formación cristiana. Padres que exigen para sus hijos el cumplimiento de unos ritos religiosos y a los que les importa poco, o muy poco, su maduración en la fe cristiana. Jóvenes que, mayoritariamente, manifiestan que ya no creen en Dios. Matrimonios que se rompen al llegar las primeras dificultades, o aquellos que no se atreven a construir una familia estable porque se sienten inseguros y acosados por tantas dificultades sociales y económicas. Personas mayores que no aceptan la realidad de sus años, signo elocuente del don de Dios, y se esfuerzan por vivir en la periferia de los sentimientos, aferrados a tantas cosas que les impiden ser felices y prepararse con esperanza a la llegada del Reino. También nos habla Dios a través de tantos signos de pobreza y de miseria moral y espiritual en colectivos de personas que viven entre nosotros y en algunos de nuestros conciudadanos que reclaman de los cristianos una ayuda efectiva a sus problemas. La labor pastoral, solidaria y caritativa de nuestra Iglesia particular se esfuerza por dar respuesta a todas estas necesidades y a veces no llegamos por falta de medios ¡Ayúdanos Señora!

Madre Nuestra ¡Señora de los Milagros! Algunos piensan que estamos aplastados por las dificultades que el cristianismo encuentra en esta sociedad cada vez más impregnada por nuevas formas de neopaganismo y creen que nuestro único camino es clausurarnos en nuestras sacristías y en los templos; bien sabes que no es así. Somos una Iglesia de antiguas raíces cristianas cuyo fundamento se encuentra en los albores mismos de la predicación del cristianismo en estas tierras. Somos una Iglesia que ha sido muy fecunda por la santidad de sus hijos y por la fidelidad de tantos hombres y mujeres que vivieron el matrimonio con heroísmo dando muchos hijos a este pueblo, de donde surgieron vocaciones a la vida sacerdotal, religiosa y misionera que supieron llevar la alegría del Evangelio a muchos lugares de la tierra. Ellos constituyen una de las páginas más hermosas de la historia viva de nuestra Iglesia. Siendo conscientes de esta generosa realidad, expresada por la vida de los que nos han precedido en el signo de fe, también nosotros, los que estamos hoy aquí en torno a tu sagrada imagen, en representación de todo el Pueblo de Dios que peregrina por estas tierras, queremos pedirte que nos ayudes para llevar a cabo esta nueva tarea evangelizadora a la que nos está invitando el papa Francisco. Hemos sido, somos y queremos seguir siendo, una Iglesia misionera. Queremos ser una Iglesia abierta a todos, porque son todos: hombres y mujeres, niños y ancianos, jóvenes y enfermos, cristianos o no, creyentes y agnósticos, a los que queremos hacer llegar el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo porque sabemos que la alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con tu hijo Jesucristo, que es el único Camino, Verdad y Vida que conduce a la plenitud del ser y a la salvación eterna.

Hemos puesto bajo tu protección el Plan Pastoral de nuestra Iglesia. Ourense en misión con María. Todavía estamos comenzando ¡lo hacemos con ilusión! y, sobre todo, con mucha esperanza. Constantemente somos impulsados por el Santo Padre a un renovado compromiso cristiano. ¡Nos quiere en camino! Este deseo de Francisco nos recuerda aquel otro expresado por Santa Teresa de Jesús cuando estaba a punto de morir ¡es hora de caminar!. Todavía faltan varios meses para clausurar este Año Santo Mariano, lo haremos el día de tu fiesta, el 8 de septiembre. Pero, por don de Dios, el papa, que nos quiere despiertos y vigilantes, nos ha hecho llegar su invitación a ponernos, de nuevo en camino. En la Bula Misericordiae vultus convocando el Jubileo extraordinario de la Misericordia, nos recuerda que la peregrinación es un signo…, porque es imagen del camino que cada persona realiza en su existencia. La vida – dice Francisco – es una peregrinación y el ser humano es viator, un peregrino que recorre el camino hasta alcanzar la meta anhelada[1]. Cuando el curso pasado, después de estudiarlo con mis más estrechos colaboradores, solicité al Santo Padre un año jubilar con motivo de los cincuenta años de la coronación canónica de tu imagen – corona que fue construida por la devoción de todo el pueblo ourensano y que hoy luces, enseguida nos contestó concediendonos este Año Jubilar Mariano.

Ya en aquel momento nos invitaba a que hiciésemos de ese año un tiempo de gracia y de conversión, a la peregrinación y a acercarnos al sacramento de la Penitencia; el mismo Papa nos recuerda a los obispos que debemos cuidar la administración de este sacramento en nuestras Diócesis porque, nos dice él, muchas personas están volviendo a acercarse al sacramento de la Reconciliación y entre ellas muchos jóvenes, quienes en una experiencia semejante suelen reencontrar el camino para volver al Señor, para vivir un momento de intensa oración y redescubrir el sentido de la propia vida. De nuevo ponemos convencidos en el centro el sacramento de la Reconciliación, porque nos permite experimentar en carne propia la grandeza de la misericordia[2]. Te suplico, Madre de los Milagros, que nos ayudes a convertir nuestros templos, comenzando por esta

Catedral, en un lugar de adoración y de recepción del sacramento de la Reconciliación. Ese será uno de los objetivos particulares del nueva Plan Pastoral: Ourense en misión.

Ayúdanos a seguir caminando sin desfallecer en nuestra tarea pastoral. El Santo Padre nos habla de los Misioneros de la Misericordia como signo de la solicitud materna de la Iglesia por el Pueblo de Dios[3]. Somos conscientes de que en algunas de nuestras comunidades parroquiales ya se hace una experiencia similar, unos catequistas recorren la parroquia, puerta a puerta, anunciando la Buena Nueva de Jesucristo y recordándoles, sobre todo a aquellos que han abandonado nuestros templos o que por diferentes dificultades ya no se acercan a ellos, que la Iglesia como madre está su disposición y vive, reza y celebra la fe en la parroquia. Con tu ayuda Madre, quisiéramos potenciar este apostolado de Iglesia en salida que nos pide el Papa. También nos pide a los obispos que organicemos misiones para el pueblo. Ayúdanos, Madre de los Milagros, a saber encontrar los métodos y los caminos necesarios para permitir a tantos hijos alejados encontrar el camino de regreso a la casa paterna[4]. Necesitamos que nos ayudes a construir, poco a poco, comunidades abiertas, necesitamos parroquias sin fronteras pastorales, menos autorreferenciales, en salida.

¡Madre! Nuestra Iglesia particular ha sido fecunda en vocaciones. Te ruego por nuestros sacerdotes, por aquellos que se encuentran enfermos o sin fuerzas, por los desalentados a causa de las faltas de respuestas en sus trabajos pastorales. Te pido que nos concedas santidad de vida. Por tantos hombres y mujeres de nuestra tierra que se han consagrado al Señor en la vida religiosa, misionera y monástica. Pongo en tus manos a las que forman parte de los Institutos seculares. Bendice y protege a nuestros seminarios. Danos vocaciones al ministerio sacerdotal y para la vida religiosa, misionera y monástica.

Madre de Dios y Madre Nuestra, Señora de los Milagros, acoge la oración y los deseos que este pastor y todos tus hijos aquí reunidos ponemos hoy en tu regazo misericordioso para que los presentes ante tu Hijo, el Señor de nuestra historia y de nuestras vidas, al él la gloria por los siglos de los siglos. Amén

 

 

[1] FRANCISCO, Bula Misericordiae vultus, nº 14.

[2] Ibíd., nº 19 c.

[3] Ibíd., nº 18.

[4] Ibíd., nº 18 b.

 

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