Santa Sede

Homilía en el funeral del cardenal Silvestrini: espíritu generoso y fiel a Dios

Homilía en el funeral del cardenal Silvestrini: espíritu generoso y fiel a Dios

El cardenal Giovanni Battista Re, vicedecano del Colegio Cardenalicio, fue el encargado de celebrar las exequias del cardenal italiano Achille Silvestrini, prefecto emérito de la Congregación para las Iglesias Orientales, quien falleció la mañana del jueves 29 de agosto, en la Ciudad del Vaticano a la edad de 95 años. A lo largo de la homilía se destacó su espíritu de servicio generoso ante Dios, el Papa y la Iglesia. Al final de la celebración eucarística, el Papa Francisco presidió el rito fúnebre de la Ultima Commendatio et Valedictio.

Ciudad del Vaticano, Vatican News, 30 de agosto de 2019

La tarde del viernes 30 de agosto, en un ambiente de fraternidad y recogimiento, tuvo lugar en la Basílica de San Pedro la celebración de las exequias del Cardenal Achille Silvestrini, a quien el Señor llamó consigo a la edad de 95 años. Sus hermanos cardenales y seres queridos se reunieron para dedicarle un último saludo y rezar por el eterno descanso de su alma.

Larga e intensa vida al servicio de la Iglesia

El encargado de presidir el funeral fue el Cardenal Giovanni Battista Re, Vice Decano del Colegio Cardenalicio, quien durante la homilía recordó la larga y activa vida que desarrolló Silvestrini en la Curia Romana al servicio de la Iglesia, del Papa y de la Santa Sede.

Su labor pastoral también destacó en favor de varios sectores de la sociedad a través de los distintos cargos desempeñados que lo llevaron a trabajar por la paz, los derechos humanos y las grandes causas de la humanidad en el ámbito internacional. «Siempre se ha caracterizado por un gran espíritu sacerdotal, con un punto de especial atención a la formación de los jóvenes», dijo el Cardenal Re compartiendo un recorrido memórico sobre algunos de los momentos más destacables de la vida de Su Eminencia.

Servicio diplomático en la Santa Sede

Nacido en Bisighella en 1923, fue ordenado sacerdote por el obispo de Faenza en 1946. Se graduó en Literatura y Filosofía en la Universidad de Bolonia y luego en Utroque iure (Derecho canónico y civil) en la Pontificia Universidad Lateranense mientras estudiaba en la Pontificia Academia Eclesiástica.

En 1952 ingresó en el servicio diplomático de la Santa Sede, iniciando su colaboración con el entonces Monseñor Domenico Tardini, en cuya escuela -como él mismo reconocía- tuvo una experiencia que le resultó muy útil en su vida.

Trabajo en la Secretaría de Estado

En sus 36 años de trabajo como Secretaria de Estado, con tareas cada vez más exigentes y de mayor responsabilidad, el Cardenal Silvestrini mostró una gran inteligencia y sabiduría.

Silvestrini se ocupó inicialmente de los problemas del sudeste asiático (Vietnam, China, Indonesia); luego, en 1965, se le encomendó el Sector Internacional en el que se ocupó personalmente de los problemas de la paz, el desarme, los derechos humanos y la defensa de la libertad religiosa y de los valores humanos.

Buscando el bien de la Iglesia y de la sociedad

«Su atención a las personas, su cultura, su conocimiento de las personas y de los acontecimientos y su capacidad para estudiar los problemas le dieron la perspectiva de las cosas posibles, para el bien de la Iglesia pero también de la sociedad», afirmó el Cardenal Re, haciendo hincapié en que la estima por él fue creciendo poco a poco, hasta que posteriormente el Papa Pablo VI lo nombró Subsecretario del Pontificio Consejo para los Asuntos Públicos de la Iglesia y el Papa Juan Pablo II, en 1979, lo nombró Secretario de la Sección de la Secretaría de Estado para las Relaciones con los Estados, confiriéndole personalmente la ordenación episcopal, con el título de Arzobispo.

Creado Cardenal por Juan Pablo II

En 1988 el Papa Juan Pablo II lo creó Cardenal de la Santa Iglesia Romana, encomendándole primero la tarea de Prefecto del Tribunal Supremo del Signet Apostólico y luego lo transfirió al Prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales, donde llevó a cabo una actividad muy apreciada por los Patriarcas de las Iglesias Orientales.

Espíritu de servicio generoso

Asimismo, el Cardenal Re subrayó que en la gran variedad de trabajos y mandatos realizados por el Card. Silvestrini, el espíritu que lo animaba era siempre el mismo: «el de un servicio generoso y fiel a Dios, al Papa, a la Santa Sede, y también de gran dedicación en la búsqueda del bien de la humanidad, encontrando siempre tiempo para dedicarse a la formación de los jóvenes y, en particular, a los jóvenes vinculados a Villa Nazaret».

«Imploramos la misericordia divina, en la que él creyó y esperó, para que, purificado de toda culpa, sea recibido por el Señor en la inmensidad de su amor y en su felicidad eterna», concluyó.

Al final de la celebración eucarística, el Papa Francisco presidió el rito fúnebre de la Ultima Commendatio et Valedictio.

 

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