Año de la Misericordia 2015 - 2016 Especiales Ecclesia Papa Francisco

Homilía del Papa Francisco en el Jubileo de la Misericordia para los Adolescentes

Homilía del Papa Francisco en el Jubileo de la Misericordia para los Adolescentes, Plaza de San Pedro de Roma, domingo 24 de abril de 2016

«La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros» (Jn 13,35).

Queridos muchachos: Qué gran responsabilidad nos confía hoy el Señor. Nos dice que la gente conocerá a los discípulos de Jesús por cómo se aman entre ellos. En otras palabras, el amor es el documento de identidad del cristiano, es el único “documento” válido para ser reconocidos como discípulos de Jesús. El único documento válido. Si este documento caduca y no se renueva continuamente, dejamos de ser testigos del Maestro. Entonces os pregunto: ¿Queréis acoger la invitación de Jesús para ser sus discípulos? ¿Queréis ser sus amigos fieles? El amigo verdadero de Jesús se distingue principalmente por el amor concreto; no el amor “en las nubes”, no, el amor concreto que resplandece en su vida. El amor es siempre concreto. Quien no es concreto y habla del amor está haciendo una telenovela, una telecomedia. ¿Queréis vivir este amor que él nos entrega? ¿Queréis o no queréis? Entonces, frecuentemos su escuela, que es una escuela de vida para aprender a amar. Y esto es un trabajo de todos los días: aprender a amar.

Ante todo, amar es bello, es el camino para ser felices. Pero no es fácil, es desafiante, supone esfuerzo. Por ejemplo, pensemos cuando recibimos un regalo: nos hace felices, pero para preparar ese regalo las personas generosas han dedicado tiempo y dedicación y, de ese modo, regalándonos algo, nos han dado también algo de ellas mismas, algo de lo que han sabido privarse. Pensemos también al regalo que vuestros padres y animadores os han hecho, al dejaros venir a Roma para este Jubileo dedicado a vosotros. Han programado, organizado, preparado todo para vosotros, y esto les daba alegría, aun cuando hayan renunciado a un viaje para ellos. Esto es amor concreto. En efecto, amar quiere decir dar, no sólo algo material, sino algo de uno mismo: el tiempo personal, la propia amistad, las capacidades personales.

Miremos al Señor, que es insuperable en generosidad. Recibimos de él muchos dones, y cada día tendríamos que darle gracias. Quisiera preguntaros: ¿Dais gracias al Señor todos los días? Aun cuando nos olvidemos, él se acuerda de hacernos cada día un regalo especial. No es un regalo material para tener entre las manos y usar, sino un don más grande para la vida. ¿Qué nos da el Señor? Nos regala su amistad fiel, que no la retirará jamás. El Señor es el amigo para siempre. Además, si tú lo decepcionas y te alejas de él, Jesús sigue amándote y estando contigo, creyendo en ti más de lo que tú crees en ti mismo. Esto es lo específico del amor que nos enseña Jesús. Y esto es muy importante. Porque la amenaza principal, que impide crecer bien, es cuando no importas a nadie —esto es triste—, cuando te sientes marginado. En cambio, el Señor está siempre junto a ti y está contento de estar contigo. Como hizo con sus discípulos jóvenes, te mira a los ojos y te llama para seguirlo, para «remar mar a dentro» y «echar las redes» confiando en su palabra; es decir, poner en juego tus talentos en la vida, junto a él, sin miedo. Jesús te espera pacientemente, atiente una respuesta, aguarda tu “sí”.

Queridos chicos y chicas, a vuestra edad surge en vosotros de una manera nueva el deseo de afeccionaros y de recibir afecto. Si vais a la escuela del Señor, os enseñará a hacer más hermosos también el afecto y la ternura. Os pondrá en el corazón una intención buena, esa de amar sin poseer: de querer a las personas sin desearlas como algo propio, sino dejándolas libres. Porque el amor es libre. No existe amor verdadero si no es libre. Esa libertad que el Señor nos da cuando nos ama. Él siempre está junto a nosotros. En efecto, siempre existe la tentación de contaminar el afecto con la pretensión instintiva de tomar, de “poseer” aquello que me gusta; y esto es egoísmo. Y también, la cultura consumista refuerza esta tendencia. Pero cualquier cosa, cuando se exprime demasiado, se desgasta, se estropea; después se queda uno decepcionado con el vacío dentro. Si escucháis la voz del Señor, os revelará el secreto de la ternura: interesarse por otra persona, quiere decir respetarla, protegerla, esperarla. Y esta es la manifestación de la ternura y del amor.

En estos años de juventud percibís también un gran deseo de libertad. Muchos os dirán que ser libres significa hacer lo que se quiera. Pero en esto se necesita saber decir no. Si no sabes decir no, no eres libre. Libre es quien sabe decir sí y sabe decir no. La libertad no es poder hacer siempre lo que se quiere: esto nos vuelve cerrados, distantes y nos impide ser amigos abiertos y sinceros; no es verdad que cuando estoy bien todo vaya bien. No, no es verdad. En cambio, la libertad es el don de poder elegir el bien: esto es libertad. Es libre quien elige el bien, quien busca aquello que agrada a Dios, aun cuando sea fatigoso y no sea fácil. Pero yo creo que vosotros, jóvenes, no tenéis miedo al cansancio, sois valientes. Sólo con decisiones valientes y fuertes se realizan los sueños más grandes, esos por los que vale la pena dar la vida. Decisiones valientes y fuertes. No os contentéis con la mediocridad, con “ir tirando”, estando cómodos y sentados; no confiéis en quien os distrae de la verdadera riqueza, que sois vosotros, cuando os digan que la vida es bonita sólo si se tienen muchas cosas; desconfiad de quien os quiera hacer creer que sois valiosos cuando os hacéis pasar por fuertes, como los héroes de las películas, o cuando lleváis vestidos a la última moda. Vuestra felicidad no tiene precio y no se negocia; no es un “app” que se descarga en el teléfono móvil: ni siquiera la versión más reciente podrá ayudaros a ser libres y grandes en el amor. La libertad es otra cosa.

Porque el amor es el don libre de quien tiene el corazón abierto; es una responsabilidad, pero una responsabilidad bella que dura toda la vida; es el compromiso cotidiano de quien sabe realizar grandes sueños. ¡Ay de los jóvenes que no saben soñar, que no se atreven a soñar! Si un joven, a vuestra edad, no es capaz de soñar, ya está jubilado, no sirve. El amor se alimenta de confianza, de respeto y de perdón. El amor no surge porque hablemos de él, sino cuando se vive; no es una poesía bonita para aprender de memoria, sino una opción de vida que se ha de poner en práctica. ¿Cómo podemos crecer en el amor? El secreto está en el Señor: Jesús se nos da a sí mismo en la Santa Misa, nos ofrece el perdón y la paz en la Confesión. Allí aprendemos a acoger su amor, hacerlo nuestro, y a difundirlo en el mundo. Y cuando amar parece algo arduo, cuando es difícil decir no a lo que es falso, mirad la cruz del Señor, abrazadla y no dejad su mano, que os lleva hacia lo alto y os levanta cuando caéis. Durante la vida siempre se cae, porque somos pecadores, somos débiles. Pero está la mano de Jesús que nos levanta y nos eleva. Jesús nos quiere de pie. Esa palabra bonita que Jesús decía a los paralíticos: “levántate”. Dios nos ha creado para estar de pie. Hay una canción hermosa que cantan los alpinos cuando suben a la montaña. La canción dice así: «en el arte de subir, lo importante no es no caer, sino no permanecer caído». Tener la valentía de levantarse, de dejarse levantar por la mano de Jesús. Y esta mano muchas veces viene a través de la mano de un amigo, de la mano de los padres, de la mano de aquellos que nos acompañan en la vida. También el mismo Jesús está allí. Levantaos. Dios os quiere de pie, siempre de pie.

Sé que sois capaces de gestos grandes de amistad y bondad. Estáis llamados a construir así el futuro: junto con los otros y por los otros, pero jamás contra alguien. No se construye “contra”: esto se llama destrucción. Haréis cosas maravillosas si os preparáis bien ya desde ahora, viviendo plenamente vuestra edad, tan rica de dones, y no temiendo al cansancio. Haced como los campeones del mundo del deporte, que logran metas altas entrenándose con humildad y tenacidad todos los días. Que vuestro programa cotidiano sea las obras de misericordia: Entrenaos con entusiasmo en ellas para ser campeones de vida, campeones de amor. Así seréis conocidos como discípulos de Jesús. Así tendréis el documento de identidad de cristianos. Y os aseguro: vuestra alegría será plena.

 

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  • LA ALEGRIA DEL AMOR

    En Amoris laetitia, La alegría del amor, sobre el amor en la familia, exhortación publicada este viernes 8 de abril por el Vaticano en medio de inmensa expectativa y luego de dos sínodos sobre la familia convocados en el 2014 y en el 2015, el Papa Francisco invita a comprender, acompañar, integrar y tener brazos abiertos para los que sufren. Se trata de un himno al amor que mezcla tradición y arrojo evangélico para poner la antorcha, en tiempos oscuros, en la belleza de la vida familiar, pero siempre con una visión esperanzadora en la construcción de un mundo “donde nadie se sienta solo”, y conciliadora, porque al final la familia es el sueño de Dios.

    La alegría del amor está dirigida a todos los católicos y sus pastores. La Iglesia hace un esfuerzo para estar cerca de las parejas casadas. La familia no es un ideal sino un “trabajo artesanal” Se trata de atender la vocación de la familia en tiempos difíciles. Una apertura más a la fragilidad. El Papa habla de la “lógica de la misericordia pastoral” y pide “evitar los juicios que no toman en cuenta la complejidad de las diversas situaciones” El Papa quiere una Iglesia que escucha a la persona que se siente herida. Una Iglesia que discierna en cada situación y evite los juicios. Es una búsqueda humilde y sincera de la voluntad de Dios. Nos invita a ser comprensivos frente a situaciones complejas y dolorosas. El Papa Francisco quiere compasión y no juicios. Amor por los frágiles y descubrir la fuerza de la ternura. Es un documento de esperanza y de amor a la familia como signo de misericordia.

    La pastoral de la Iglesia está bien resumida en estas palabras finales del Papa: “Invito a los fieles que están viviendo situaciones complejas, difíciles a que se acerquen con confianza a conversar con sus pastores o con laicos que viven entregados al Señor. No siempre encontrarán en ellos una confirmación de sus propias ideas o deseos, pero seguramente recibirán una luz que les permita comprender mejor lo que les sucede y podrán descubrir un camino de maduración personal. E invito a los pastores a escuchar con afecto y serenidad, con el deseo sincero de entrar en el corazón del drama de las personas y de comprender su punto de vista, para ayudarles a vivir mejor y a reconocer su propio lugar en la Iglesia”. Sobre la “lógica de la misericordia pastoral” Papa Francisco afirma con fuerza: “A veces nos cuesta mucho dar lugar en la pastoral al amor incondicional de Dios. Ponemos tantas condiciones a la misericordia que la vaciamos de sentido concreto y de significación real, y esa es la peor manera de licuar el Evangelio. Además, explica: “Hoy, más importante que una pastoral de los fracasos es el esfuerzo pastoral para consolidar los matrimonios y así prevenir las rupturas”.

    Esta exhortación procura alentar a todos para que seamos signos de misericordia y cercanía allí donde la vida familiar no se realiza perfectamente o no se desarrolla con paz y gozo. Tenemos que ser humildes y realistas, para reconocer que a veces nuestro modo de presentar las convicciones cristianas, y la forma de tratar a las personas, han ayudado a provocar lo que hoy lamentamos. Tampoco hemos hecho un buen acompañamiento de los nuevos matrimonios en sus primeros años, con propuestas que se adapten a sus horarios, a sus lenguajes, a sus inquietudes más concretas. Las crisis matrimoniales frecuentemente se afrontan de un modo superficial y sin la valentía de la paciencia, del diálogo sincero, del perdón recíproco, de la reconciliación y también del sacrificio. En las difíciles situaciones que viven las personas más necesitadas, la Iglesia debe tener un especial cuidado para comprender, consolar, integrar, evitando imponerles una serie de normas como si fueran una roca, con lo cual se consigue el efecto de hacer que se sientan juzgadas y abandonadas precisamente por esa Madre que está llamada a acercarles la misericordia de Dios. El amor no es sólo un sentimiento, sino que se debe entender en el sentido que tiene el verbo «amar» en hebreo: es «hacer el bien». Algunos se creen grandes porque saben más que los demás, y se dedican a exigirles y a controlarlos, cuando en realidad lo que nos hace grandes es el amor que comprende, cuida, protege al débil. El amor no se deja dominar por el rencor, el desprecio hacia las personas, el deseo de lastimar o de cobrarse algo. El ideal cristiano, y de modo particular en la familia, es amor a pesar de todo. A veces sucede que algunas familias cristianas, por el lenguaje que usan, por el modo de decir las cosas, por el estilo de su trato, por la repetición constante de dos o tres temas, son vistas como lejanas, como separadas de la sociedad, y por ello son despreciados y juzgados. Hay necesidad de la formación de agentes laicos de pastoral familiar con ayuda de psicopedagogos, médicos de familia, médicos comunitarios, asistentes sociales, abogados de minoridad y familia, con apertura a recibir los aportes de la psicología, la sociología, la sexología, e incluso el counseling. La Iglesia debe acompañar con atención y cuidado a sus hijos más frágiles, marcados por el amor herido y extraviado, dándoles de nuevo confianza y esperanza. Hay que evitar los juicios que no toman en cuenta la complejidad de las diversas situaciones, y hay que estar atentos al modo en que las personas viven y sufren a causa de su condición.

    La caridad requiere una actitud de gozo interior, lo que cuenta es la capacidad de mirar a la cara de la persona que nos pide auxilio. La caridad es un gesto sincero de amor y de atención ante quien nos encontramos. Caridad es la capacidad de mirar a los ojos para entender a quien nos necesita, un acto de misericordia no puede ser un peso del cual nos tenemos que liberar cuanto antes ¿Somos capaces de pararnos y mirar a la cara, a los ojos, a la persona que nos estan pidiendo ayuda?’ si alguien esta inactivo, desgraciado, solo y abandonado, es porque no tiene otra salida ¿Y tú qué haces escondido?

    Jesus quiere una Iglesia atenta al bien que el Espíritu derrama en medio de la fragilidad. Hoy, más importante que una pastoral de los fracasos es el esfuerzo pastoral para consolidar los matrimonios y así prevenir las rupturas. Muchas veces hemos actuado a la defensiva y gastamos las energías pastorales redoblando el ataque al mundo decadente, con poca capacidad proactiva, propositiva para mostrar caminos de felicidad. Es mezquino detenerse sólo a considerar si el obrar de una persona responde o no a una ley o norma general. Dos lógicas recorren toda la historia de la Iglesia: MARGINAR Y REINTEGRAR

    LA MISERICORDIA ES UNA ACTITUD Y NO SÓLO UN DISCURSO.

    NO JUZGEMOS A LOS DEMÁS USANDO LA PALABRA DE DIOS

    ¿VIVIR LAS OBRAS DE MISERICORDIA EN EL TERCER MILENEO?

    Cuánto más misericordioso espiritualmente sería si conociera la situación en que viven las personas necesitadas, si informara y compartiera las posibilidades que se le ofrecen a las personas en situación de necesidad, si estuviera abierto y acogiera al diferente, si supiera distinguir entre lo que oigo, lo que siento y la situación de las otras personas, si no me precipitara y escuchara atentamente para comprender y acompañar a las personas desconsoladas, si aceptara serenamente las limitaciones de las otras personas y no perdiera la oportunidad de enriquecerme, si hiciera presente con mi vida y acciones el amor de Dios a los vivos y a los difuntos.

    Cuánto más misericordioso corporalmente seria, si participo en la atención y acompañamiento de enfermos, ancianos y personas que están solas, si participo con interés y según mis posibilidades en la campaña por erradicar el hambre y colaboro en las iniciativas sociales de mi entorno, si tomo conciencia de que el agua es un bien escaso y contribuyo con el buen uso y con las iniciativas de su justa redistribución, si participo en iniciativas que ayuden a los sin Tierra, sin Trabajo y sin Techo, si miro y atiendo al que necesita y me pide, si me libero y ayudo a liberar de la compra compulsiva y me solidarizo con quienes sufren alguna dependencia, si respeto a los muertos y acompaño en el duelo a sus familiares.

    Comprendo a quienes prefieren una pastoral más rígida que no dé lugar a confusión alguna, pero creo sinceramente que Jesucristo quiere una Iglesia atenta al bien que el Espíritu derrama en medio de la fragilidad: una Madre que, al mismo tiempo que expresa claramente su enseñanza objetiva, no renuncia al bien posible, aunque corra el riesgo de mancharse con el barro del camino. Los pastores, que proponen a los fieles el ideal pleno del Evangelio y la doctrina de la Iglesia, deben ayudarles también a asumir la lógica de la compasión con los frágiles y a evitar persecuciones o juicios demasiado duros o impacientes. El mismo Evangelio nos reclama que no juzguemos ni condenemos, todo lo dicho no ilumina sólo la situación de los divorciados en nueva unión, sino que nos otorga criterios generales para desarrollar un determinado estilo pastoral a la hora de enfrentar todas las circunstancias complejas donde se rompen los esquemas generales. Es una pastoral decidida siempre a “acompañar, discernir e integrar”, con misericordia, paciencia y audacia, sin importar en qué situación se encuentre la persona.

    NO CREAMOS QUE LO SABEMOS TODO DE DIOS

    Creo que siempre vibro entre lo nuevo y lo de siempre, entre la novedad y la rutina, tengo personas de siempre, las que me han hecho ser quien soy y siempre han estado ahí y tengo personas nuevas, que conozco cada día. Tengo pensamientos de siempre que se han hecho roca con el tiempo y pensamientos nuevos que rompen mis esquemas, me gusta lo que conozco, me emociona lo nuevo, esa tensión me da vida, pero me puede suceder que me asuste la novedad. ¿Tengo cabida para ideas nuevas? o puede ocurrir que me sature lo de siempre. Los extremos me hacen daño, vivir la novedad y la rutina es el camino, mis maneras de hacer las cosas de toda la vida, mi apertura a posibilidades nuevas, son mi bagaje en la vida, los sueños y las nostalgias, el paso nuevo, el paso de siempre. Pienso que camino así, mirando hacia delante y recogiendo mis pasos, a veces creo que lo sé todo de Dios y me desconcierto ante lo nuevo, me quedo rígido apegado a mis costumbres viejas, hábitos sagrados que me encantan. Pero no quiero renunciar al asombro ante todo lo que aún me queda por aprender, no quiero perder la posibilidad de recordar, pero tampoco la de empezar de nuevo y ser creativo, revivir, cambiar, aprender y ser fiel. Conservar lo que merece la pena y liberarme de cosas de siempre que quizás no son tan mías y están pegadas en mi alma, sobre todo, le pido a Dios que me dé cada día una mirada nueva, capaz de mirar con trasparencia la vida, sin mis prejuicios y mis rencores viejos, sin mis esquemas sobre los demás. Así lo hizo Jesús, me mostró una forma nueva de vivir, de amar, de mirar. Jesús cambió todo desde que radicó entre nosotros. Todo lo hizo nuevo. Jesús ha cambiado mi mirada, veo lo que antes no veía, veo un amor de Dios cercano, tierno, misericordioso, que me abraza, que me espera. Dios va conmigo, sosteniéndome. Pienso muchas veces en que mi encuentro con Jesús tiene que renovar mi vida del todo, mi corazón, mi pensamiento, mi forma de mirar, me gustaría dejarme hacer de nuevo por Él, cada día, a cada paso. A veces soy tan duro, tan rígido, le pido que me ablande, me modele según Él, no según mis esquemas de siempre. ¿Cuál es el bagaje de cosas viejas y nuevas que llevo conmigo? Hay personas que cambian todo el rato, les gusta ir probando, experimentando, saltando, quizás les falta profundidad. Otros al revés, son rígidos y cerrados y lo nuevo les da miedo, lo que siempre han pensado o hecho es la norma que cuenta. Hoy pienso en la tierra de mi corazón, le pido a Dios que la haga de nuevo. Amen

    Estamos llamados a vivir lo que pedimos a los demás, necesitamos una Iglesia de salida. Dios nos quiere, nos perdona y nos dice vuelvan a casa. Dios no causa las desgracias, pero si los permite, hermanos cada uno sufrimos diferente, por eso les pido gracia y sentido común.

    El Papa Francisco ha recogido la tradición cristiana dotándola de un fuerte componente perdonador: ¡quién soy yo para juzgar, Dios es más grande que nuestros pecados, todo santo tiene su pasado y todo pecador su futuro, la caridad es incondicional, “La misericordia se envuelve así en la caridad incondicional e incondicionada”!

    Pregunto hermanos (as).Todo cambia, para que nada cambie, en el caso concreto de la ‘Amoris laetitia’, queremos por activo y pasivo, que todo siga igual.

    Estamos dispuestos hermanos a poner en práctica lo que Jesús y ahora el Santo Padre nos hace en esta exhortación apostólica. Necesito de tu ayudada ahora hermano (a) ¿Quieres y puedes ayudarme hermano (a)?. Espero en la misericordia vuestra respuesta.

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  • Papa Francisco felicitaciones por esta charla a los jóvenes, me encanta, me sirve de pie tanto para crecimiento personal como para darla a conocer, tengo una idea darla a conocer en todos los establecimientos educativos que más pueda.

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