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Iglesia en España

Homilía del obispo de Santander ante la ordenación de tres diáconos y el Papa Francisco

Homilía del obispo de Santander ante la ordenación de tres diáconos y el Papa Francisco

Alejandro Benavente, Ricardo Díaz, Adrián Sáinz, S. I. Catedral, 17 de marzo de 2013

Queridos Alejandro, Ricardo y Adrián, candidatos al Orden del Diaconado; Sr. Vicario General y Vicarios Territoriales; Sr. Deán Presidente y Cabildo; Sr. Rector, Superiores y Profesores del Seminario; Sacerdotes; diáconos; padres y familiares de nuestros ordenandos; lectores y acólitos; seminaristas; miembros de vida consagrada; fieles laicos, especialmente los que venís de las parroquias donde nuestros ordenandos han nacido y de aquellas en las que ejercen su etapa pastoral; Medios de Comunicación Social.

 

¡Alégrate Iglesia de Santander, porque tres de tus hijos, formados en nuestro Seminario de Monte Corbán, son elegidos para el ministerio de diáconos! ¡Alegraos y dad gracias al Señor,  Adrián, Ricardo y Alejandro y vuestros padres, hermanos y familia!

 

Hago mías, en este momento, las palabras del gran Obispo San Ignacio de Antioquia (+ 107) en una de sus cartas: “Que todos reverencien a los diáconos como a Jesucristo, como también al obispo, que es imagen del Padre, y a los presbíteros como al senado de Dios y como a la asamblea de los apóstoles: sin ellos no se puede hablar de Iglesia” (San Ignacio, Carta a los Tralianos, 3, 1).

 

Domingo V de Cuaresma (Ciclo C)

y ante el Día del Seminario

 

Celebramos la ordenación de Diáconos en el V domingo de Cuaresma, cercana ya la Semana Santa. La liturgia de este día nos habla de caminos de libertad: el profeta Isaías anuncia a su pueblo el retorno a su tierra; la mujer adúltera comienza una nueva vida; el Apóstol Pablo se reafirma en el nuevo camino emprendido y pone los ojos en la meta final hacia la que corre decidido.

 

Celebramos este acontecimiento en torno a la fiesta de San José, Día del Seminario, con el lema Sé de quién me he fiado (2 Tim 1, 12). Un motivo añadido para profundizar en la necesidad de las vocaciones sacerdotales y en la importancia del Seminario Diocesano de Monte Corbán, donde se forman los futuros pastores, como he escrito en mi última carta pastoral. Recibid mi gratitud sincera los Superiores y Profesores del Seminario, todos los que trabajáis desde el Secretariado de Pastoral Vocacional en esta obra de la Iglesia y los que miráis con afecto cordial al Seminario, corazón de la Diócesis. Mi felicitación, agradecimiento y cercanía para los seminaristas mayores y menores.

 

Diáconos para servir

 

Con la ordenación diaconal, la Iglesia, por medio del Obispo, os llama y os capacita para la misión específica del servicio, que los Apóstoles confiaron a los siete varones escogidos, como auxiliares en el servicio de las mesas, es decir,  el ministerio de la caridad (cfr. Hch 6, 1-6).

 

Además, desde hoy vais a ejercer diversas funciones:

–          Predicaréis la Palabra de Dios: escuchadla previamente y vividla.

–          Os esforzaréis por atender a los pobres y necesitados: hacedlo con amor.

–          Recitaréis diariamente en nombre de la Iglesia la Liturgia de las Horas, haciéndoos portavoces ante Dios de las necesidades de todos los hombres.

–          La promesa del celibato pondrá hoy un gozoso sello a vuestra entrega, “como signo y estímulo al mismo tiempo de la caridad pastoral y fuente particular de fecundidad espiritual en el mundo” (PO 16).

Centro y raíz en la Eucaristía

 

El ministerio del Diaconado que recibís tiene su centro y su raíz en la Eucaristía. Seréis ministros de la comunión eucarística y os disponéis para ser un día sacerdotes, para renovar en nombre de Cristo y de la Iglesia el Sacrificio de Jesucristo.

 

Vais a ser, queridos Ricardo, Alejandro y Adrián, “sal de la tierra” y “luz del mundo” (Mt 5, 13), con obras y en verdad, en esta hora de la Iglesia, que el Señor edificó sobre la roca firme de Pedro, a quien Cristo confió como Cabeza del Colegio Apostólico, el encargo de confirmar a todos en la fe (cfr. Lc 22, 32) y de mantenernos unidos en el amor (cfr. Jn 21, 15).

 

Pontificado del Papa Francisco

 

Hoy damos gracias a Dios, porque la Iglesia de Cristo, después del Pontificado de Benedicto XVI, que ha renunciado en plena libertad y por el bien de la Iglesia, cuyo magisterio ha prendido en nuestros corazones como una llama que no podemos apagar, tiene como nuevo Sucesor de Pedro al Papa Francisco, “principio y fundamento perpetuo y visible de la unidad tanto de los obispos como de la muchedumbre de los fieles” (cfr. Vaticano II, 23).

 

Ante este acontecimiento de gracia, como decía en mi mensaje a toda la Diócesis después de la noticia de “Habemus Papam”, es la hora de la acción de gracias, de la acogida y de la oración. Al nuevo Vicario de Cristo en la tierra le ofrecemos el homenaje de nuestra adhesión filial y nuestra ferviente devoción, pidiendo a Dios para que le agrade por la santidad de su vida y para que sirva al pueblo de Dios con vigilante atención pastoral. En nombre de toda la Diócesis he enviado al Santo Padre Francisco un Mensaje de felicitación, con la promesa de nuestra oración.

En la Eucaristía, que estamos celebrando, Cristo actualiza su sacrificio de servicio fiel a la voluntad del Padre y de entrega generosa a los hombres.

Que la Virgen Nuestra Señora Bien Aparecida cuide de los nuevos Diáconos y que San José, que cuidó con amor de padre a Jesús en Nazaret, primer Seminario, nos alcance del Señor muchas y santas vocaciones al sacerdocio. Amén.

+ Vicente Jiménez Zamora

Obispo de Santander

 

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