Carta del Obispo Iglesia en España

Homilía del obispo de Ourense, Leonardo Lemos, en la fiesta de San Martín, patrono de la diócesis y catedral

Este año, la fiesta de nuestro patrono la celebramos casi al comienzo del Año de la Fe. Este acontecimiento eclesial, que en nuestra Diócesis, con el favor de Dios, hemos inaugurado el pasado día 13 de octubre, constituye para los que nos sentimos peregrinos de la fe, un año de conversión y de gracia.

Dentro de este horizonte eclesial hacemos memoria de San Martín, ¿cómo un hombre cuyas raíces se encuentran e la antiquísima Panonia – hoy Hungría-, soldado del Imperio Romano, catecúmeno de la Iglesia y, poco después de su bautismo, pudo llegar a Obispo de Tours? Para los aquí presentes, con nuestra mentalidad abierta a Europa y al mundo; nosotros que somos capaces de transitar por todo el mundo a través de las rapidísimas pistas de las redes informáticas…podemos entender este movimiento migratorio. Sin embargo, ¿cómo lo hizo posible un hombre del siglo VI? Esto nos resulta más difícil de entender. Solo es comprensible desde la universalidad de la fe de la Iglesia Católica vivida por sus fieles desde el primer momento.

Una fe que transformó el corazón fuerte de aquel soldado. Una fe que se convirtió en él – como lo puede hacer en nosotros – en esa energía vital que transforma nuestra existencia y convierte nuestro entorno social en un ambiente de paz, comprensión, solidaridad, construyendo, además, una ciudadanía más comprometida.

Los santos han sido, y siguen siendo, los mejores hijos de la Iglesia; su fe les llevó a convertirse en verdaderos y auténticos revolucionarios en lo social e indiscutibles constructores de muchos planes de bienestar y de progreso con los que buscaban el bien de los hermanos y la gloria de Dios, conscientes como eran de que todo aquello que se hace para alabanza de Dios redunda en beneficio de los hombres, porque la verdadera gloria de Dios es que el hombre viva, y viva en plenitud, de ahí que todo aquello que afecta al ser humano, de manera especial al más humilde y necesitado – y en nuestra sociedad actual hay muchos necesitados – , cuando no es justo, ni bueno, es un atentado contra el mismo Dios. En san Martín encontramos un ejemplo claro de esto que decimos. Siendo joven soldado, buscando solo el poder y su promoción personal dentro de su destacamento militar, se encontró con el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo y, contemplando aquel estilo de vida, radicalmente nuevo, luchó por identificarse con el y convirtió el espíritu de la Bienaventuranzas de Jesús en su código de conducta.

Ese es el camino que la Iglesia del tiempo de San Martín, de ayer, de hoy, y de siempre ha enseñado y enseña a sus fieles; algunos lo siguen y se convierten en auténticos testigos, otros se dejan atrapar por diferentes estilos de vida. La coherencia entre la doctrina de Jesús, que decimos profesar, y la existencia que vivimos es uno de los retos más fuertes del cristianismo.

Hoy, de manera especial, acogemos los deseos y ruegos que el Sr. Alcalde, en nombre de tantos hombres y mujeres, niños y ancianos de esta ciudad, ha presentado a nuestro patrono.

Excmo. Señor:

Ha dado voz a las graves situaciones que está experimentado nuestra sociedad y, sobre todo, nuestros hermanos, los ciudadanos de esta noble, leal y solidaria ciudad de Ourense, de manera especial, a los más atribulados por esta, ya larga crisis global, que está generando tanto sufrimiento y desesperación, tantas injusticias y, sobre todo, tanta desesperanza.

Esta Iglesia que peregrina por las tierras de Ourense, en medio de las sombras del momento presente, pero acompañada por los consuelos de Dios, siente cotidianamente esta situación desgarradora en los rostros cercanos de los niños y de los ancianos, de las madres de familia que con muchas dificultades luchan por sacar adelante su hogar, en tantos jóvenes – ellas y ellos- que buscan con afán un trabajo digno, en los inmigrantes y en todas aquellas personas que tienen el alma y la vida rotas por tantas experiencias de esta llamada sociedad de bienestar, que solo lo es para unos cuantos y no para todos los ciudadanos. Esos rostros, no son entes abstractos que forman parte de un registro, sino personas reales con sus historias de dolor que llaman, todos los días a las puertas de nuestras parroquias, de Cáritas, de las Conferencias de San Vicente Paúl, o de otros servicios de acogida que esta Iglesia, tantas veces mal comprendida por algunos, lleva a cabo de una forma silenciosa pero efectiva, sintiéndose impotente ante una situación que la supera.

Somos conscientes de que si unimos nuestras fuerzas, más y mejor de lo que ya lo estamos haciendo, el resultado será beneficioso para nuestros hermanos, los hombres y mujeres de esta noble ciudad y de su entorno social.

En estos momentos de graves dificultades, aprendamos de san Martín a vivir con generosidad y entrega; busquemos aquello que nos une a todos, para que en libertad, y dentro de esta convivencia democrática que nos acoge a todos, podamos construir una sociedad más justa, sana, solidaria y respetuosa. Evitemos los reproches y los enfrentamientos estériles, no es momento para perder nuestras energías y nuestro tiempo en una serie discusiones, por otra parte legítimas, sobre todo cuando hay mucho que hacer para superar las graves situaciones que están viviendo muchos de nuestros hermanos. Solo todos unidos podemos conseguir lo que desunidos nos será imposible.

En este templo de San Martín, que es el alma de esta ciudad y de la Diócesis Auriense, la casa de Dios que nos acoge a todos, vuelvo la mira de mi corazón al Dios Bueno y Misericordioso, que fascinó a Martín de Tours, para que a ayude a Vuestra Excelencia, a la Corporación municipal, a todos los grupos preocupados por el buen hacer de la tareas públicas para que todo concurra al bien de nuestros ciudadanos, especialmente de aquellos que están pasando mas tribulaciones.

Que Santa María Nai, nos acoja a todos, proteja a este pueblo tan mariano, que le guarda un especial afecto, y nos ayude a buscar el bien de nuestros hermanos, sabiendo que solo así estamos buscando la gloria de Dios. Amén.

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