Carta del Obispo Iglesia en España

Homilía del obispo de Guadix, Ginés García Beltrán, en la fiesta de la Virgen de las Angustias

Saludo con sincero afecto al Sr. Alcalde y ala Corporación municipal; al Sr. Subdelegado del Gobierno, junto a las dignas autoridades que nos acompañan y nos honran con su presencia. A todos expreso mi reconocimiento y mi estima.

El nuevo Doctor dela Iglesia, san Juan de Ávila, al referirse al amor que le une a la Santísima Virgen, afirma: “Más quisiera estar sin pellejo, que sin devoción a María”. Estas hondas palabras del apóstol de Andalucía bien expresan el sentimiento de amor y devoción de los que estamos hoy, aquí, para celebrar ala Virgen de las Angustias. La devoción ala Virgen, como sigo comprobando a lo largo de este tiempo, es un signo claro de la identidad de esta Ciudad cuatro veces milenaria. Hoy, Guadix sale a la calle para renovar su amor ala Virgen; Guadix vuelve en tantos accitanos que con la presencia física, o con el corazón, están aquí para poner en el regazo dela Madre tantas personas y tantas cosas que sólo conoce el corazón.

 

María, como nos recuerda el concilio Vaticano II, cuyo 50 aniversario de su apertura estamos celebrando, está unida al misterio de Cristo y dela Iglesia.Maríaes ese puente, hecho de humanidad, que une a Dios con el hombre y al hombre con Dios. En la orilla del cielo –conla Iglesiatriunfante- y en la orilla de la tierra –con la peregrinante- es lucero hermoso que, con su virginidad y maternidad, ilumina a los hombres y se convierte en signo de esperanza para el pueblo de Dios. Tomo, de nuevo, las palabras del Maestro Ávila para mostrar a María unida a Cristo y a su Iglesia: “Porque conocer a vos, María, es conocer a nuestro Redentor y nuestro remedio; conocer a ella es conocer el camino de vos y de vuestra redención…. Y sois su Criador y su Dios, que la criaste y dotaste de todas las gracias que tiene… Pues esta Virgen sagrada es la persona más principal de todo el cuerpo dela Iglesiay más que todos enseñada por Dios”.

 

Pero, ¿dónde radica la grandeza de María, esta niña mujer de Nazaret, del primer siglo de nuestra Era?, nos preguntamos. Y, ¿dónde se encierra su perenne actualidad que cautiva a hombres y mujeres de todos los tiempos y lugares?. La respuesta es sólo una: en la elección de Dios.

 

Dios la pensó y la amó, como a ti y a mí, y puso en ella toda la belleza de la divinidad, porque en el corazón de Dios estaba también la misión a la que era destinada: serla Madredel Hijo eterno de Dios. Nada estaba fuera del proyecto de Dios, porque nada en la creación es fruto del azar, tampoco la libertad. Dios se arriesgaba, y se arriesga, en la libertad del hombre. Por eso, en un momento de la historia, se encontraron elección de Dios y libertad de aquella mujer nazarena. Ella, dijo que sí, y en su sí, se produjo el mayor acontecimiento de la historia: la encarnación del Hijo de Dios, el vaciamiento de la divinidad en la pobreza de nuestra humanidad. Pobre, no porque Dios la hiciera pobre, sino porque la empobreció el mal, y la empobrece nuestro pecado. Pero Dios nunca se deja vencer, y dela Hijade Sión, dela NuevaEva, hizo amanecer un nuevo día, el de la salvación.

 

Hermanos y hermanas míos, la fe de María nos dio la salvación. María, es la mujer de fe, su historia es la historia de la fe del hombre, de cada uno de nosotros. Por eso, María es el  modelo, no sólo en el que se ha de mirar nuestra vida de fe, sino una horma en la que hemos de meternos para que Cristo se plasme en nuestros corazones.

 

Os invito a recorrer la historia de fe de María, una historia interior, una historia que Dios va haciendo en su corazón, y que ella se deja hacer como humilde sierva. En confianza y en obediencia se curte la fe. En oscuridades y silencios, Dios se hace grande. En lo cotidiano, Dios habla y realiza su obra.

 

“Por la fe, María acogió la palabra del Ángel y creyó en el anuncio de que sería la Madrede Dios en la obediencia de su entrega (cf Lc 1, 38). En la visita a Isabel entonó su canto de alabanza al Omnipotente por las maravillas que hace en quienes se encomiendan a Él (cf Lc 1,46-55). Con gozo y temblor dio a luz a su único hijo, manteniendo intacta su virginidad (cf. Lc 2,6-7). Confiada en su esposo José, llevó a Jesús a Egipto para salvarlo de la persecución de Herodes (cf. Mt 2,13-15). Con la misma fe siguió al Señor en su predicación y permaneció con él hasta el Calvario (cf. Jn 19,25-27). Con fe, María saboreó los frutos de las resurrección de Jesús y, guardando todos los recuerdos en su corazón (cf. Lc 2, 19.51), los transmitió a los Doce, reunidos con ella en el Cenáculo para recibir el Espíritu Santo (cf Hch. 1,14; 2,1-4)” (Carta Apost. Porta Fidei, 13).

 

María, mujer de fe, nos ayudará a vivir el Año dela Fe, al que estamos convocados por el Papa Benedicto XVI. Sigue impresa en nuestro corazón la magnífica experiencia de la apertura del Año de la fe en esta Catedral que hoy nos acoge. Erala Iglesiade Cristo que camina en Guadix, la que proclamaba el Credo apostólico, el mismo que trajo san Torcuato hace dos mil años; el que han proclamado generaciones de santos y mártires. Es la fe que el Obispo, como sucesor de los apóstoles, entregaba a cada una de las comunidades cristianas extendidas por todo el territorio diocesano.

 

La pérdida de la fe en muchos bautizados, el desconocimiento que hay de Cristo en un número creciente de hombres y mujeres de nuestro tiempo, es una invitación a evangelizar. Pero no es posible la evangelización si nosotros nos somos evangelizados. El punto de partida, por tanto, ha de ser la conversión, que es vuelta al Señor. Volver a la esencia de la fe, esencia que no son cosas, que es Cristo mismo; “el encuentro con Cristo es una urgencia”, nos acaba de recordar el Sínodo de los Obispos. “La fe se decide, sobre todo, en la relación que establecemos con la persona de Jesús que sale a nuestro encuentro. La obra de la nueva evangelización consiste en proponer de nuevo al corazón y a la mente, no pocas veces distraídos y confusos, de los hombres y mujeres de nuestro tiempo y, sobre todo a nosotros mismos, la belleza y la novedad perenne del encuentro con Cristo” (Mensaje final al Pueblo de Dios dela XIIIAsambleaGeneral Ordinaria del Sínodo de los Obispos (26-10-2012).

 

La Iglesia, los que la formamos, hemos de ponernos a la escucha dela Palabrade Dios. Hemos de dejarnos interpelar por ella, para que nos transforme hasta hacernos signos visibles del amor de Dios en medio de este mundo, herido por el egoísmo y el afán de tener, que ha robado al hombre el fuego de la fe, y lo ha condenado al invierno de la desesperanza. Con Cristo, y el testimonio de nuestra vida, hemos de decir a los hombres de hoy, que la creación, tal como la quiso Dios, no está destruida, sólo está empañada por el mal, que se hace fuerte en el mundo por la perversión de la libertad que se empeña en ocultar o relativizar la fuerza de la verdad. En la contemplación del rostro de Cristo, el Hombre nuevo y modelo de la nueva humanidad, descubrimos el camino para restituir la imagen de Dios en nosotros, y el nacimiento de la nueva civilización del amor.

 

Hemos de hacer dela Iglesiauna comunidad acogedora, donde todos puedan venir a gustar dela Palabrade Dios, de su presencia en los sacramentos, especialmente enla Eucaristía, del don de la fraternidad, que al hacernos hermanos nos une en la caridad para con los demás, especialmente con los más necesitados. Pero esto sólo será posible en la fidelidad al Señor, en una vivencia sincera del Evangelio. No necesitamos, y no necesita el mundo, una iglesia a la moda, sino una iglesia fiel a Cristo.La Iglesiano es antigua ni moderna, es sencillamente el arca donde Cristo ha querido depositar la gracia de su presencia, es el reflejo mismo del misterio dela SantísimaTrinidad, es el misterio de comunión que nos lanza al mundo para llevarle la caridad de Dios.

 

En definitiva, el cristianismo, y la propia Iglesia, no valen por lo que hacen sino por lo que son. No son los hombres, ni los estados, los que nos otorgan carta de ciudadanía, sino la voluntad de Dios, que ha querido salvar a los hombres en comunidad. Una mentalidad secularizada, que ha llegado al interior de la misma Iglesia, cifra la identidad cristiana en el compromiso; desgraciadamente, muchas veces, un compromiso con barniz evangélico, pero sólo eso barniz, sin corazón. La fe nos exige el testimonio, pero el testimonio no es simple hacer, sino que es el fruto de la experiencia, de la experiencia de Dios. Amo y me doy a los otros, porque he experimentado el amor de Dios y la entrega de su Hijo hasta la muerte, y una muerte de cruz. A este respecto son muy iluminadoras la palabras de Benedicto XVI, que quiero repetir: “Sin darse cuenta, se ha caído en la autosecularización de muchas comunidades eclesiales; éstas, esperando agradar a los que no venían, han visto cómo se marchaban, defraudados y desilusionados, muchos de los que estaban: nuestros contemporáneos, cuando se encuentran con nosotros, quieren ver lo que no ven en ninguna otra parte, o sea, la alegría y la esperanza que brotan del hecho de estar con el Señor resucitado” (Discurso a un grupo de obispos de Brasil con motivo dela Visitaad Limina en 2009).

 

Este es el testimonio que espera de nosotros el mundo de hoy. Ala Iglesiale importa el hombre, creado por Dios y redimido en la sangre de Cristo. No es misión dela Iglesiaaportar soluciones técnicas a los problemas que tiene planteados el mundo, pero sí iluminarlos con la luz del Evangelio. Muchos, muchísimos, de nuestros contemporáneos lo están pasando mal, viven en la más absoluta pobreza. Estos días he recordado aquella parábola del siervo que pide la condonación de la deuda que tiene con su amo, y el amo en un gesto de benignidad la perdona; sin embargo, al salir fuera, encuentra a un compañero que le debe una cantidad insignificante; también éste le pide clemencia, la que no encuentra en él, Enterado el amo, se indignó y lo entregó a la justicia (cf. Mt 18,21-35). Es la denuncia que hoy debemos hacer de casos similares, que dejan a hombres y mujeres, a familias, sin pan, sin trabajo, sin casa. Hay escenas que estamos viendo estos días, y me refiero a algunos desahucios, que son, sencillamente, inmorales. Deseo, y pido a Dios, que ilumine la mente y la voluntad de los responsables de la vida pública, para que hagan leyes justas, donde no prevalezca una ideología, sino el bien de la verdad, en definitiva, la dignidad de todo hombre.

 

Pero nos basta, mis queridos hermanos, exigir a los demás. Es fácil pedir la justicia en los demás, que los demás lo hagan. Entre nosotros no debe ser así. Hemos de predicar con el ejemplo, y así os lo pido, con sencillez, pero con fuerza. Lo hago en el nombre del Señor y Padre de todos. Los cristianos hemos de tener gestos efectivos para con el prójimo, mucho más en este momento tan delicado en el que vivimos. Los sacerdotes de esta diócesis, hemos de decidido, siempre en el respeto a la libertad y conciencia individual, entregar la paga extraordinaria de Navidad a Cáritas; lo mismo haremos con una parte del presupuestos ordinario de la diócesis. Cumpliendo con la petición del Consejo presbiteral, os invito, también a vosotros, a tener gestos de desprendimiento  y caridad en favor de los más desfavorecidos. En la viuda del evangelio que hemos proclamado, encontramos un buen ejemplo. Dar voluntariamente, dar generosamente.

 

Terminemos volviendo al pensamiento de san Juan de Ávila, para el que la devoción ala Virgenconsiste en imitarla: “Quererla bien y no imitarla, poco aprovecha”, escribe en uno de sus sermones (Sermón 63).

 

La devoción verdadera, queridos hermanos, se conoce por la conversión del corazón, por el deseo de imitar las virtudes que brillaron en María, por el amor y entrega al prójimo, y por la vida de gracia y oración. La devoción a María es falsa si hay afecto al pecado. Sólo la santidad de vida hace que nuestras alabanzas ala Virgensean auténticas.

 

Volvamos nuestra mirada a la imagen bendita de nuestra Madre y Patrona, la santísima Virgen de las Angustias. Pedimos su amparo y protección. Son muchas las peticiones que queremos elevar, y lo haremos como el hijo se dirige a su madre. Sin embargo, este año, el Obispo quiere pedirle la fe para este pueblo; la fortaleza y la pasión para llevar a Cristo a los corazones, a las familias, a la vida pública.

 

Virgen dela Angustias, Peregrina dela Fey Estrella dela NuevaEvangelización, danos otra vez a Jesús, el fruto bendito de tu vientre.

 

 

+ Ginés García Beltrán

Obispo de Guadix

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